jueves, 18 de agosto de 2016

Leopardos sueltos


En un artículo del diario La Nación del 10 de junio de 2011 se señalaba: “…el recordado y querido Federico había hecho de su vida una performance continua. Era notable entre sus amigos del arte que asistían a las inolvidables fiestas de cumpleaños con shows de ópera a su cargo, leopardos vivos y musculosos performers”. Expresiones como ésta inspiraron el uso retórico de la imagen del leopardo presente en esta declaración.

El imaginario social colectivo se arroga un concepto de moral ligado a una fatalidad: la normativización de los relatos estéticos y de los discursos programáticos.
Detengámonos en la memoria de un subsuelo, metáfora posible de otro ruedo under; un espacio de naturaleza aristocrática perfecto para la abyección, para la excentricidad civilizada.
Animales cuadrúpedos se chocan en sus andanzas por hacer caso al relato ficticio de su libertad. Se supone que todos están amaestrados o, mejor dicho, amansados.
Es de noche, a lo lejos, se escucha el enunciar de un sujeto de conductas sospechosas apodado Federica. Alguien se desploma y uno de los animales descarrila. Su rugido desnudo perturba. 
¡Escándalo! Todos y todas le temen. Los dueños del banquete no tardan en buscar chivos expiatorios mientras el desastre se apodera de esta festividad subterránea.
Leopardo, ahora mísero y grasoso, paladín del peligro y de la inmoralidad aterroriza, pero no tarda en despertar la pulsión de admiración y fanatismo. A la sazón, se vuelve entretenimiento, costumbre, museo, y con ello su presencia se desactiva.
Sedada por la realidad, la masa acepta la dicha de otro happening: ese en el que vemos al resto de los animales copiar sus actitudes.
Répétition, ensayo. Répétition, ensayo. Répétition, ensayo.
Yo, leopardo, no deseaba semejante desactivación.
Ante los avatares y reversiones pop, cinéticas y performáticas de la cultura Nietzscheana, los procuradores de la inmoralidad yacen en su propia jaula. Son auténticos leopardos que van y vienen amansados como en aquellas fiestas subterráneas de los 90, secundados por el misticismo experimentalista y por el destino de las políticas culturales propias de este mundo patriarcal y racista.
Las hijas de las filosofías de la alteridad, las herederas de la autentificación artística del uso de tacones y pelucas, las representantes de la lucha individual y colectiva, de las prácticas post-feministas, ¿nos habremos volcado a la figura del amansamiento?
¡Vaya paradoja! El paradigma del subsuelo dostoievskiano parece ser el mugiente prototipo del leopardo. Finalmente, un animal hermoso cuya dialéctica ferocidad-mansedumbre nos indica que la subcultura alta, al fin y al cabo clasista, pone en riesgo el ejercicio de la resistencia.
Las portadoras de pelucones de los 90 y de los 2000.
Las locas.
Las indies.
El grupito de las endogámicas.
Las militantes blandas.
Las que fuimos monaguillos y nos arrepentimos.
Las escultoras.
Las performanceras y las curadoras.
Las cronistas oficiales de la subcultura mainstream.
Las etcétera, etcétera.
¿Estamos desactivadas? ¿O a punto de parir un minotauro?
¿Somos libres o liberales?
¿Somos manifiestos del deseo o seguimos siendo deseadas?
¿Estamos realmente sueltas o aprisionadas?
—Quizás, solamente amansadas —aseveró su espíritu desde de la puerta. 
—Entonces, no hay de qué temer.

Epílogo

En las décadas recientes, los estudios culturales diseminaron numerosas perspectivas en torno a la representación del deseo, las relaciones sociales y políticas de poder dentro de la sexualidad y la crítica al sistema sexo-género. 
La propagación de discursos estéticos, desarrollados en determinados polos geográficos bajo estas alas de referencia, pareciera señalar la contingencia de una discusión en torno a los trayectos y tácticas de activación-desactivación ideológica de producciones que, en el pasado, forjaban un espacio de disidencia.
El punto clave es la advertencia ante la existencia de una nueva plataforma de mostración queer difundida como parte de la cultura ilustrada, normalizada.
Bajo el paradigma del leopardo suelto, recalo en la posibilidad de una mirada molecular, esencialmente crítica con respecto a las iniciativas que ahora mismo ponen en foco la relevancia historiográfica, social y estética de los imaginarios y las políticas queer en los derroteros del arte contemporáneo.

Nancy Rojas
25 de Julio de 2016

Manifiesto que integró la exposición Dórico, Jónico, Corintio. La historia del arte después del derrumbe de la norma, curada por Jimena Ferreiro en Buenos Aires, Fundación Federico Jorge Klemm, del 18 de agosto al 14 de octubre de 2016. Publicado en el catálogo de la exposición y presentado con la performance Lectura telemática en la inauguración de la muestra.

Foto superior e inferior lado derecho: Juan Renau, capturas de registro videográfico | Foto inferior lado izquierdo: Dani Umpi
Estilismo: Mauro Guzmán y Nicolás Mareco