jueves, 22 de abril de 2010

La crisis como prospecto

En 2008 la crisis devino en uno de los fenómenos más significativos del nuevo milenio. Su dilatación acarreó una multiplicidad de expresiones originadas en alusión al clima dominante en el ámbito internacional, a partir de la catástrofe económica que hizo eclosión en los llamados países desarrollados.
En la Argentina, un país donde la crisis ya era tradición, la venida de esta debacle mundial terminó por acelerar la expansión y permanencia de una filosofía apropiada a las circunstancias vigentes. Podríamos catalogarla como una filosofía de supervivencia, funcional al colapso o al derrumbe de cualquier tipo de sistema.
Numerosos lemas y debates de orden político y social se instalaron definitivamente en el discurso cotidiano procurando la institucionalización de la crisis. El uso generalizado convirtió a esta noción en un significante apto para la justificación en cualquier instancia de interpretación.
En el campo de la lingüística y, fundamentalmente, en las teorías de la enunciación subyace la consideración del lenguaje como productor de la realidad. Es decir, el lenguaje configura el mundo y no meramente nombra lo que ya existe en él, por lo que la importancia de la nominación es clave. Retomamos este plano de análisis porque la enunciación de la crisis constituye una pauta central de la perspectiva con la que estamos trabajando. El desafío es abordar la crisis como texto y como escenario a partir de la construcción de un escenario posible para la crisis.
La presentación de las incorporaciones recientes en la colección de arte argentino contemporáneo del museo Castagnino+macro se torna provechosa para este despliegue, que iniciamos con algunas preguntas. A saber: ¿es posible pensar una colección de arte en el contexto actual? ¿Cómo opera el mundo del arte en este entorno supeditado al síndrome de la devaluación? ¿Cuáles son las condiciones ideológicas que subyacen en los lenguajes artísticos en la temporada de la postproducción y de la estética relacional? ¿Qué vínculos nos muestran las obras de nuestros productores contemporáneos entre las prácticas artísticas y las variables de este ciclo, bautizado por algunos especialistas como la era del Apocalipsis del capitalismo? Y por último, ¿cómo sobreviven las instituciones, los artistas y sus producciones a las políticas sociales, culturales y económicas que proponen los regímenes y las estructuras de gobierno actuales?
Admitamos, en primer lugar, que ante la inminencia de la inestabilidad la cultura advierte una salvedad. Se asume a sí misma sobre la base de interpretaciones transitorias y divergentes. Pero reconozcamos también que pese a estar lejana a las búsquedas de equilibrio y estabilidad –propias de ámbitos como la economía y la política-, sus manifestaciones se hallan infiltradas por algunos componentes de esas búsquedas. Dentro de este cuadro se entiende el pasaje de la jerarquización de las nuevas tecnologías hacia la incorporación de preceptos mediáticos y, consecuentemente, de la opinión popular en las representaciones estéticas e, inclusive, en las estrategias institucionales.
Ahora bien, sería demasiado ambicioso relatar aquí cada una de las complejidades que hacen de la cultura contemporánea un fenómeno naturalmente inestable en el marco de la inestabilidad. Si, en cambio, está en nuestras posibilidades, señalar, como entidad cultural, uno de los modos de supervivencia a las amenazas de la debacle global. En esta época, determinada por alocuciones como el terrorismo, la inseguridad, el peligro ecológico y la distorsión de ciertas lógicas de producción, sistematización y regulación, el museo se fía de su colección, de sus reservas. En este caso, bajo el supuesto de la curaduría como una ficción dirigida, sustancialmente crítica y política.
Así es que barajamos la idea de la crisis como prospecto, directamente a partir de las implicancias y del grado de significación que, hoy en día en los museos, adquieren los programas destinados a la incrementación del patrimonio. Éstos son los que se hallan subordinados a una necesidad evidente en los debates vigentes: la de cuidar y amplificar las reservas que, paradójicamente, según algunos expertos del ámbito financiero, son el reflejo y el soporte de la economía.
La mayoría de los artistas que participan en esta exposición son los que donaron obras a lo largo de 2009. La concreción de sus pagos en concepto de gastos simbólicos de producción fue la más conflictiva de todas las épocas y, en este sentido, su incorporación es pensada aquí como un núcleo alusivo de la insolvencia presupuestaria que afecta a las instituciones artísticas argentinas.
A partir de sus propuestas construimos un itinerario cuyas variantes se hallan relacionadas con distintos aspectos de los discursos generalizados sobre la crisis.
Comenzamos el relato con una incorporación de 2008, la instalación Terror, de Juan Carlos Romero. Ponderamos su carga simbólica y las derivaciones que acarrea cuando oficia simultáneamente como contraseña de las operatorias de corrupción y como expresión de pánico. Nombrar al terror, hacerlo inteligible, nos permite habilitar un espacio para la circulación de algunos guiños conceptuales arraigados en los planteos estéticos y filosóficos recientes. Con ellos montamos escenarios donde ponemos en jaque el imaginario de la renombrada inestabilidad, a través de proyectos que vivifican esta cultura de la crisis mostrando algunos de sus estadios.
Varias connotaciones surgen a partir de la construcción de esta escenificación de la crisis. Pero la que consolida realmente al circuito expositivo formulado es la que gira en torno a la noción de abastecimiento, que encarna una de las ideas cardinales de este proyecto. La colección, como todo patrimonio que sobrevive en el contexto de los juegos de desestabilización, se constituye desde el lugar de la provisión. Desde esa órbita provee al museo de una misión y de un prospecto. Ambos se hallan sujetos a las especulaciones dispuestas por el contexto.

N. R. febrero de 2010


Texto curatorial de la exposición macro incorporaciones: la crisis como prospecto, macro (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), 22 de abril al 22 de junio de 2010. Enlace a la muestra en este blog: click aquí.

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