miércoles, 29 de julio de 2015

Precursores / Sesentas - dos mil uno

Precursores / Sesentas - dos mil uno
Charla abierta
29 de Julio de 2015, a las 18 hs
Facultad de Humanidades y Artes
Rosario - Argentina
Invitan: Taller La Basurita del Fondo Nacional de las Artes y Universidad Nacional de Rosario

En el campo del arte argentino, la crisis de 2001 puede ser leída como uno de los principales focos de irradiación de una sensibilidad cultural vinculada con el prototipo de la gestión artística.
Sin embargo, la gestión en el campo del arte cuenta con una serie de precursores, entre los que resulta ineludible mencionar al Grupo de Rosario, motor del proyecto Tucumán Arde (1968); al que le siguieron distintas iniciativas desarrolladas entre los años 70, 80 y 90. Propuestas que propiciaron espacios pioneros de construcción colectiva forjando nuevos arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación.
Estos precursores son los que nos permiten pensar a la gestión como uno de los avatares de la cultura contemporánea, pero también como una normativa histórica, alentadora de una perspectiva artística crítica con respecto al contexto vigente.
En este sentido, son estos precursores los que abrieron el camino a la actual condición expansiva de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social destinado a trabajar con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.

sábado, 22 de octubre de 2011

Música de artistas / Recital en el marco de la 7SAR

La Macarena – Sarmiento 1037 - Rosario
21 de octubre de 2011

Música de artistas forma parte de las acciones de SDF. Un proyecto colectivo que se propone como objetivo investigar y reflexionar, a través de propuestas curatoriales y de gestión colaborativa, sobre programas artísticos desarrollados más allá de los cánones de circulación y difusión de los perfiles constitutivos de la producción contemporánea.
Trabajamos en la posibilidad de una performance colectiva reuniendo a distintos artistas visuales en un recital sin precedentes en la ciudad de Rosario.
El escenario de La Macarena, un espacio nocturno del under rosarino, sirvió de plataforma de trabajo y desafío de esta puesta, con presentaciones en vivo a cargo de: Agustín González - Cecilia Lenardón, Gabriela Gabelich, Lila Siegrist, Ariel Costa - Amadeo González, Matías Pepe - Cristian Jerez, Florencia Caterina - Mimi Laquidara - Martín Giménez, Beatriz Vignoli, Adrián Villar Rojas, Virginia Negri - Agustín González - Ángeles Ascúa, Fernando Farina - Roberto Echen, Virginia Negri y Paula Córdoba.
La conducción fue realizada por Norberto Puzzolo, artista emblemático que tuvo el reto de introducir cada una de las performances de la noche, las cuales incluyeron diferentes géneros musicales (tango, música electrónica, rock, baladas) y también sesiones vinculadas con la poesía y el pole dance.
Asimismo, se proyectó una selección de videos de artistas nacionales e internacionales que a partir de los años 60 incursionaron en la música desde el arte: Yoko Ono, Laurie Anderson, Pipilotti Rist, Polonia, Martin Creed, Jorge de la Vega y Federico Peralta Ramos, entre otros. 
Además de las performances en vivo, los artistas Carlos Herrera, Leticia El Halli Obeid, Claudia del Río, Román Vitali, Esteban Álvarez, el dúo Linda Bler - Ariel Mora y Darío Ares fueron invitados a participar con videos característicos de una fuerte conexión entre la música y el arte.

Música de artistas es un proyecto de Noël Lieber, Nancy Rojas y Noelia Ferretti.
Más información: http://sindomiciliofijo.wordpress.com/

martes, 21 de diciembre de 2010

Estatutos del milenio vigente

El papel de Rosario en la decantación de la situación cultural de la Argentina contemporánea.

La ubicación de Rosario ha resultado estratégica para definir su estatus de polo cultural de referencia en la visualización de aquellos procesos y dinámicas de creación que caracterizan los desarrollos del arte argentino a lo largo del siglo XX.
Esta circunstancia hoy puede ser reconsiderada partiendo de un ciclo decisivo, registrado en el inicio de este siglo. Una instancia que puso en foco la reactivación de programas y discursos, los cuales pasaron a cumplir un papel esencial en las articulaciones dadas por la emergencia y la propagación de los lenguajes contemporáneos.
El espíritu del nuevo milenio impulsó la radicación de una figura clave hasta el presente: el proyecto de gestión, propiciado tanto por artistas como por instituciones. Anclados en distintas áreas de trabajo, los agentes de este prototipo asumieron la etapa del ocaso de la globalización planteando otros núcleos de proyección de la producción local. Inevitablemente, se inclinaron por mostrar aquellas problemáticas derivadas de las carencias del contexto. Aparecían, entre otras, la escasez de lugares encargados de promover las expresiones e inquietudes de los creadores de la ciudad, y la evaporación progresiva del mercado del arte.
Al pronunciarse este panorama, la escena dejó aflorar una cualidad determinante para la redefinición de su lógica: la relación de reciprocidad entre lo alternativo y lo oficial.
En 2005, junto con Beatriz Vignoli,1 señalábamos los vínculos de cooperación mutua entre los llamados espacios alternativos, surgidos después de la crisis social, económica e institucional de fines de 2001, y un ámbito oficial favorable al arte contemporáneo.
Desde entonces, establecimientos como el Museo Castagnino+macro, el Centro Cultural Parque de España, el Centro de Expresiones Contemporáneas y el Centro Cultural Lavardén, entre otros, incluyen en sus planes a una seguidilla de proyectos surgidos en forma independiente.
Esta confluencia entre lo alternativo y lo oficial fortaleció la discusión sobre los mecanismos de difusión y circulación del arte. Su presencia dilatada afirma una hipótesis ya registrada a mediados de la década que nos precede: la alteridad apuntala el poder convocador de las instituciones.
Pero este modelo asociativo se halla atravesado por un factor exclusivo. El rango adquirido por lo emergente, que ha estimulado a algunas de las disputas vigentes. Si hasta los sesenta la vanguardia combatía lo establecido, desde hace unos años, lo otro se presenta como relato emergente que sale al encuentro de la institución, donde espera ser incluido.
Ésta parece ser una fórmula estable de la coyuntura que define al arte de Rosario en los años recientes.

La gestión como normativa
Si la concreción de una escena, basándonos en los postulados de Justo Pastor Mellado, tiene como premisa el triángulo institucional formado por la musealidad, la enseñanza y la crítica,2 las flaquezas que declara esta ciudad en las dos últimas áreas permiten tantear otra hipótesis. La existencia del museo y la consolidación de la musealidad no sólo fortalecen sino que constituyen sistemáticamente a la escena de Rosario.
En este plano el Museo Castagnino+macro cumple un rol jerárquico. A través de sus acciones, Rosario se convirtió en uno de los principales centros de contención de ideas y propuestas de posible inserción en los debates instalados en el país y en Latinoamérica.
Ante la necesidad de problematizar la concepción generalizada de arte argentino, bajo la dirección de Fernando Farina, esta entidad formuló una política de adquisiciones destinada a la formación de una colección de arte argentino contemporáneo (2003), planteada a partir de donaciones de los artistas. Este hecho, que derivó en el nacimiento del macro en noviembre de 2004, terminó por concretar uno de los casos más radicales de institucionalización de las artes contemporáneas en el país.
Al día de hoy, el Castagnino+macro juega un papel notorio con relación a los niveles de visibilidad del movimiento local. Aunque el mayor grado de relevancia alcanzado pasa por su colaboración en el proceso de exteriorización de las escenas que componen el mapa argentino. En este sentido, parece haberse auto-atribuido algunos deberes de las instituciones degastadas a nivel nacional, para fundar un paradigma de referencia en la tendencia hacia la descentralización.
Pero esta condición expansiva del museo no hubiera prosperado sin la perspectiva crítica que ha enrolado, desde el comienzo de 2000, a los proyectos auto-gestionados. Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, éstos se posicionaron reflexivamente con respecto a las dificultades que este medio pone evidencia. La inexistencia de entidades dedicadas a la comercialización de la obra contemporánea y, por otro lado, la escasez de experiencias de formación, discusión y diálogo forman parte de las preocupaciones que irradia esta época.
Desde este lugar, la crisis de 2001 puede ser leída como un fenómeno que la generación naciente ha tenido que procesar obligatoriamente. La manifestación de una nueva sensibilidad incitó a que, a lo largo de estos años, una suma importante de autores se aglutinaran formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, que fueran partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, los creadores de este milenio debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Cintia Link es uno de los colectivos que nos permite arribar a este planteo, tanto por la fecha en que fue concebido como por la lista de actores implicados. Se trata de una propuesta de formación, producción, intercambio y gestión surgida en 2001, que llegó a concretar sólo unas pocas acciones, pero que influenció a algunas de las tentativas grupales aparecidas a posteriori.
Cintia Link partía de una metodología de trabajo proveniente de la actividad agrícola-ganadera: el Proyecto CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola). Una asociación civil sin fines de lucro fundada en 1960, que sirvió de estímulo para la organización de este clan, constituido por autores de distintas generaciones y con concepciones estéticas diversas: Eladia Acevedo, Leo Battistelli, Graciela Carnevale, Luján Castellani, Hugo Cava, Leandro Comba, Claudia del Río, Celina Fuster, Marina Gryciuk, Mauro Guzmán, Fabiana Ímola, Andrea Ostera, Norma Rojas y Román Vitali.
El boceto general de Cintia Link3 anuncia la realización de programas de formación y creación, publicaciones teóricas e intervenciones en la ciudad y en el mundo virtual. En cuanto a gestión, prevé la ejecución de un plan de divulgación de la forma de operar ideada, para impulsar la conformación de otros grupos paralelos. También contempla la fomentación de instancias de intercambio con artistas, agrupaciones e instituciones.
Según se advierte en este mismo documento, a futuro, Cintia Link iba a contar con un espacio físico propio, de manera de lograr la expansión e interacción con la ciudad, e integrarse en el plan urbano-cultural que, por entonces, se estaba gestando en la zona de Pichincha. Este paraje iba a alojar a artistas en residencia e iba a ser sede para la recepción de iniciativas, sobre todo, de las que fueran de naturaleza colectiva.
En el contexto controvertido de la crisis y desde una ciudad que, en ese momento, se asumía como periférica, Cintia Link aspiraba a establecer un puente entre creadores, instituciones, empresas y ciudadanía.4
La quimérica propuesta, que cuenta con un descendiente indirecto –El Levante-5 siendo su antecedente más cercano el grupo Rozarte (1989-1997), pivota sobre una noción de la práctica artística basada en el canje de experiencias, el trabajo en equipo y la confección de una estructura para la implementación de un modo de gestión artística programada en y para el territorio recortado de Rosario.
Dadas estas consideraciones, Cintia Link nos permite remontar todos los aspectos de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social que trabaja con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
El proyecto, formulado por autores que hoy siguen produciendo individualmente, caducó antes de extender su circulación. Sin embargo, su diagrama prescribe un cambio en la figura del agente cultural que se desempeña en este entorno.
A tono con la consagración del arte relacional, aquel que desde la perspectiva de Nicolas Bourriaud toma como horizonte teórico a la esfera de las interacciones humanas y su contexto social,6 esta asociación revela las mismas inquietudes hoy expresadas por el valioso plantel de iniciativas sujetas al prototipo de la gestión artística.

El fin de la condición periférica
Legendariamente, en la producción rosarina subyace una tensión entre los lenguajes del arte internacional y argentino y la historia local.
Esta realidad hoy se ajusta a una experiencia del arte contemporáneo asumida a partir de la gestión como normativa, y con respecto a una necesidad capital: la de la proyección hacia afuera.
Lejos de aggiornarse a la vieja situación periférica, hoy en día, los autores rosarinos prosperan en un circuito más amplio que el de su propia ciudad.
Rosario como locación les ha propiciado una consagración demorada, pero en muchos casos heroica. A expensas de la inexistencia de un mercado y en un campo reticente a la circunstancia de la moda efímera, los artistas de las generaciones recientes elaboran otro tipo de estrategias para posicionar sus obras, resultando sus discursos a veces solitarios pero marcadamente consistentes.
Un aspecto a destacar es la creciente ambición por abarcar distintas esferas de la creación. El diseño, el cine, la moda, la poesía y la música, entre otros, son géneros constitutivos de las alianzas perceptibles en la trama actual de la portada artística. Pero no sólo los artistas, sino también el resto de los agentes de esta escena vivifican la coronación globalizada del arte relacional.
No obstante, además de deteriorarse la unilateralidad del sentido estético, los límites entre lo público y lo privado, entre lo histórico y lo emergente y entre lo instituido y lo marginado han quedado obturados. Los creadores-gestores de este tiempo, más que dueños de sus propias prácticas, son consumidores inquilinos7 de la cultura contemporánea, aventurados por transitar varias de sus veredas para habitarla.


NOTAS

[1] Vignoli, Beatriz y Nancy Rojas, Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario, Rosario, La Capital, Suplemento Señales, 30 de octubre de 2005.
[2] Mellado, Justo Pastor, “Historias locales, archivos, musealidad”, Huellas, año 3, núm. 3, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Ediciones del Taller, 2003, p. 51.
[3] Proyecto “Cintia Link”, fotocopia de original mecanografiado, 8 páginas, Rosario, 2001. Archivo Mauro Guzmán.
[4] Proyecto “Cintia Link”, op. cit., p. 1.
[5] El Levante es un proyecto que entre 2003 y 2008 adquirió visibilidad a través de un taller de análisis y confrontación de obra, un espacio de muestras y debates y un programa de residencias e intercambios para artistas. Hoy en día, opera solamente como un ámbito de reflexión y discusión, que se afirma en el intento de producir formas de autonomía y resistencia cultural desde el campo del arte. Sus mentores fueron Mauro Machado y Graciela Carnevale. Actualmente lo coordinan ambos junto con Lorena Cardona y Luján Castellani.
[6] Bourriaud, Nicolas, “La obra de arte como intersticio social”, en: Estética relacional, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2006, p. 13.
[7] Certau, Michel de, “Leer, conversar, habitar, cocinar…”, en: La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana, 2007, pp. 51-53.

Publicado en: AA.VV., Poéticas contemporáneas: itinerarios en las artes visuales en la Argentina de los 90 al 2010, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2010, pp. 47-49.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La gestión artística: una normativa

En el campo del arte argentino, la crisis de 2001 puede ser leída como uno de los principales focos de irradiación de una sensibilidad cultural vinculada con el prototipo de la gestión artística.
Con la marca ineludible de experiencias como Tucumán Arde, varios de los autores de la generación que proliferó en el nuevo milenio se aglutinaron formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, comenzaron a ser partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, estos creadores debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, los espacios independientes de este siglo surgieron para imponer una perspectiva crítica con respecto a las dificultades que el ámbito artístico argentino venía poniendo en evidencia. Las falencias relacionadas con la posibilidad de comercialización de la obra contemporánea, así como también la necesidad de experiencias de formación, discusión y diálogo perfilaron la condición expansiva de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social destinado a trabajar con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
Es así como en el entorno del arte contemporáneo, los denominados otros espacios han llegado a cumplir un rol distinguido. Con otras claves y con características que dependen del contexto en donde se han desarrollado, éstos ingresan en los debates actuales propiciando un cambio en la figura del creador.

Publicado en: AA.VV., 6SAR/10. Cabildo Abierto del Arte, Sección "Ponencias: Otros espacios", Rosario, Ediciones Castagnino+macro, 2010, p. 27. Descargar publicación completa: click aquí.

domingo, 30 de octubre de 2005

Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario

Algo ha cambiado en la difusión de la producción artística local: los espacios alternativos se asocian con las instituciones oficiales. Aquí se ofrece un análisis de un fenómeno cultural en crecimiento 

Por Beatriz Vignoli y Nancy Rojas 

Hoy en Argentina, la multiplicación de "semanas del arte", con intervenciones en espacios públicos y encuentros de debate, se suma a las bienales y ferias de arte contemporáneo como una forma más de una tendencia consolidada en el ámbito artístico internacional. Ya en 1922 la "Semana de Arte Moderno", organizada por el pintor Emilio Di Cavalcanti, coincidiendo con el centenario de la Independencia brasileña, puso en el mapamundi del arte moderno a la ciudad de San Pablo. La Semana del Arte Avanzado de septiembre de 1967 en Buenos Aires añadió otro hito a la historia del arte de vanguardia.
Este año, en Rosario, hubo dos Semanas dedicadas al arte local. La más reciente fue la Semana de la cultura de Osde, que finalizó el pasado 23 de septiembre. La Primera Semana del Arte Rosario 2005 tuvo una gran acogida, extendiéndose a los espacios públicos y comerciales de la ciudad; y ya proyecta una segunda edición en septiembre de 2006. Ninguna de las dos hubiera sido posible sin la red de espacios alternativos que se viene tejiendo desde el último cambio de siglo en nuestra ciudad.

¿Alternativo versus oficial?
Estos espacios artísticos alternativos, a pesar de su autonomía, mantienen una relación de cooperación mutua con algunos ámbitos oficiales favorables al arte joven y contemporáneo. En la actualidad, tales instituciones museales rosarinas desarrollan formas de proyección hacia el contexto en las que incluyen, tienen en cuenta e invitan a participar a estas propuestas surgidas en forma independiente. El año pasado, el nacimiento del MACRO (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), afianzó en forma definitiva esta situación. Desde su origen, el MACRO se propuso institucionalizar ciertas vertientes de la producción actual.
Apenas un lustro atrás, la conflictiva muestra 34ARC (34 Artistas Rosarinos Contemporáneos), realizada con motivo de la reinauguración del Museo Municipal de Bellas Artes "Juan B. Castagnino", había marcado un cambio: los criterios de selección de los curadores Andrés Duprat y Sonia Becce tendieron a instalar a una neovanguardia joven y provocadora en el lugar del canon. Sólo unos pocos años después (entre 2002 y 2003), la palabra "emergente" comenzó a frecuentar el espectro de categorías establecidas para definir el panorama de las nuevas producciones artísticas. Así, los llamados "artistas emergentes" empezaron a ocupar un lugar específico en el ámbito del arte. Un hecho que no es extraordinario si se pone en foco el contexto artístico nacional.
Sin embargo, los modos de inserción han sido diferentes, sobre todo en la capital del país. Allí, en la década del 90, diversos creadores de reciente ingreso en su carrera pública comenzaron a ser tenidos en cuenta desde ciertos espacios alternativos, muchos de ellos enmarcados en la esfera oficial. Dentro de esta perspectiva, la instancia del workshop pasó a ser una zona hábil de legitimación, a través de programas como la Beca Kuitca o el Taller de Barracas. Trama (programa internacional de intercambio de pensamiento artístico) también puso en evidencia cierta aspiración por hacer extensivo el reconocimiento de los nuevos artistas del país. Dentro de este circuito, cabe considerar el rol que en los últimos años han jugado algunas galerías, tales como Ruth Benzacar, Dabbah Torrejón, Braga Menéndez, Alberto Sendros, Sonoridad Amarilla, Belleza y Felicidad. También otorgan visibilidad y reconocimiento algunas situaciones expositivas eventuales, tales como Estudio Abierto o la Feria de Galerías Arte BA, que este año abrió la zona "Barrio joven" para espacios independientes del país.
En cambio en Rosario son, fundamentalmente, las instituciones museales las que en primera instancia involucran a los artistas noveles en la escena local. Esto se pudo ver a partir de los radicales cambios que trajo aparejados la gestión de Fernando Farina como director del Museo Castagnino.
Luego de plantear un ciclo de muestras sobre artistas rosarinos contemporáneos, esta institución incluyó en su programa la iniciativa de emplear dos de sus salas para exposiciones de artistas de escasa trayectoria. Este ciclo de muestras desarrollado en 2003 por idea original del actual curador en jefe del MACRO, Roberto Echen, se denominó "Zona emergente", e instauró una nueva posición museal, en cierta medida antagónica con las tradiciones vigentes. Así es como artistas jóvenes tuvieron su muestra individual en la institución artística oficial más importante de Rosario, adonde antes sólo podían ingresar aquellos creadores que ya se habían reafirmado en cierto nivel de legitimación.
En los últimos tiempos, el Centro Cultural Parque de España también realizó exposiciones con artistas de poco vitae, entre ellas: Proyecto Ego, que llevó adelante Luján Castellani bajo las premisas de la artista española Carmen Cantón, la muestra colectiva de Sonoridad Amarilla coordinada por Chachi Verona, ambas de 2003, y la convocatoria Joven y efímero (2004 y 2005).
Debido a las nuevas y polémicas confluencias entre lo alternativo y lo oficial, la suma de nuevos espacios de próspera y relativa "independencia" genera cada vez más zonas para el debate y el pensamiento acerca de los mecanismos de difusión, producción y circulación del arte joven. Pero su presencia refuerza una hipótesis muy plausible: la alteridad, hoy, apuntala el poder convocador de las instituciones.

¿Por qué?
Privadas de base ciudadana, de representatividad democrática y de legitimidad civil por las dictaduras; vaciadas de recursos presupuestarios por el capitalismo salvaje de los 90, las instituciones culturales oficiales en Latinoamérica se debilitaron tanto en las últimas décadas que hoy lo que está por fuera del museo no cumple una función de antagonismo sino de reparación y apuntalamiento. Y pese a ello, en Rosario, ante la crisis que diezmó a las galerías comerciales, el Estado brinda el espacio para la primera muestra. Antes, a este espacio lo daban las galerías. Hoy, las pocas que sobreviven (Krass, Stein, y otras) no pueden afrontar solas el riesgo económico de la novedad.
Pero en nuestra ciudad los artistas se agrupan y autogestionan en respuesta a las crisis socioeconómicas e institucionales. Así, La Mutualidad de Berni reacciona contra la Gran Depresión y el golpe de Estado de Uriburu en 1930; el Grupo Litoral encuentra su razón de ser en generar alternativas ante las restricciones estético-políticas del peronismo; el Grupo de Artistas de Vanguardia resiste al golpe de Estado de Onganía, y Rozarte se autoconvoca ante los saqueos, la desestabilización, y el auge del neoliberalismo salvaje de julio de 1989.
La crisis política, económica y social de fines de 2001 y comienzos de 2002, que hirió de muerte a las galerías, fortaleció la red de espacios alternativos que ya había empezado a surgir en forma efímera con la galería Bis y los "departamentos de arte" de Leo Batistelli.
El golpe de Estado de 1976 parece haber tenido un impacto social demasiado fuerte para resistirlo públicamente: empujó a nuestros artistas a un repliegue en lo íntimo, oxigenado apenas por los salones oficiales y por las galerías comerciales. Los 70 y los 80 fueron dos décadas con circulación muy privada y preponderancia de la gráfica y de la pintura. Este rico y silencioso período de la historia del arte de nuestra ciudad se caracterizó por la prolífica producción de individualidades bien definidas, subjetividades visionarias surgidas de talleres particulares en la órbita del de Juan Grela. Sus técnicas tradicionales fueron templadas en el crisol de la experimentación continua.
Pero el "retorno" mundial de la pintura en los años ochenta, al hacer crisis hacia el final de la década, invirtió el esquema: en los 90 y 00, las técnicas tradicionales ya no serán sinónimo de lo aceptado a nivel oficial. Los nuevos estilos artísticos valoran la novedad, el ingenio y la audacia. A estos criterios, que en los años sesenta eran específicos de una vanguardia "alternativa", hoy los ha heredado la neovanguardia, llevándolos al seno de los espacios institucionales de legitimación. Hoy la vanguardia está consagrada. Su hegemonía, a la que Rosario no es ajena, dominó la última década y media a través de las grandes muestras internacionales.
Algo ha cambiado en los últimos quince años. Tras el aislamiento de los 70 y 80, parece que lo "alternativo" ya no calca idéntico al esquema de "resistencia al sistema" propio de la política de izquierdas. Si la vanguardia, al menos hasta los sesenta, buscaba demoler o por lo menos contradecir lo establecido, hoy lo "otro" se nos presenta como "zona emergente" que sale al encuentro de la institución oficial (centro cultural o museo) donde espera ser incluido, y no en un futuro lejano.
La coyuntura local actual está marcada por una atmósfera más calma que al comenzar este siglo, con una sociedad que se corrió de aquel escepticismo que había colmado todos los ámbitos durante la etapa aguda de la crisis. Por otra parte, la sensación de debilitamiento y de desgaste arrastrada por la última dictadura militar se ha ido suavizando.
Sin embargo, hoy, en materia de cultura, nuestro Estado no cumple con sus deberes. No ha garantizado el buen funcionamiento de las universidades, no ha generado becas para artistas e instituciones más que el que brinda el Fondo Nacional de las Artes, y tampoco ha dispuesto un cuerpo de leyes que tiendan a incentivar a las empresas a colaborar con el funcionamiento de las actividades artísticas. Y unos cuantos artistas locales de trayectoria todavía esperan sus muestras retrospectivas museográficas.
El antagonismo de lo alternativo parece haber gastado la energía que obtenía de su propia contradicción, por lo cual el diálogo con lo institucional aparece hoy como la condición necesaria de la recepción del arte.

Una red del nuevo siglo
Las últimas salas de muestras proponen formas innovadoras de exposición e intercambio
En el año 2001, el grupo En Trámite abrió la sala de exposición La Gestoría en los altos de ATE, y Florencia Balestra amplió su local en Pasaje Pam para crear una pequeña galería de arte. Ambos proyectos, en su forma inicial, duraron una decena de meses. Pero en los dos últimos años las salas de arte del pasaje céntrico revivieron y empezaron a ofrecer mes a mes un "primer viernes" de inauguraciones y eventos interdisciplinarios.
Bajo el nombre común de "Cultura pasajera", se incluyen en la "movida" la trastienda de la librería Imaginen todo, las vitrinas del pasaje mismo y E.X.P.A.C.I.O, dos paredes en la marquería Rivoire. Además de 70veces7, un efímero espacio de arte en Entre Ríos al 700 que ofrecía además un bar y ropa vintage reciclada, el 2003 vio nacer otros tres emprendimientos alternativos, que siguen funcionando: Icaro, o Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario, que llevó a cabo el Congreso de las Lenguas. Josefina Merienda, un espacio de arte gestionado por artistas jóvenes en la zona oeste; y el CAMP (Centro de Apertura Multicultural de Pichincha).
En ese mismo barrio se abrió al año siguiente El levante, dedicado a la formación artística a cargo de los docentes y artistas Graciela Carnevale y Mauro Machado. Y en el centro, también desde el 2004, funcionan muy activamente La Caverna y el colectivo autogestionario Roberto Vanguardia, que en un gesto dadaísta acaba de decretar su propia "muerte" como sujeto grupal. Entra en este espectro el Club del dibujo que lleva adelante la artista y docente Claudia del Río a través de encuentros en distintos lugares y con novedosas modalidades de exposición e intercambio.
Algunos de estos nuevos espacios locales se suman a aquellas iniciativas de otras ciudades del interior que hoy son importantes referencias para el contexto nacional: La Baulera en Tucumán, Casa 13 en Córdoba, espacio VOX en Bahía Blanca, Estudio 13 en General Roca, MOTP y Baltar Contemporáneo en Mar del Plata, entre otros. Sin duda, nos encontramos ante un nuevo panorama donde lo que se destaca es la existencia de un campo alternativo para el arte, constituido por entidades que no entran dentro de la categoría de "museo", ni tampoco en las de "institución" o "galería".
A la vez, ha cambiado el perfil del artista. Este manifiesta otro tipo de conciencia, más responsable: asume su lugar social de artista gestionando la difusión de su propia obra, a pesar de que el panorama aún se muestra hostil en materia de presupuestos y de mercado. En efecto, ya no predominan entre las comunidades artísticas aquellos discursos atravesados por la convicción de que en Rosario nada es posible. Este cambio en la conciencia, que se dio después de la crisis de 2001, ha sido un factor ineludible en la emergencia de toda clase de proyectos autogestionarios.

Camp (Centro de Apertura Multicultural de Pichincha) en Suipacha y Jujuy, es coordinado por Alejandro O'Shea y Diana Ivern. En Mendoza 6304 Ignacio Argañaras, Georgina Ieraci y Maximiliano Masuelli coordinan Josefina Merienda. El espacio de arte El Pasaje, que incluye E.X.P.A.C.I.O (Marquería Rivoire) y la Librería Imaginen todo, coordinados por Florencia Balestra, Román Rivoire y Mauro Guzmán, pueden visitarse en la Galería del Pasaje Pam de Córdoba 954.
Icaro, coordinado por Rodolfo Hachén, atiende los lunes a viernes de 18 a 21 y los sábados de 10 a 12 en 1º de Mayo 1117, planta alta. La Caverna, espacio coordinado por Hugo Masoero y Eduardo Esquivel en el subsuelo de Catamarca 1301, está abierto de lunes a viernes de 17 a 20, y los sábados de 17 a 20. El Levante, en Riccheri 120, está coordinado por Graciela Carnevale y Mauro Machado (contactoellevante@yahoo.com.ar). Estos son sólo algunos de los nuevos espacios de arte en Rosario.