jueves, 2 de diciembre de 2010

La gestión artística: una normativa

En el campo del arte argentino, la crisis de 2001 puede ser leída como uno de los principales focos de irradiación de una sensibilidad cultural vinculada con el prototipo de la gestión artística.
Con la marca ineludible de experiencias como Tucumán Arde, varios de los autores de la generación que proliferó en el nuevo milenio se aglutinaron formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, comenzaron a ser partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, estos creadores debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, los espacios independientes de este siglo surgieron para imponer una perspectiva crítica con respecto a las dificultades que el ámbito artístico argentino venía poniendo en evidencia. Las falencias relacionadas con la posibilidad de comercialización de la obra contemporánea, así como también la necesidad de experiencias de formación, discusión y diálogo perfilaron la condición expansiva de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social destinado a trabajar con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
Es así como en el entorno del arte contemporáneo, los denominados otros espacios han llegado a cumplir un rol distinguido. Con otras claves y con características que dependen del contexto en donde se han desarrollado, éstos ingresan en los debates actuales propiciando un cambio en la figura del creador.

Publicado en: AA.VV., 6SAR/10. Cabildo Abierto del Arte, Sección "Ponencias: Otros espacios", Rosario, Ediciones Castagnino+macro, 2010, p. 27. Descargar publicación completa: click aquí.

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