martes, 18 de diciembre de 2007

Otra historia del arte rosarino | Premio Nacional a "Amores posibles, 13 rosarinos, 7 ensayos"

La Asociación Argentina de Críticos de Arte otorgó el premio a los 12 artistas participantes, la curadora de la muestra, Nancy Rojas, y el galerista, Hernán Zavaleta. "Fue un momento en que el arte de Rosario estaba muy presente en el horizonte de la plástica nacional", señaló Rojas, en diálogo con Rosario/12.

Por Beatriz Vignoli

La Asociación Argentina de Críticos de Arte acaba de otorgar la semana pasada el Premio AACA/AICA "José León Pagano" a la muestra colectiva de artistas nacionales a una muestra integrada y realizada por rosarinos: "Amores posibles, 13 rosarinos, 7 ensayos". La muestra tuvo lugar desde el 9 de junio hasta el 15 de julio del año pasado en la galería porteña Zavaleta Lab (Arroyo 872). Fueron premiados los 12 artistas participantes, la curadora de la muestra, Nancy Rojas, y el galerista, Hernán Zavaleta. La galería tuvo a su cargo la iniciativa y la organización de la muestra. "En el 2005, yo estaba armando una trastienda curada en el pasaje Pam, cuando Hernán vino y me propuso la idea de una muestra de rosarinos", cuenta Rojas a Rosario/12, haciendo referencia a la muestra colectiva "Trastienda en riesgo". Aquella muestra incluyó a los artistas Mauro Guzmán, Carlos Herrera, David Nahón, Sebastián Pinciroli, Adrián Villar Rojas y Román Vitali. "Fue un momento en que el arte de Rosario estaba muy presente en el horizonte de la plástica nacional", evoca.
Asumiendo el difícil desafío de armar desde Rosario una muestra para Buenos Aires, Rojas convocó entonces a Leo Battistelli, Marcelo Villegas, Andrea Ostera, Claudia del Río, Eugenia Calvo, Lorena Cardona, Sebastián Pinciroli, Adrián Villar Rojas, Carlos Herrera, Roberto Echen, Román Vitali y Mauro Guzmán. El punto de partida, concebido a partir de la idea de intertexto, era un guión curatorial donde esta docena de artistas fue estructurada en seis pares, encuentros o diálogos.
De esta manera, cuenta Rojas, se quebraban el solipsismo y el narcisismo que suelen caracterizar a las producciones artísticas, generándose situaciones en las que a los artistas les era preciso trabajar con el otro. Con luz verde para la selección de técnicas y disciplinas, éstas abarcaron la fotografía, el video, la pintura, el objeto y la instalación. Las obras no se limitaban a su presencia material como objetos, sino que comprendían tanto propuestas conceptuales como procesuales.
Este complejísimo planteo encontró en la idea del "amor posible" su metáfora más apropiada. "El amor, un fenómeno tan difícil en esta época, es la metáfora perfecta para una muestra de riesgo contemporánea", dice Rojas. "Había un planteo previo de querer vincular una obra con otra y en algunos casos se dio y en otros no. Esta exposición mostraba así la debilidad de una propuesta basada en el amor. Lo mismo sucede con el amor en la vida real", agregó.
Amores posibles se desarrolló entonces como un ensayo curatorial, donde la noción de "posible" aparece claramente vinculada a la noción de "riesgo". Por su parte, la figura de la vinculación entre la producción de pares de artistas se repitió en cada uno de los seis bloques de la exposición. La elección de esta modalidad dialéctica de estructura tuvo que ver con que en el arte contemporáneo hay encuentros que generan cierta atmósfera, dada por el choque o la reafirmación del sentido de lo uno en relación a la otro. Justamente, este proyecto avanzó sobre una mirada posible en torno a algunas líneas de producción provocadas por esos encuentros. Encuentros que, hacia la esfera del relato, potenciaron una lectura probable y tendenciosa: la de "la insolencia acarreada por cierta zona de las estéticas contemporáneas", como escribe Rojas en el texto de catálogo. Estos diálogos estructuraron la muestra encarnando el supuesto alegórico de los "amores posibles": aquellos que se circunscriben a un mundo de decisiones curatoriales caprichosas, o bien, a una suerte de azar.
La noción de "capricho" no es nada caprichosa en la producción curatorial de Nancy Rojas. Cabe señalar que se trata de una marca que define un modo nuevo del azar, específico de la posmodernidad o contemporaneidad y claramente distinto del "azar objetivo" de las vanguardias modernistas: si aquel invocaba el concepto filosófico de necesidad en el marco de una obra autónoma, el "capricho" remite al azar gratuito, completamente abierto a lo otro. "Mis curadurías son ensayos" dice Nancy, y cuenta que "todo cierra" según "una lógica fuerte" a medida que el proyecto de una muestra va armándose en su cabeza, pero que durante el proceso de producción de la muestra y especialmente a la hora del montaje de las obras aparecen cabos sueltos, baches, espacios, esos márgenes de azar que son lo más vivo e impredecible de su trabajo. "Si no, todo sería igual a todo", concluye. El capricho, entonces, entendido como azar gratuito, es lo que rompe con la naturaleza predecible de lo mismo.
Nancy Rojas nació en 1978 en Rosario, donde egresó de la UNR como Profesora y Licenciada en Bellas Artes, especialista en Teoría y Crítica. En Rosario vive y trabaja como investigadora y curadora. Es jefa del departamento de investigación del Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino + macro (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario) e integrante de su equipo curatorial. Allí estudia y cataloga el patrimonio del museo, y coordina el proyecto de incorporación de nuevas obras en su colección de arte argentino contemporáneo. Desde 2002 publica prólogos para catálogos, artículos en medios gráficos y ensayos en libros sobre la obra de artistas históricos y contemporáneos argentinos. Integró el equipo curatorial coordinador de la 1SAR (Primera Semana del Arte de Rosario), 28 de marzo a 3 de abril de 2005. Ha sido jurado de salones nacionales y, como curadora independiente, desarrolló proyectos en espacios independientes, instituciones oficiales y galerías. Realiza además, desde 2004, proyectos artísticos con artistas, tales como Roberto Vanguardia (2004 a 2005) y, actualmente, junto con Mauro Guzmán, Studio Brócoli, propuesta con la que ambos desarrollaron la beca Intercampos II de Fundación Telefónica en 2006.
El año que ya termina fue de una actividad fructífera para esta joven curadora, quien además de otros exitosos proyectos tuvo a su cargo la muestra retrospectiva del maestro rosarino Juan Grela en el Museo Castagnino y uno de los textos del libro Juan Grela: Compromiso y arte. Dicha muestra, si bien siguió un corte cronológico, fue pensada por Nancy Rojas "a partir de conceptos como la ambigüedad, la tensión y la contradicción" y con el objetivo de "mostrar el Grela que no siempre vemos". Como investigadora, Rojas trabajó con el archivo de Grela, que le abrió un mundo de posibilidades. "Me basé en el ensayo de Roger Plá citado por Ernesto Rodríguez, autores que señalan esas ambigüedades en la obra de Grela, pero fue la experiencia con el archivo la que me hizo leer la contradicción como un valor. Tengo uan fascinación por los archivos: papelitos sueltos, etcétera. Y ante el archivo de Grela esa fascinación estalló".
Cuando se le señala que hay mucho de la voz de Grela en el recorrido de textos que fueron hilando la muestra, Rojas cuenta que efectivamente tuvo la intención de hacer aparecer una versión de "Grela por sí mismo", para lo que consultó y citó de sus escritos, charlas y entrevistas, especialmente una realizada por Andrea Giunta en los años 80. Lo que no es casual, ya que se trató de un momento de mucha autoconciencia para el artista. Un artista modernista al que Rojas narró desde una perspectiva posmoderna, o contemporánea como ella prefiere decir. "La modernidad estaba basada en relaciones más objetivas con las cosas. Yo necesito hablar desde relaciones más subjetivas y mostrar que los otros pueden hablar de sí mismos", afirma.
A fines de este año, Nancy Rojas también fue curadora de la muestra Del arte actual y sus pretéritos presentes, en la Galería Angel Guido Art Project, de Buenos Aires. La directora de la galería, Adriana Martínez Vivot, la convocó a ella para curar una muestra de rosarinos y llamó también a Raúl D'Amelio para que elaborara una muestra de documentación histórica de la familia Guido: Beatriz, Angel y Alfredo. Rojas acotó esta vez la selección al ámbito de la pintura. Su recorte tomó una serie de maestros, principalmente Antonio Berni, Juan Grela y Leónidas Gambartes, poniéndolos en relación con artistas contemporáneos a través de un nexo constituido por las "generaciones intermedias" de Eduardo Serón y Adolfo Nigro. La obra de otro gran maestro rosarino, Augusto Schiavoni, estuvo presente a través de unas pinturas de Silvia Lenardón que reelaboran sus retratos. Marcelo Villegas, Sebastián Pinciroli y Mauro Guzmán también fueron de la partida. Rojas pensó una especie de genealogía que abarca a Grela, Serón y Villegas. Incluyó además a Mauro Guzmán, un artista que pinta sólo secundariamente ya que viene de la performance, el video y el conceptualismo en general, como "punto de tensión con todo lo que se mostraba". Una vez más, el eje fuerte fue la idea de intertexto. Esta estructuró un sentido de la historia del arte como "pretéritos presentes", término que usa Andrea Huyssens en su ensayo "En busca del futuro perdido" para hablar de los pasados que conviven o coexisten con lo actual. "Existe", concluye Rojas, "una necesidad muy local de construir una historia del arte argentino desde Rosario. Quiero recuperar esos íconos del pasado que todavía necesitan ser leídos. Por eso es importante que el premio José León Pagano sea un premio al arte nacional, porque esto valida mi idea de ir más allá de una propuesta localista. Quiero demostrar que la historia se construye desde acá también. Que nosotros, los rosarinos, podemos construir nuestra propia historia".

Publicado en: Rosario 12, sección Cultura / Espectáculos, Rosario, 18 de diciembre de 2007. Link: click aquí.

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