miércoles, 29 de julio de 2015

Precursores / Sesentas - dos mil uno

Precursores / Sesentas - dos mil uno
Charla abierta
29 de Julio de 2015, a las 18 hs
Facultad de Humanidades y Artes
Rosario - Argentina
Invitan: Taller La Basurita del Fondo Nacional de las Artes y Universidad Nacional de Rosario

En el campo del arte argentino, la crisis de 2001 puede ser leída como uno de los principales focos de irradiación de una sensibilidad cultural vinculada con el prototipo de la gestión artística.
Sin embargo, la gestión en el campo del arte cuenta con una serie de precursores, entre los que resulta ineludible mencionar al Grupo de Rosario, motor del proyecto Tucumán Arde (1968); al que le siguieron distintas iniciativas desarrolladas entre los años 70, 80 y 90. Propuestas que propiciaron espacios pioneros de construcción colectiva forjando nuevos arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación.
Estos precursores son los que nos permiten pensar a la gestión como uno de los avatares de la cultura contemporánea, pero también como una normativa histórica, alentadora de una perspectiva artística crítica con respecto al contexto vigente.
En este sentido, son estos precursores los que abrieron el camino a la actual condición expansiva de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social destinado a trabajar con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.

lunes, 1 de junio de 2015

El almacén del tiempo como laboratorio

Hacia 1967, María Teresa Gramuglio señalaba: “se oye decir que el arte contemporáneo está en crisis, cuando en realidad se trata de un proceso de reconsideración crítica de las formas artísticas. Nuevas formas, una actitud constante de investigación y experimentación: estas son las vías elegidas para replantear el problema de la expresión artística. Pero todo lo nuevo no sólo sorprende e impacta, sino que hasta produce rechazo. ¿Cómo, entonces, se puede abordar la experiencia tan controvertida del arte contemporáneo?” [1]
La creación del Macro (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), producto de un largo proceso iniciado en los comienzos de este milenio, se enmarcó en un contexto cultural donde parecía que algunas de aquellas mismas sensaciones de los años 60 continuaban en vigencia.
Ante la pregunta acerca de cómo abordar la experiencia controvertida del arte contemporáneo el Museo Castagnino concibió dos posibles respuestas. La primera fue la creación de una colección de arte contemporáneo, destinada a convertirse en un acervo representativo a nivel nacional tanto por su espíritu federal como por su capacidad de redención histórica. La segunda: crear un museo que la albergue y que acoja los flujos artísticos del presente.
En el marco del décimo aniversario del Macro,  la propuesta curatorial Construcción de un museo de Federico Baeza, Claudia del Río, Leandro Tartaglia y Santiago Villanueva invita a revisitar esta institución, y también a realizar lecturas críticas, hoy completamente necesarias. En este sentido, reactiva la discusión en torno al rol de este museo, desplegándose sobre el imaginario del museo de arte contemporáneo como un laboratorio de reflexión colectiva.
La exposición se presenta en seis pisos del edificio. El primero muestra los títulos de las obras que integran la colección de arte contemporáneo Castagnino+macro. El segundo, el cuarto y el sexto disponen los muros de las salas convertidos en pizarras, partiendo de Pieza-Pizarrón (2006-2012) de Claudia del Río, en diálogo con producciones icónicas de este patrimonio, como las de Liliana Maresca, Roberto Jacoby y Víctor Grippo-Jorge Gamarra-A. Rossi. En el tercero se exhiben papeles de Alberto Pedrotti donados en 1980, y en el quinto, el archivo del Departamento de Educación.
El recorrido se desarrolla como un texto crítico en varios volúmenes: cada uno con sus obras, espacios liberados, escrituras del público y documentación. 
Bajo una plataforma abierta a la intervención del visitante, visualiza la compleja figura del Macro, la pone en escena y la resignifica a la luz de las no pocas propuestas que en el presente han tomado a su historia como referencia.

10 años atrás
La apertura del Macro fue, sin duda, emblemática de una época. Fue simultánea al surgimiento de numerosas instituciones y proyectos de gestión que, creados muchos de ellos fuera de las capitales culturales mundiales, ocuparon roles importantes en la discusión sobre el fenómeno de la globalización en el campo cultural. En Argentina, la efervescencia del espacio/proyecto alternativo y los diversos debates en torno a la gestión independiente crecieron notablemente luego de la crisis de 2001. Situación que el Macro también aprovechó para proponer una redefinición de los parámetros históricos y geográficos con que se leía el arte argentino hasta ese momento, a raíz de que Buenos Aires operaba como polo cultural dominante y ordenador de los discursos. 
La historia del Macro se remonta a una iniciativa de la Fundación Antorchas (1985-2006). En el año 2000, esta entidad decidió donar obras de 27 artistas a un museo del interior del país, para lo cual abrió una convocatoria a concurso pidiendo una propuesta de contraprestación a cada establecimiento inscripto. El entonces ganador ―el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca— no cumplió con lo acordado y Antorchas lanzó, a fines de 2002, un nuevo llamado. Esta vez lo dirigió solamente al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y al Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino. 
Elegido para recibir la donación, el Castagnino, bajo la dirección de Fernando Farina, se propuso la incorporación de 100 obras con la finalidad de conformar una colección de arte argentino contemporáneo. Dicha tarea fue completada en pocos meses sobrepasando el acuerdo inicial. Se cumplió gracias al apoyo de los artistas, que aceptaron sumarse al proyecto, y al respaldo de la Fundación Castagnino y de la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario. El compromiso de los artistas implicó la donación de obra recibiendo una suma de dinero equitativa, simbólica, en concepto de gastos de producción. 
La consecuencia de estas acciones fue la cesión de los ex silos Davis por parte de la Municipalidad de Rosario al Castagnino, para hacer realidad el sueño del nuevo museo de arte contemporáneo. 
El Macro abrió sus puertas emblemáticamente en 2003, con una exposición de corta duración que permitió que el proyecto quedase inaugurado oficialmente por el entonces intendente Hermes Binner un día antes de que terminase su mandato. Durante un año, el Castagnino trabajó en la definición de los parámetros del nuevo museo, en la formación de su equipo, en la gestión de sus necesidades como edificio y en la ampliación de su colección. 
El martes 16 de noviembre de 2004, un día antes de la apertura en Rosario del III Congreso Internacional de la Lengua Española y con grandes expectativas, el Macro quedó abierto al público general con una exposición donde se mostró un recorte de la colección, que por entonces ya contaba con alrededor de 250 obras. En esa oportunidad al equipo curatorial, dirigido por Roberto Echen, se sumó como invitado el artista Román Vitali. Se trabajó aprovechando la estructura vertical del edificio de 10 pisos presentando en el primero una muestra de Lucio Fontana, en los posteriores piezas contemporáneas del nuevo patrimonio (de Marcelo Pombo, Omar Schiliro, Ariadna Pastorini, Liliana Porter, Dino Bruzzone, Román Vitali, Cristina Schiavi, Sergio Avello, Lucio Dorr, Benito Laren, Julio Le Parc, Roberto Aizenberg, Guillermo Kuitca, León Ferrari, Daniel Joglar, Víctor Grippo, Ernesto Ballesteros, Elba Bairon, Lucio Fontana, Juan José Cambre y Mónica Girón), en el piso 7 una instalación con obras de la colección que simulaba la idea de depósito y en el 9 intervenciones de Luján Castellani, Leo Battistelli, Marcelo Villegas y Mauro Machado. La inauguración estuvo acompañada por el lanzamiento de Arte Argentino Contemporáneo. Una publicación de más de 300 páginas que, previo trabajo de documentación, se convirtió en ese momento en una referencia bibliográfica importante para reforzar y, en algunos casos, proporcionar legitimidad a un conjunto importante de creadores argentinos.
Con una mirada retrospectiva, la trayectoria de este museo, llevado adelante hasta ahora por tres gestiones directivas (la de Fernando Farina, la de Carlos Herrera y la actual de Marcela Römer), pone a la luz el complejo proceso de institucionalización del arte contemporáneo en nuestro país, la cambiante relación entre el arte y las políticas oficiales y el espacio crítico que, en este milenio, sigue ocupando la cultura.
Con algunos proyectos memorables, en sus comienzos, el Macro intentó posicionar al arte contemporáneo en un lugar incierto pero necesario para poner en primer plano a aquellas producciones que incorporaban la interdisciplinariedad, el riesgo, la reedición de la historia y la valorización de los procesos en la elaboración de la obra, entre otras condiciones. Intentó redoblar su apuesta inicial para convertirse en una institución significativa, no sólo a nivel local sino también nacional, sosteniendo una meta que probablemente en los últimos años ha sido difícil de visualizar: presentar pero también discutir el arte del presente.

La fábrica hoy
Alegóricamente, la muestra Construcción de un museo puede ser leída como un oxímoron. Se oxigena con el aire de una ciudad a orillas del río y vuelve a plantear a este mismo museo como almacén de obras y discursos y, al mismo tiempo, como una máquina de experimentación. Es decir, el proyecto se repliega sobre la idea original de fábrica en construcción con la que se auto-representó esta institución en 2004, para versar sobre la existencia necesaria y contingente de los museos de arte contemporáneo en el presente, sobre la relación entre el espectador y las desgastadas instituciones artísticas, sobre las políticas públicas, sobre la cultura y también sobre el patrimonio como espacio posible de redención, entre otros temas. 
En este plano, esta muestra habilita ese deseado intersticio para la participación colectiva. Y lo hace re-escribiendo curatorialmente, una vez más, la historia de las tareas que los museos, espacios independientes y galerías han asumido en el milenio actual: posicionar la producción artística vigente, releer los discursos olvidados del pasado, re-editar las historias del arte, valorar los procesos de realización de obra, entre otras.
En su reflexión intrínseca sobre el acceso público a la cultura, esta propuesta también ofrece una mirada deconstructiva. Pone en discusión cierta estructura institucional que ha hecho del arte contemporáneo un fenómeno alejado de la sociedad. A través de sus pizarras, Construcción de un museo apuesta a discutir el arte “con el público”, haciendo dialogar a las ya legitimadas obras con las ideas que aquellos espectadores han querido expresar abiertamente. Memorias, saludos, locuciones mundanas, insultos, solicitudes, notas felices y también tristes, trazan una “otra” imagen del museo, como un espacio afín a la mirada crítica y a la circulación del arte más allá del arte. Y a la vez, anuncian su fragilidad. La misma por la que se lo lee como una entidad provista también de falencias, contradicciones, e inclusive de problemas estructurales, como los presupuestarios y edilicios.
Lo cierto es que pese a cualquier debilidad, el Macro hoy cuenta con una de las más importantes colecciones de arte argentino contemporáneo ―casi 500 artistas, diseñadores y colectivos se hallan representados—. Hacia 1997, Pontus Hultén (1924-2006), quien fuera uno de los curadores más importantes de la escena internacional, decía: “La colección es la espina dorsal de las instituciones; les permite sobrevivir a los momentos difíciles”.[2] El proyecto Construcción de un museo refuerza esta idea, y también la trasciende.

Nancy Rojas

NOTAS

[1] María Teresa Gramuglio, “Arte Nuevo. Viernes 11 de agosto. 22.05 hs”, Rosario, 1967.  En: Guillermo Fantoni, Arte, vanguardia y política en los años ’60. Conversaciones con Juan Pablo Renzi, Buenos Aires, Ediciones El cielo por asalto, 1998, p. 94.
[2] Entrevista de Hans Ulrich Obrist, en: Hans Ulrich Obrist, Breve historia del comisariado, Madrid, Exit, 2010, p. 55.

Publicado en: Baeza, Federico ... [et al.], Construcción de un museo, Rosario, Ediciones Castagnino/macro, núm. 5, 2015, pp. 22-27. Descargar publicación completa: click aquí.

Crédito fotográfico: Museo Castagnino+macro, Rosario.

domingo, 1 de julio de 2012

Irradiaciones de un momento cultural determinado por el flujo electoral

Septiembre es, dentro de las agendas, un mes que tiende a mostrar el corolario de los sucesos que decretan los lineamientos anuales de la escena. En este caso, forjando un clima en el que sobresalen las discusiones y los gestos catárticos antes que el impacto de nuevas tendencias o generaciones.
En el marco del desarrollo del calendario electoral, las actividades de este mes en Rosario revelaron la fuerte presencia de un ámbito oficial dependiente de los alcances presupuestarios.
Entre el socialismo y el kirchnerismo, la cultura se mostró susceptible a debates que no se exteriorizaron por medio de las expresiones artísticas, sino principalmente en la esfera social y política de los establecimientos municipales y estatales.
Asimismo, el espíritu de la puesta en práctica de la democracia que tuvo 2011 se trasladó a ciertos organismos. Durante el período que nos ocupa, el alumnado de la Facultad de Humanidades y Artes de las distintas carreras participó de una serie de jornadas de elecciones, establecidas para renovar los cargos de dirección y las comisiones asesoras. En la Escuela de Bellas Artes los resultados divisaron a María Elena Lucero como directora de la próxima gestión.
En este contexto y con un gran interés en la realización de acciones integradoras de otros sectores, las ofertas ajenas al terreno institucional manifestaron algunas necesidades y confluencias marcando la fase preparatoria de futuras revueltas. Lo oficial y lo alternativo pronto volverían a entrar en conflicto en este campo artístico que opera dentro de circuitos debatidos entre las categorías de lo autonomizado (gestado en espacios independientes), lo oficializado (concebido en museos y centros de arte) y lo extremadamente localizado (producido principalmente en casas de artistas y en encuentros nocturnos). Tres componentes de la escena que generaron una atmósfera estética a través de numerosos relatos, algunos de ellos prometedores pero, en lo concreto, desprovistos de sensibilidad, originalidad y calidad conceptual y material. Paralelamente, se vislumbró el crecimiento de una generación joven intermedia que este año actuó mayormente fuera de la ciudad.

Perspectivas colaborativas
Dentro de este escenario, vale destacar la importancia que en los últimos años ha tenido la clínica de obra. Un fenómeno que en Argentina ha crecido en sobreabundancia a partir de este milenio, y que prescribe la necesidad de un lugar para el análisis de la propia práctica a partir del diálogo con profesionales y pares.
Durante 2011, muchos de los espacios y agrupaciones han incorporado a la clínica de obra entre sus propuestas.
Bou, una iniciativa que surgió recientemente, es un ejemplo claro de estas búsquedas. Impulsado por Florencia Laorden, ofrece programas específicos dentro del rango de la enseñanza de las artes, algunos de los cuáles se encuadran dentro de dicho formato.
En Septiembre aquí se llevaron a cabo dos talleres. Uno coordinado por David Nahón y otro de pintura a cargo de Paola Vega. Éste último, como parte del proyecto “Grado siete”, que fue lanzado en conjunto con Cultura Pasajera con la idea de generar encuentros con artistas y apostar al diálogo como fuente de conocimiento y disparador de otros estímulos al momento de plantear un plan de producción.
En esta misma línea, Cultura Pasajera también propuso el ciclo “Art talk”, que consistió en una serie de charlas con los autores que por entonces se encontraban exhibiendo en el Pasaje Pam. Florencia Laorden, Luciana Rondolini y Gise Cortese encabezaron una de estas conversaciones.
Considerando las variables del quehacer creativo, estos talleres, clínicas y encuentros que promueven éstas y otras entidades independientes tienden a cubrir algunos de los baches de las carreras de arte existentes. Pero los múltiples intentos aún no llegan a ser suficientes.
El fomento de la diversidad y el intercambio que han instalado las clínicas es el eje principal de Cultura Pasajera. Hoy en día, una de las estructuras autónomas que más han perdurado. Dirigido por Gabriela Gabelich y Román Rivoire, el histórico Pasaje Pam reunió intervenciones en sus diferentes zonas, invadidas desde el 29/09 por Bruno Guppalli, Juan Sebastián Bruno, Pande Melón -Malena Cocca y Andrés Yeah-, Evangelina Cipriani, Adriana Bustos y Juan Barbieratti. A éstos se sumaron Llavero, una galería itinerante de bolsillo que tuvo como protagonista a Leonardo Cavalcante, y Minilab, una galería virtual que presentó la página web de Lino Divas.
Sujeto a otro tipo de perspectiva colaborativa de trabajo se halla el colectivo autogestionado Cero. Poco conocido en ciertos sectores pero muy concurrido, el 10/09 lanzó el proyecto “Portátil”. Con la ambición de promover situaciones de producción de participación grupal, Cero puso en circulación objetos diseñados por sus integrantes para ser intervenidos por artistas. Este lanzamiento se hizo con un multitudinario evento nocturno que, como es habitual en esta residencia, contó con invitados especiales, que coordinaron un set de improvisación audiovisual, y con música en vivo, esta vez a cargo de Luko.
Las inauguraciones de Iván Rosado también tuvieron lugar en este período. En la misma fecha que Cero, abrió sus puertas para otra de sus citas: “Unión y Amistad” con Lucas Mercado, Nicolás Domínguez Bedini, Lucila Inés y Ediciones 22 Porrón. A pocos meses de cerrar su temporada, esta casa conservó su impronta amistosa y festiva con un perfil muy singular, semejante al de un club de arte.
En colaboración con los promotores de Triple X Acción mutante ―Manuel Brandazza y Virginia Negri-, la noche del 22 Iván Rosado recibió a Fernanda Laguna, que deleitó a los asistentes con una serie de dibujos y con una performance en la trasnoche en el marco del XIX Festival Internacional de Poesía de Rosario. También recitaron entonces Damián Ríos, Lalo Barrubia, Marina Yuszczuk y C. Monti.
Una semana después, Evangelina Cipriani, Pepe Klatt, Magalí Piano, Pilar Almagro Paz, Alejandra Benz, Enzo Campos Córdoba, Irina Garbatzky y Manuela Suárez también fueron huéspedes de esta vivienda que, al igual que Cero, se caracteriza por asumir la necesidad de convertir un lugar doméstico en un paraje para el cruce relajado entre las artes visuales, la música y la poesía.
Con otro enfoque funciona Wip en el Café de la Flor, basándose en un proyecto cuya lógica integradora sobresalió este año dentro de las plataformas independientes. Circunscriptos a la idea de promover experiencias de arte mezcladas con noche, sus gestores ―José Pablo Buzzo, Julio César Quinteros, María Luque y Victoria Ciaffone- convirtieron a este bar en un foco de producciones experimentales, implementando el concepto de "trabajo en progreso" e incluyendo a variados artistas de la ciudad. En el día de la historieta (04/09) WIP hospedó a Mosquil. Dibujante que se constituyó en uno de los grandes animadores de aquella movida underground rosarina que entre fines de la dictadura y principios de la democracia renovó la forma de hacer historieta en la Argentina.
A este complejo circuito, que más que abogar por nuevas y riesgosas guerras de imágenes se sostiene y construye a partir de la creación de iniciativas para forjar relaciones sociales entre artistas, se suman, entre otros, La Herrmana Favorita (colectivo conformado por Ángeles Ascúa, Florencia Caterina y Matías Pepe) y Oficina 26, a cargo de Pauline Fondevila y Ariel Costa.
Con propuestas que van desde la clínica de obra hasta la participación en ferias o en muestras, el común denominador de estos grupos y espacios es el interés por fomentar un hábitat de hermandad e intercambio entre autores. Algo que Beatriz Vignoli ha registrado y apoyado asiduamente desde el suplemento “Rosario 12” del diario “Página 12”, dedicando algunos artículos a sus itinerarios y actividades.
El trabajo de esta profesional resulta indispensable para este contexto que, desde hace un tiempo largo, manifiesta enormes carencias con respecto al terreno de la crítica periodística. Pese al papel que ha tenido Rosario en la decantación de la situación del arte argentino contemporáneo, hoy en día las prácticas locales no tienen un lugar suficiente en los medios. Un periódico de allegada multitudinaria como “La Capital” aún no cuenta con una página dedicada semanalmente a las artes visuales desde que Fernando Farina dejó esta tarea. En las mismas circunstancias se halla el diario “El Ciudadano”, que entre 1998 y 2000 ofreció uno de los compendios culturales más completos que tuvo esta localidad: el suplemento “Grandes líneas” dirigido por Martín Prieto.
Esto da como resultado un panorama pobre con respecto a la difusión y el análisis focalizado en las problemáticas del arte actual. Más allá de las esperadas notas de Vignoli, las pocas publicaciones que circulan generalmente deben atenerse a la tarea primaria de ofrecer un punto de vista condescendiente, aportando una mirada necesariamente descriptiva de los hechos. Algo que, salvando las excepciones, ha desplazado el verdadero espíritu de discusión y la riqueza conceptual en los textos escritos. Últimamente, el debate parece haberse trasladado a Facebook pero de un modo banal e insustancial.
Otra de las grandes falencias de este entorno es la carencia de instancias de comercialización del arte, estimulada por el déficit en materia de galerías, ferias y remates.
En los años recientes, los esfuerzos por agitar una verdadera actividad mercantil los ha concentrado, aunque sin tan buenos resultados, Cultura Pasajera. Es interesante el camino que ha hecho desde su primera época en vigencia, cuando en 2005 impulsó el proyecto MIDA (Mercado Inexistente del Arte) planteando algunas acciones a partir de la ilusión por recuperar una de los dispositivos faltantes del campo artístico: el mercado del arte.
Cabe destacar también la perdurabilidad de la emblemática Krass Artes Plásticas, que una y otra vez resistió a los embates de economía nacional. Luego de reabrir sus puertas en la calle Urquiza 2030, el 02/09 habilitó una exhibición de pinturas de Norberto Moretti. Un artista que además de concebir su lenguaje con relación a las tradiciones pictóricas locales, en todos estos años ha hecho una gran labor de difusión con su programa de cable “El cuento de la buena pipa”.
A ambas iniciativas se suma Darkhaus. Una galería de arte y diseño fundada en 2010 por Cristian Fernández, Nerina Pizzarotti y Silvia Cagnone. Su perfil responde a una búsqueda ambientacionista para privilegiados que desean incorporar piezas de autor a sus contextos. Con una programación paralela dedicada al arte, curada por Lila Siegrist y Pablo Montini, en su repertorio incluyó la muestra “Cuánto pesa el amor”, que pudo verse hasta el 10/09. Una serie de objetos escultóricos de cristal y oro elaborados en la Cristalería San Carlos por el dueto Tru-lalala, integrado por Claudia del Río y Carlos Herrera.
El lugar que Darkhaus le otorga al diseño en la ciudad es una clara prolongación del trabajo efectuado primero por el Salón Diario La Capital, implementado desde el Museo Castagnino+macro, y luego por el Centro de Diseño e Industrias Creativas (Cedic), dependiente de la Secretaría de Producción de la Municipalidad de Rosario. Éste último se inauguró el 14/09, presentándose como una incubadora de diseño destinada a impulsar un lugar de creatividad y labor compartida para emprendedores locales. Bajo la coordinación de Mauro Guzmán, este nuevo centro opera como un eslabón indispensable dentro de este medio, abarcando desde los procesos creativos iniciales hasta la transformación en empresas preparadas para instalarse en la economía y en la sociedad rosarina.
La creación del Cedic posicionó al diseño en forma definitiva como un área prometedora de un desarrollo substancial para la cultura de Rosario. Como una disciplina en vinculación directa y asociativa con las artes visuales. Algo que se viene delineando históricamente desde los remotos tiempos de la Bauhaus, y que tanto Darkaus como el Museo Castagnino+macro y el Cedic han entendido como uno de los aspectos fundamentales de la naturaleza colaborativa de la producción contemporánea.

Acciones institucionales
En los inicios de este siglo, la escena rosarina tenía como fuerte principal a las instituciones públicas, que contaban con el apoyo incondicional de la política gubernamental socialista. Situación destacada dentro del ámbito nacional a partir de importantes avances, entre los que se hallaba el nacimiento de un museo, el macro, con la mejor colección de arte argentino contemporáneo del país.
El escenario hoy es distinto. El vínculo entre lo público y lo privado, que en ese entonces estaba levemente consolidado, se halla en crisis. Principalmente, porque los museos y centros de arte no forman parte de una industria cultural alentada desde la esfera estatal. El impulso y la excelencia en la labor y el apoyo brindado por el Ministerio de Innovación y Cultura de la provincia de Santa Fe no alcanzan para suplir las exigencias de unas artes que piden a gritos la participación de fondos privados. En este sentido, la inexistencia de una ley de mecenazgo en esta provincia agudiza las falencias de este entorno que en 2011 ha sido condicionado por la influencia del calendario electoral en todas las actividades de alcance social.
Por su parte, los artistas no tomaron partido con respecto a estos problemas. Y los centros oficiales de arte desarrollaron sus programas pese a los déficits presupuestarios. Esto, sin embargo, no impidió que se continuara trabajando en proyectos, algunos de los cuáles trascendieron gracias a alianzas e iniciativas de coparticipación. Este es el caso del VIII Congreso Internacional de Museología, al que adhirieron establecimientos de esta localidad y del país a partir de la necesidad de generar un espacio de intercambio de opiniones y pareceres sobre diferentes perspectivas de la disciplina museológica. Se realizó en el Teatro Príncipe de Asturias del Centro Cultural Parque de España y contó con la presencia de reconocidos profesionales, tales como Ángela García Blanco, Juan Carlos Rico Nieto y Américo Castilla, entre otros.
En forma análoga, vale destacar las acciones que en este período llevaron a cabo organismos como el Museo de la Memoria, el Museo Castagnino+macro, el Centro Cultural Parque de España, la Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto y el Museo Diario La Capital.
Dirigido por Rubén Chababo, el primero continuó con su política de trabajo en torno al tema de las memorias post-genocidas configurándose como un verdadero referente en su tipo. Durante este tiempo, acogió al artista argentino Marcelo Brodsky, una charla-debate de Fernando Martín Peña y el taller “Arte, política y memoria” a cargo de Juan Carlos Romero.
Entretanto, el museo Castagnino excedió su capacidad de público con la exposición de Salvador Dalí “Los ojos del surrealismo”, inaugurada el jueves 8. Una muestra criticada por numerosos colegas, pero recibida favorablemente por la prensa local. Se podría decir, un éxito de taquilla del que es posible rescatar una secuencia de charlas, donde disertaron psicoanalistas, filósofos, críticos, artistas y curadores. Entre ellos, Emilio Bellón, Claudia del Río, Roberto Echen, Carlos Kuri y Pablo Zöpke, que tomaron como puntapié la relación entre subjetividad y arte a partir del surrealismo como movimiento revolucionario del siglo XX.
El Castagnino también exhibió cuadros de Jaime Rippa, curados por Marisa Gallo, y la excelente tercera edición del Premio a las Artes Visuales Fundación Andreani, donde fueron premiados Miguel Harte, Hernán Marina y Marisa Rubio.
El macro, circunscripto a la variedad pero de una forma muy horizontal, habilitó tres exposiciones el viernes 9: “Bicicleta de ciudad”, de Leandro Tartaglia, “Los raros”, con fotografías de Robinson Savary curadas por Teo Wainfred y “Gore. El hombre es esta noche”. Ésta última, una propuesta curatorial de Magalí Pallero, donde se vieron obras de Arturo Aguiar, Darío Ares, Marcelo Bordese, Nicola Costantino, Mauro Guzmán, Marcos López, Sebastián Pinciroli, Thaís Zumblick y Oligatega. Más allá de la sagacidad de la temática, el interés de la curadora aquí se centró en indagar en la confluencia entre cine y artes visuales para hablar de la existencia de una estética gore que halla su definición en la representación violenta de la sangre y la muerte. El espíritu de estas pinturas y videos se extendió a una proyección de cortometrajes en 16 mm pertenecientes a la colección de Fabio Manes. Documentales que, con previas advertencias al público general, revelaron el perfil perturbador y ambivalente del gore.
El Centro Cultural Parque de España también tuvo protagonismo ya que realizó una gran individual de Aurelio García. Bajo el título de “Sonrisas y lágrimas”, este conjunto de pinturas inéditas realizadas entre 2009 y 2011 privilegió las iconografías religiosas y políticas, acentuando un rasgo habitual del discurso de este autor. “Son obras figurativas, de un humor posmoderno, eruditas pero comprensibles para cualquiera con alguna cultura general en imágenes”, señalaba Vignoli desde el suplemento Rosario 12.1
Dentro de este itinerario, también se destacó el Teatro El Círculo, cuyo ciclo de artes visuales desarrollado en la sala “Dr. Juan J. Trillas” incluyó una muestra de los reconocidos Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía. Con un título jocoso ―“¡Me arruinaste el dibujo!, Dibujos a cuatro manos”-, esta experiencia contó con la curaduría de Rosa María Ravera. Reunió así a tres importantes agentes del arte argentino en un diálogo imprescindible para reconocerlos como figuras representativas de ciertas tendencias actuales.
Con una oferta educativa acreditada e iniciativas propias, la Escuela Musto merece ser incorporada en este recorrido. Desde 2008, ha multiplicado sus responsabilidades optimizando el funcionamiento de sus talleres y promoviendo distintas actividades como: edición de material pedagógico, producción de objetos de diseño propio, organización de viajes, exhibiciones y encuentros. Dentro de estos últimos, se halla la presentación del rosarino Ismael Zuanigh en el hall de ingreso, basada en una instalación con collages.
Si hay algo que caracterizó en años anteriores a muchas de las entidades de Rosario, es el interés por incorporar a artistas emergentes en sus programas. La “emergencia” como género de las artes ha sido desplazada para dar curso a otros proyectos. La excepción la constituyen el Centro Cultural Parque de España y el Museo Diario La Capital. Sin embargo, ninguno de los dos creó nuevas apuestas con la “emergencia” como objeto y sujeto, sino que cada uno continuó con sus ciclos ya comenzados en años anteriores.
Así es como “Joven y Efímero” volvió a estar en cartelera presentando a 5 de sus propuestas seleccionadas, pertenecientes a Elisabet Veliscek, Gabriel Chaile, Azul Ventura, Maraña Gestual y Towemalmi.
Asimismo, el Museo Diario La Capital prolongó en 2011 el concurso “Menos Treinta”, dedicando una de sus salas a un artista menor de 30 años que, en esta instancia, fue tomada por Guillermo Carrasco.
El Centro de Expresiones Contemporáneas, que ahora tiene entre sus ideólogos a Roberto Echen, se halla vinculado naturalmente con el rango de la emergencia. Los días 21 de septiembre suelen convertirse en un lugar de encuentro preferido por ciertos “emergentes”. Con las actividades generadas en torno al evento “Primavera en los galpones”, que abarca la Franja Joven del río (Río Paraná desde La Fluvial hasta el Parque de España), formó parte de una zona que operó como escenario de una festiva jornada con espectáculos, recitales, ferias de diseño, intervenciones urbanas, zonas para dibujar, armar stickers y pintar murales.
Este paseo ribereño, que se extiende también hasta el macro, concentra a aquellos transeúntes para los cuales el Paraná es el principal testigo de las más diversas experiencias al aire libre. Desde una activa pista patinaje hasta un galpón para skaters, estos recorridos ofician como señalamientos de otras prácticas culturales de la vida urbana adoptadas por las generaciones más recientes.

Otras proyecciones de la escena
Cabe señalar en esta crónica a aquellos artistas que a lo largo del año estuvieron trabajando dentro de este campo, pero con otro tipo de proyección. Comenzando con la presencia de Adrián Villar Rojas en la 54ª Bienal de Venecia, varios rosarinos de la generación que empezó a irrumpir al principio de este milenio se anunciaron más allá del contexto local.
A estos creadores, Rosario como locación les ha propiciado una situación ambigua respecto de la vieja condición periférica que tenía esta metrópoli. Sin embargo, a expensas de la inexistencia de un mercado y en un medio reticente a la idea de avalar producciones que cuesten un poco más que lo acostumbrado a cuando se trabaja con modos más tradicionales, hoy se destacan con discursos a veces solitarios pero marcadamente consistentes.
Sólo algunos casos de esta proyección hacia afuera tienen resonancia en el período que nos ocupa. Uno de ellos es el Club del Dibujo, que con la presencia de Claudia del Río participó en El Encuentro Internacional de Medellín 2011, en Colombia. Un proyecto liderado y propulsado por el Museo de Antioquia que estuvo vigente entre septiembre y diciembre. Asimismo, Carlos Herrera y Mauro Guzmán, exponentes rosarinos de la Beca kuitca / UTDT 2010-2011, han hecho circular sus obras más allá del ámbito nacional. El primero participando en la 12ª Bienal de Estambul, Turkía, inaugurada el 17/09, y el segundo en el marco de una residencia en Gasworks, Londres, donde realizó varias presentaciones, entre ellas, la performance “Linda Bler: Possessed Artist” el 23/09.
Mariana Tellería, que también tuvo un 2011 con acciones concretadas más allá del perímetro de esta ciudad, se destacó en este tiempo por llevar a cabo una de las individuales más sólidas del año. Emplazada en el Museo Diario La Capital desde el 21/09 bajo el título de “La mujer serruchada”, esta exhibición, curada por Fernando Farina, ahondó sobre la imagen del ilusionismo. Con gran desparpajo de su sensibilidad, Tellería jugó con la estructura espacial del museo haciendo uso de los supuestos de la magia.
Poéticas y discutidas entre sí, las piezas de esta gran instalación gravitaron en las salas transformando por completo al espacio en un sinfín idílico a través de signos escritos exclusivamente para el ojo sensible. Su obra habla de los sentimientos, de la posibilidad y la imposibilidad, de los contrapuntos formales y materiales pero, sobre todo, de la intervención y de la ficción como soportes de un lenguaje que se sostiene desde el deseo de engañar.
Por este juego con la alucinación y el desarrollo de una construcción transformista de su entorno, es imprescindible remarcar a esta exposición, que proyecta una posición autoral y decidida desde el arte. Una muestra consistente pero silente, capaz de insertarse en los intersticios menos evidentes de una escena que se debate mayormente entre la legitimación institucional y la auto-acreditación de un grupo variado pero hermanado de exponentes.

NOTAS

[1] Beatriz Vignoli, “Revelaciones y revoluciones”, Rosario, sección Cultura / Espectáculos del suplemento Rosario 12, diario Página 12, martes 20 de septiembre de 2011.

Publicado en: Anuario: registro de acciones artísticas, Rosario 2011, editores Lila Siegrist, Pablo Montini, Georgina Ricci, Rosario, Anuario, 2012, pp. 126-135. Descargar publicación completa: click aquí.

viernes, 1 de julio de 2011

Acciones en contexto

Los treintaiún días que se suceden en la ciudad, en julio de 2010, reúnen una serie de manifestaciones artísticas ancladas en la vigencia de las políticas y propuestas que los museos, espacios y centros culturales existentes promueven desde el comienzo y a lo largo de todo el año.
No obstante, el período subraya especialmente la permanencia de los circuitos abiertos por los festejos patrios, que tuvieron su inicio con la histórica celebración de los 200 años de la Revolución de mayo y continuaron el 9 de julio. Así es como desde entonces y durante todo el ciclo 2010, muchos de los agentes del campo del arte decidieron redefinir sus programas en torno a la conmemoración del Bicentenario argentino.
En este contexto, Rosario cristalizó una extensa oferta cultural. Puso de manifiesto la convergencia de discursos signados por una diversidad que esta vez iba a tener como correlato la aprobación de la ley de matrimonio gay el 15 de julio. Ese día el Senado de la Nación convirtió en norma el plan de modificar el Código Civil para habilitar el matrimonio entre personas del mismo sexo; lo que convirtió a la Argentina en el primer país de América Latina en legalizarlo.
Con la proliferación de los debates sobre la igualdad de derechos, el espectro socio-cultural dio un vuelco productivo. Se recalcaron ideas como la imposibilidad de la libertad de expresión sin equidad, que se infiltraron en la gestación de ciertos procesos madurados en los últimos tiempos. Entre ellos: la visibilidad aumentada de los espacios emergentes, el reinado prolongado de la gestión artística, el crecimiento de los vínculos de cooperación mutua entre proyectos alternativos y oficiales, y la ampliación de perspectivas contemporáneas con los nuevos lazos entre las artes visuales, el diseño, el cine, la moda, la literatura y la música.

Los sucesos de julio1
El itinerario artístico de orden institucional comenzó con una individual del dibujante argentino Ricardo Liniers en el Centro Cultural Parque de España (01/07 al 05/08). La muestra, titulada Liniers es Macanudismo, fue curada por Rafael Cippolini quien dispuso de una amplia selección de piezas desplegadas a modo de retrospectiva.
Paralelamente, el Museo Castagnino+macro iniciaba su programa mensual con el IX Salón Diario La Capital. La apertura del mismo se hizo el 02/07, en el contexto de una gran fiesta que contó con la presencia del cantante Leo García.
Con la exposición y las acciones pensadas en el marco del certamen, el museo se propuso ofrecer una panorámica de la producción basada en el diseño contemporáneo de objetos. Consecuentemente, a las piezas del concurso se sumaron obras de la colección Castagnino+macro y las resultantes del taller desarrollado por Satorilab (a cargo de Alejandro Sarmiento y Luján Cambariere) en el Centro Cultural El Obrador del barrio Toba.
Al mismo tiempo, el Museo Diario La Capital brindó una semana de capacitación con la idea de aportar conocimientos y experiencias sobre distintos aspectos del diseño, considerando tanto la faceta de elaboración como la de comercialización y colocación en el mercado. Estos cursos y conferencias fueron impartidos por profesionales del área, entre los que se hallan: Laureano Mon, Dolores Navarro Ocampo, Arturo Grimaldi, Patricia Jablonka y Javier González King, entre otros.
Con estas actividades, la IX edición de este salón tendía a convertirse en un referente para el ámbito del diseño argentino. Pauta sobre la que el Museo Castagnino+macro venía trabajando con más empeño desde que inauguró un nuevo núcleo dentro del Programa de Incorporaciones en su colección, conforme con la ambición de cristalizar la experiencia del diseño como otra veta de lo contemporáneo.
El interés por el diseño es un rasgo latente de muchas propuestas surgidas recientemente. A nivel global y de manera progresiva, este campo de trabajo ha ganado un papel central en la civilización capitalista constituyéndose en uno de los ejes de la cultura asociada a la industria y al consumo.
Cabe señalar que, con perspectivas relacionadas, varias realizaciones independientes revisan el concepto adorniano de industria de la cultura instaurando sus propios regímenes de creación y difusión y estableciendo otro tipo de consumo.
Podríamos ubicar dentro de este parámetro a Iván Rosado y al espacio Cero, que han ampliado el circuito iniciado hace varios años por Cultura Pasajera.
A cargo de Ana Wandzik y Maximiliano Masuelli, Iván Rosado se ha consagrado con búsquedas alineadas en torno a ejes históricos y emergentes, plasmadas con un modelo curatorial propio que incluye prácticas editoriales alternativas. El 02/07, este también denominado almacén de libros, discos y fanzines lanzó una muestra con las piezas del concurso Gráfica Vodkamiel 2010. Una iniciativa derivada del proyecto Compartiendo Capital, concebido por Inés Martino y Fabricio Caiazza como una plataforma destinada a fomentar el libre intercambio de conocimientos y procesos.
Por su parte, Cero adoptó la noción de colectivo transdisciplinario incorporando a sus exposiciones y acontecimientos música, indumentaria, diseño y literatura. Durante este período, sus gestores promovieron nuevas colecciones y organizaron el encuentro Tardes modoté, el 29/07. Una cita con revistas, té, tortas y una proyección fílmica.
En otra dimensión se ubica Studio Brócoli, que opera a partir de otra alianza: las artes visuales, la performance y el cine. El mismo día de los festejos por la independencia argentina esta firma estrenó virtualmente su obra más reciente: el Trailer para amantes de Studio Brocoli. Dirigido por Mauro Guzmán, este film reunió por primera vez en su elenco a artistas como Claudia del Río, Román Vitali, Virginia Negri y Luis Berneri, y a personajes efímeros como Freddie Perdeedah.
Con gran ímpetu, en los últimos años ha triunfado el dibujo. Desde 2008, tiene un lugar en Oficina 26, que funciona en el taller de Pauline Fondevilla y Ariel Costa ubicado en la planta alta de la galería Pasaje Pam. El 07/07 aquí se concretó la primera exposición en Argentina de la artista francesa Fleur Noguera. Titulada Hypnose légere, la misma contó con una serie de dibujos exhibidos en paralelo con la presentación de las ediciones de la Fundación 30km/s, hechas en Barcelona entre 2003 y 2007.
El 15/07, en la planta baja del mismo establecimiento los promotores de Cultura Pasajera –Gabriela Gabelich, Lía Miceli y Román Rivoire- continuaron con la programación habitual de inauguraciones simultáneas en cinco zonas determinadas por situaciones estéticas diversas. El Cubo, intervenido por Inés Martino; la Vitrina, por Noel Llieber; la marquería Ribuar, ocupada por Gastón Herrera; la Vitrina Xs, con un video de Leticia El Halli Obeid, y el área del proyecto Monoambiente –de Georgina Ieraci-, que esta vez tuvo a Virginia Negri como invitada.
Tal como lo expresa Cultura Pasajera, la emergencia ha pasado a ser uno de los estatutos de la gestión practicada en forma independiente. Se ha convertido en un lineamiento conceptual y generador de diversos paradigmas experimentales. El colectivo La Herrmana Favorita –conformado por Ángeles Ascúa, Florencia Caterina y Matías Pepe- ha prosperado con este soporte, delineando sus acciones en torno al cruce entre gestión, curaduría, producción visual e intelectual. Esta intersección es ejercida con una periodicidad programada en La Antesala del Centro Cultural Lavardén, donde esta agrupación plantea exhibiciones como la de Bernardo Duville, inaugurada el 22/07 con texto de Ernesto Ballesteros.
Con otro tipo de régimen curatorial, la Biblioteca Alfonsina Storni propone un ámbito para la joven generación. Allí, al finalizar julio un grupo de dibujantes constituido por Lisandro Arévalo, Juan Barbieratti, Matías Chianea, Gastón Herrera, Romina Pedrazzoli y Sebastián Schvarztman presentó T.E.D. (Táctica y estrategia del Dibujo). Una muestra donde los artistas trabajaron in situ para plasmar a escala humana su concepción del milenario arte del dibujo.
También el Museo Diario La Capital reserva una plaza para la emergencia con la sala Menos 30. Desde el 23/07 ésta albergó una serie de dibujos, pinturas y objetos intervenidos de Carlos Mariano Aguirre.
El CEC (Centro de Expresiones Contemporáneas) también se ha alimentado de estos arquetipos expositivos ya que, por entonces, formulaba un ciclo dedicado a fotógrafos emergentes curado por Andrea Ostera. Cabe señalar la participación de Ostera, coordinadora de un taller de esta especialidad con Laura Glusman. El mismo se ha convertido en una de las instancias de formación más activas de la ciudad para aquellos creadores que basan su labor en esta práctica.
Como correlato de este panorama aparecen los programas museales, que tienen su anclaje principal en la memoria como contenido.
Primeramente se destaca el Museo de la Memoria, que en este tiempo, luego de años de esperas y debates, preparaba desde el 23 de marzo su traslado definitivo al edificio donde funcionó el Comando del II Cuerpo del Ejército durante la última dictadura militar (1976-1983).
Luego están aquellas instituciones que continuaban el curso de sus agendas comprometidas con los festejos por el Bicentenario.
En este sentido, en el Museo de la Ciudad seguía en vigencia la puesta documental histórica Ciudad de Rosario: Episodio I. Asimismo, en forma simultánea en la sede Castagnino del Museo Castagnino+macro y en el Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc permanecía en cartelera Entre Centenarios: El arte “nacional” en la configuración del campo artístico rosarino 1910-1925. Emprendedores de un gran trabajo de investigación, durante este mes los curadores María de la Paz López Carvajal y Pablo Montini complementaron la escena visual de este proyecto con conferencias a cargo de las especialistas María Isabel Baldasarre (15/07) y Valeria Príncipe (29/07), y con una visita a la residencia del Dr. Teodoro Fracassi, proyectada en 1925 por el arquitecto Ángel Guido (17/07).
Por su parte, el macro se integraba a esta programación oficial con otra perspectiva, coherente con su naturaleza. Afincado en el terreno móvil del arte contemporáneo, en este momento albergaba la colectiva itinerante Variaciones tecnológicas, llevada a cabo por la Fundación Telefónica de Buenos Aires. Con obras de Diego Alberti, Nicolás Bacal, Fabián Nonino y Leo Núñez, esta exhibición lideraba el escenario de aquellas curadurías sujetas al vínculo entre arte, ciencia y tecnología.
En el mismo establecimiento tenía lugar, desde el 08/07, parte del repertorio del Festival de la Luz que había llegado a su edición número XVI. Bajo el lema de Identidades en tránsito, este evento expuso los relatos fotográficos de Gustavo Groh y Andrea Mendes.

Cultura nocturna
Hay entornos que permiten desglosar la idea de una emergencia asumida y manifestada en la eventualidad, en la transición absoluta. La noche es uno de esos contextos, pues muchas de las acciones que en ella transcurren certifican la existencia de una cultura específica. Un paradigma subyacente que reúne propuestas diferentes en el marco de una concepción amplificada de la noche como zona experimental.
El grupo Rollex, comandado por Federico Leites (voz), e integrado también por Martín González (bajo y batería) y Martín Laurencena (guitarra) surgió en este medio. Desde hace algunos años, esta banda de reversiones, poesía y performance hace shows en distintos espacios, ubicándose alternativamente con una particular mezcla géneros y estilos artísticos. Esculturas, proyecciones y vestuarios ornamentales forman parte de estas puestas en escena, que en esta etapa fueron montadas en tres ocasiones. El 03/07 en el Bar del Mar, donde el equipo planteó la mixtura del espectáculo con un desfile del diseñador Manuel Brandazza, y el 09/07 y el 20/07 en McNamara.
Con una modalidad más efímera apareció en esta época el colectivo Ejército de Vanguardia. Una agrupación de trece chicas que el 24/07 realizó la fiesta Gold Nite en La Macarena Club, con los Djs Pareja y Ana Helder como invitados. Con un ímpetu festivo, hoy las integrantes se identifican con la figura del ejército de salvación para producir también una serie de ferias americanas con subastas de prendas y accesorios intervenidos.
En la trasnoche, también se suman otras opciones vigentes incluso hasta ahora, tales como la Bizarre Party, las fiestas de Planeta X, las sesiones electro-pop del Café de la Flor y la 808 Indie Pop en La Macarena. Justamente por su permanencia, estas iniciativas han forjado un circuito lateral divulgado y prolongado en Facebook. La conocida red social que oficia como escenario global de una multitud de expresiones subterráneas que, pese a su condición ficcional, se ha convertido en una constante de la amplísima plataforma cultural de la Rosario actual.

NOTAS

[1] En este apartado y en el siguiente se hace mención sólo de algunas de las manifestaciones artísticas surgidas en julio, con la intención de registrar más que una cronología de sucesos un panorama generalizado con algunas particularidades propias de la situación cultural vigente.

Publicado en: Anuario: registro de acciones artísticas, Rosario 2010, editores Lila Siegrist, Pablo Montini, Georgina Ricci, Rosario, Anuario, 2011, pp. 74-83. Ver publicación completa online: click aquí.

martes, 21 de diciembre de 2010

Estatutos del milenio vigente

El papel de Rosario en la decantación de la situación cultural de la Argentina contemporánea.

La ubicación de Rosario ha resultado estratégica para definir su estatus de polo cultural de referencia en la visualización de aquellos procesos y dinámicas de creación que caracterizan los desarrollos del arte argentino a lo largo del siglo XX.
Esta circunstancia hoy puede ser reconsiderada partiendo de un ciclo decisivo, registrado en el inicio de este siglo. Una instancia que puso en foco la reactivación de programas y discursos, los cuales pasaron a cumplir un papel esencial en las articulaciones dadas por la emergencia y la propagación de los lenguajes contemporáneos.
El espíritu del nuevo milenio impulsó la radicación de una figura clave hasta el presente: el proyecto de gestión, propiciado tanto por artistas como por instituciones. Anclados en distintas áreas de trabajo, los agentes de este prototipo asumieron la etapa del ocaso de la globalización planteando otros núcleos de proyección de la producción local. Inevitablemente, se inclinaron por mostrar aquellas problemáticas derivadas de las carencias del contexto. Aparecían, entre otras, la escasez de lugares encargados de promover las expresiones e inquietudes de los creadores de la ciudad, y la evaporación progresiva del mercado del arte.
Al pronunciarse este panorama, la escena dejó aflorar una cualidad determinante para la redefinición de su lógica: la relación de reciprocidad entre lo alternativo y lo oficial.
En 2005, junto con Beatriz Vignoli,1 señalábamos los vínculos de cooperación mutua entre los llamados espacios alternativos, surgidos después de la crisis social, económica e institucional de fines de 2001, y un ámbito oficial favorable al arte contemporáneo.
Desde entonces, establecimientos como el Museo Castagnino+macro, el Centro Cultural Parque de España, el Centro de Expresiones Contemporáneas y el Centro Cultural Lavardén, entre otros, incluyen en sus planes a una seguidilla de proyectos surgidos en forma independiente.
Esta confluencia entre lo alternativo y lo oficial fortaleció la discusión sobre los mecanismos de difusión y circulación del arte. Su presencia dilatada afirma una hipótesis ya registrada a mediados de la década que nos precede: la alteridad apuntala el poder convocador de las instituciones.
Pero este modelo asociativo se halla atravesado por un factor exclusivo. El rango adquirido por lo emergente, que ha estimulado a algunas de las disputas vigentes. Si hasta los sesenta la vanguardia combatía lo establecido, desde hace unos años, lo otro se presenta como relato emergente que sale al encuentro de la institución, donde espera ser incluido.
Ésta parece ser una fórmula estable de la coyuntura que define al arte de Rosario en los años recientes.

La gestión como normativa
Si la concreción de una escena, basándonos en los postulados de Justo Pastor Mellado, tiene como premisa el triángulo institucional formado por la musealidad, la enseñanza y la crítica,2 las flaquezas que declara esta ciudad en las dos últimas áreas permiten tantear otra hipótesis. La existencia del museo y la consolidación de la musealidad no sólo fortalecen sino que constituyen sistemáticamente a la escena de Rosario.
En este plano el Museo Castagnino+macro cumple un rol jerárquico. A través de sus acciones, Rosario se convirtió en uno de los principales centros de contención de ideas y propuestas de posible inserción en los debates instalados en el país y en Latinoamérica.
Ante la necesidad de problematizar la concepción generalizada de arte argentino, bajo la dirección de Fernando Farina, esta entidad formuló una política de adquisiciones destinada a la formación de una colección de arte argentino contemporáneo (2003), planteada a partir de donaciones de los artistas. Este hecho, que derivó en el nacimiento del macro en noviembre de 2004, terminó por concretar uno de los casos más radicales de institucionalización de las artes contemporáneas en el país.
Al día de hoy, el Castagnino+macro juega un papel notorio con relación a los niveles de visibilidad del movimiento local. Aunque el mayor grado de relevancia alcanzado pasa por su colaboración en el proceso de exteriorización de las escenas que componen el mapa argentino. En este sentido, parece haberse auto-atribuido algunos deberes de las instituciones degastadas a nivel nacional, para fundar un paradigma de referencia en la tendencia hacia la descentralización.
Pero esta condición expansiva del museo no hubiera prosperado sin la perspectiva crítica que ha enrolado, desde el comienzo de 2000, a los proyectos auto-gestionados. Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, éstos se posicionaron reflexivamente con respecto a las dificultades que este medio pone evidencia. La inexistencia de entidades dedicadas a la comercialización de la obra contemporánea y, por otro lado, la escasez de experiencias de formación, discusión y diálogo forman parte de las preocupaciones que irradia esta época.
Desde este lugar, la crisis de 2001 puede ser leída como un fenómeno que la generación naciente ha tenido que procesar obligatoriamente. La manifestación de una nueva sensibilidad incitó a que, a lo largo de estos años, una suma importante de autores se aglutinaran formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, que fueran partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, los creadores de este milenio debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Cintia Link es uno de los colectivos que nos permite arribar a este planteo, tanto por la fecha en que fue concebido como por la lista de actores implicados. Se trata de una propuesta de formación, producción, intercambio y gestión surgida en 2001, que llegó a concretar sólo unas pocas acciones, pero que influenció a algunas de las tentativas grupales aparecidas a posteriori.
Cintia Link partía de una metodología de trabajo proveniente de la actividad agrícola-ganadera: el Proyecto CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola). Una asociación civil sin fines de lucro fundada en 1960, que sirvió de estímulo para la organización de este clan, constituido por autores de distintas generaciones y con concepciones estéticas diversas: Eladia Acevedo, Leo Battistelli, Graciela Carnevale, Luján Castellani, Hugo Cava, Leandro Comba, Claudia del Río, Celina Fuster, Marina Gryciuk, Mauro Guzmán, Fabiana Ímola, Andrea Ostera, Norma Rojas y Román Vitali.
El boceto general de Cintia Link3 anuncia la realización de programas de formación y creación, publicaciones teóricas e intervenciones en la ciudad y en el mundo virtual. En cuanto a gestión, prevé la ejecución de un plan de divulgación de la forma de operar ideada, para impulsar la conformación de otros grupos paralelos. También contempla la fomentación de instancias de intercambio con artistas, agrupaciones e instituciones.
Según se advierte en este mismo documento, a futuro, Cintia Link iba a contar con un espacio físico propio, de manera de lograr la expansión e interacción con la ciudad, e integrarse en el plan urbano-cultural que, por entonces, se estaba gestando en la zona de Pichincha. Este paraje iba a alojar a artistas en residencia e iba a ser sede para la recepción de iniciativas, sobre todo, de las que fueran de naturaleza colectiva.
En el contexto controvertido de la crisis y desde una ciudad que, en ese momento, se asumía como periférica, Cintia Link aspiraba a establecer un puente entre creadores, instituciones, empresas y ciudadanía.4
La quimérica propuesta, que cuenta con un descendiente indirecto –El Levante-5 siendo su antecedente más cercano el grupo Rozarte (1989-1997), pivota sobre una noción de la práctica artística basada en el canje de experiencias, el trabajo en equipo y la confección de una estructura para la implementación de un modo de gestión artística programada en y para el territorio recortado de Rosario.
Dadas estas consideraciones, Cintia Link nos permite remontar todos los aspectos de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social que trabaja con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
El proyecto, formulado por autores que hoy siguen produciendo individualmente, caducó antes de extender su circulación. Sin embargo, su diagrama prescribe un cambio en la figura del agente cultural que se desempeña en este entorno.
A tono con la consagración del arte relacional, aquel que desde la perspectiva de Nicolas Bourriaud toma como horizonte teórico a la esfera de las interacciones humanas y su contexto social,6 esta asociación revela las mismas inquietudes hoy expresadas por el valioso plantel de iniciativas sujetas al prototipo de la gestión artística.

El fin de la condición periférica
Legendariamente, en la producción rosarina subyace una tensión entre los lenguajes del arte internacional y argentino y la historia local.
Esta realidad hoy se ajusta a una experiencia del arte contemporáneo asumida a partir de la gestión como normativa, y con respecto a una necesidad capital: la de la proyección hacia afuera.
Lejos de aggiornarse a la vieja situación periférica, hoy en día, los autores rosarinos prosperan en un circuito más amplio que el de su propia ciudad.
Rosario como locación les ha propiciado una consagración demorada, pero en muchos casos heroica. A expensas de la inexistencia de un mercado y en un campo reticente a la circunstancia de la moda efímera, los artistas de las generaciones recientes elaboran otro tipo de estrategias para posicionar sus obras, resultando sus discursos a veces solitarios pero marcadamente consistentes.
Un aspecto a destacar es la creciente ambición por abarcar distintas esferas de la creación. El diseño, el cine, la moda, la poesía y la música, entre otros, son géneros constitutivos de las alianzas perceptibles en la trama actual de la portada artística. Pero no sólo los artistas, sino también el resto de los agentes de esta escena vivifican la coronación globalizada del arte relacional.
No obstante, además de deteriorarse la unilateralidad del sentido estético, los límites entre lo público y lo privado, entre lo histórico y lo emergente y entre lo instituido y lo marginado han quedado obturados. Los creadores-gestores de este tiempo, más que dueños de sus propias prácticas, son consumidores inquilinos7 de la cultura contemporánea, aventurados por transitar varias de sus veredas para habitarla.


NOTAS

[1] Vignoli, Beatriz y Nancy Rojas, Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario, Rosario, La Capital, Suplemento Señales, 30 de octubre de 2005.
[2] Mellado, Justo Pastor, “Historias locales, archivos, musealidad”, Huellas, año 3, núm. 3, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Ediciones del Taller, 2003, p. 51.
[3] Proyecto “Cintia Link”, fotocopia de original mecanografiado, 8 páginas, Rosario, 2001. Archivo Mauro Guzmán.
[4] Proyecto “Cintia Link”, op. cit., p. 1.
[5] El Levante es un proyecto que entre 2003 y 2008 adquirió visibilidad a través de un taller de análisis y confrontación de obra, un espacio de muestras y debates y un programa de residencias e intercambios para artistas. Hoy en día, opera solamente como un ámbito de reflexión y discusión, que se afirma en el intento de producir formas de autonomía y resistencia cultural desde el campo del arte. Sus mentores fueron Mauro Machado y Graciela Carnevale. Actualmente lo coordinan ambos junto con Lorena Cardona y Luján Castellani.
[6] Bourriaud, Nicolas, “La obra de arte como intersticio social”, en: Estética relacional, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2006, p. 13.
[7] Certau, Michel de, “Leer, conversar, habitar, cocinar…”, en: La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana, 2007, pp. 51-53.

Publicado en: AA.VV., Poéticas contemporáneas: itinerarios en las artes visuales en la Argentina de los 90 al 2010, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2010, pp. 47-49.

domingo, 30 de octubre de 2005

Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario

Algo ha cambiado en la difusión de la producción artística local: los espacios alternativos se asocian con las instituciones oficiales. Aquí se ofrece un análisis de un fenómeno cultural en crecimiento 

Por Beatriz Vignoli y Nancy Rojas 

Hoy en Argentina, la multiplicación de "semanas del arte", con intervenciones en espacios públicos y encuentros de debate, se suma a las bienales y ferias de arte contemporáneo como una forma más de una tendencia consolidada en el ámbito artístico internacional. Ya en 1922 la "Semana de Arte Moderno", organizada por el pintor Emilio Di Cavalcanti, coincidiendo con el centenario de la Independencia brasileña, puso en el mapamundi del arte moderno a la ciudad de San Pablo. La Semana del Arte Avanzado de septiembre de 1967 en Buenos Aires añadió otro hito a la historia del arte de vanguardia.
Este año, en Rosario, hubo dos Semanas dedicadas al arte local. La más reciente fue la Semana de la cultura de Osde, que finalizó el pasado 23 de septiembre. La Primera Semana del Arte Rosario 2005 tuvo una gran acogida, extendiéndose a los espacios públicos y comerciales de la ciudad; y ya proyecta una segunda edición en septiembre de 2006. Ninguna de las dos hubiera sido posible sin la red de espacios alternativos que se viene tejiendo desde el último cambio de siglo en nuestra ciudad.

¿Alternativo versus oficial?
Estos espacios artísticos alternativos, a pesar de su autonomía, mantienen una relación de cooperación mutua con algunos ámbitos oficiales favorables al arte joven y contemporáneo. En la actualidad, tales instituciones museales rosarinas desarrollan formas de proyección hacia el contexto en las que incluyen, tienen en cuenta e invitan a participar a estas propuestas surgidas en forma independiente. El año pasado, el nacimiento del MACRO (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), afianzó en forma definitiva esta situación. Desde su origen, el MACRO se propuso institucionalizar ciertas vertientes de la producción actual.
Apenas un lustro atrás, la conflictiva muestra 34ARC (34 Artistas Rosarinos Contemporáneos), realizada con motivo de la reinauguración del Museo Municipal de Bellas Artes "Juan B. Castagnino", había marcado un cambio: los criterios de selección de los curadores Andrés Duprat y Sonia Becce tendieron a instalar a una neovanguardia joven y provocadora en el lugar del canon. Sólo unos pocos años después (entre 2002 y 2003), la palabra "emergente" comenzó a frecuentar el espectro de categorías establecidas para definir el panorama de las nuevas producciones artísticas. Así, los llamados "artistas emergentes" empezaron a ocupar un lugar específico en el ámbito del arte. Un hecho que no es extraordinario si se pone en foco el contexto artístico nacional.
Sin embargo, los modos de inserción han sido diferentes, sobre todo en la capital del país. Allí, en la década del 90, diversos creadores de reciente ingreso en su carrera pública comenzaron a ser tenidos en cuenta desde ciertos espacios alternativos, muchos de ellos enmarcados en la esfera oficial. Dentro de esta perspectiva, la instancia del workshop pasó a ser una zona hábil de legitimación, a través de programas como la Beca Kuitca o el Taller de Barracas. Trama (programa internacional de intercambio de pensamiento artístico) también puso en evidencia cierta aspiración por hacer extensivo el reconocimiento de los nuevos artistas del país. Dentro de este circuito, cabe considerar el rol que en los últimos años han jugado algunas galerías, tales como Ruth Benzacar, Dabbah Torrejón, Braga Menéndez, Alberto Sendros, Sonoridad Amarilla, Belleza y Felicidad. También otorgan visibilidad y reconocimiento algunas situaciones expositivas eventuales, tales como Estudio Abierto o la Feria de Galerías Arte BA, que este año abrió la zona "Barrio joven" para espacios independientes del país.
En cambio en Rosario son, fundamentalmente, las instituciones museales las que en primera instancia involucran a los artistas noveles en la escena local. Esto se pudo ver a partir de los radicales cambios que trajo aparejados la gestión de Fernando Farina como director del Museo Castagnino.
Luego de plantear un ciclo de muestras sobre artistas rosarinos contemporáneos, esta institución incluyó en su programa la iniciativa de emplear dos de sus salas para exposiciones de artistas de escasa trayectoria. Este ciclo de muestras desarrollado en 2003 por idea original del actual curador en jefe del MACRO, Roberto Echen, se denominó "Zona emergente", e instauró una nueva posición museal, en cierta medida antagónica con las tradiciones vigentes. Así es como artistas jóvenes tuvieron su muestra individual en la institución artística oficial más importante de Rosario, adonde antes sólo podían ingresar aquellos creadores que ya se habían reafirmado en cierto nivel de legitimación.
En los últimos tiempos, el Centro Cultural Parque de España también realizó exposiciones con artistas de poco vitae, entre ellas: Proyecto Ego, que llevó adelante Luján Castellani bajo las premisas de la artista española Carmen Cantón, la muestra colectiva de Sonoridad Amarilla coordinada por Chachi Verona, ambas de 2003, y la convocatoria Joven y efímero (2004 y 2005).
Debido a las nuevas y polémicas confluencias entre lo alternativo y lo oficial, la suma de nuevos espacios de próspera y relativa "independencia" genera cada vez más zonas para el debate y el pensamiento acerca de los mecanismos de difusión, producción y circulación del arte joven. Pero su presencia refuerza una hipótesis muy plausible: la alteridad, hoy, apuntala el poder convocador de las instituciones.

¿Por qué?
Privadas de base ciudadana, de representatividad democrática y de legitimidad civil por las dictaduras; vaciadas de recursos presupuestarios por el capitalismo salvaje de los 90, las instituciones culturales oficiales en Latinoamérica se debilitaron tanto en las últimas décadas que hoy lo que está por fuera del museo no cumple una función de antagonismo sino de reparación y apuntalamiento. Y pese a ello, en Rosario, ante la crisis que diezmó a las galerías comerciales, el Estado brinda el espacio para la primera muestra. Antes, a este espacio lo daban las galerías. Hoy, las pocas que sobreviven (Krass, Stein, y otras) no pueden afrontar solas el riesgo económico de la novedad.
Pero en nuestra ciudad los artistas se agrupan y autogestionan en respuesta a las crisis socioeconómicas e institucionales. Así, La Mutualidad de Berni reacciona contra la Gran Depresión y el golpe de Estado de Uriburu en 1930; el Grupo Litoral encuentra su razón de ser en generar alternativas ante las restricciones estético-políticas del peronismo; el Grupo de Artistas de Vanguardia resiste al golpe de Estado de Onganía, y Rozarte se autoconvoca ante los saqueos, la desestabilización, y el auge del neoliberalismo salvaje de julio de 1989.
La crisis política, económica y social de fines de 2001 y comienzos de 2002, que hirió de muerte a las galerías, fortaleció la red de espacios alternativos que ya había empezado a surgir en forma efímera con la galería Bis y los "departamentos de arte" de Leo Batistelli.
El golpe de Estado de 1976 parece haber tenido un impacto social demasiado fuerte para resistirlo públicamente: empujó a nuestros artistas a un repliegue en lo íntimo, oxigenado apenas por los salones oficiales y por las galerías comerciales. Los 70 y los 80 fueron dos décadas con circulación muy privada y preponderancia de la gráfica y de la pintura. Este rico y silencioso período de la historia del arte de nuestra ciudad se caracterizó por la prolífica producción de individualidades bien definidas, subjetividades visionarias surgidas de talleres particulares en la órbita del de Juan Grela. Sus técnicas tradicionales fueron templadas en el crisol de la experimentación continua.
Pero el "retorno" mundial de la pintura en los años ochenta, al hacer crisis hacia el final de la década, invirtió el esquema: en los 90 y 00, las técnicas tradicionales ya no serán sinónimo de lo aceptado a nivel oficial. Los nuevos estilos artísticos valoran la novedad, el ingenio y la audacia. A estos criterios, que en los años sesenta eran específicos de una vanguardia "alternativa", hoy los ha heredado la neovanguardia, llevándolos al seno de los espacios institucionales de legitimación. Hoy la vanguardia está consagrada. Su hegemonía, a la que Rosario no es ajena, dominó la última década y media a través de las grandes muestras internacionales.
Algo ha cambiado en los últimos quince años. Tras el aislamiento de los 70 y 80, parece que lo "alternativo" ya no calca idéntico al esquema de "resistencia al sistema" propio de la política de izquierdas. Si la vanguardia, al menos hasta los sesenta, buscaba demoler o por lo menos contradecir lo establecido, hoy lo "otro" se nos presenta como "zona emergente" que sale al encuentro de la institución oficial (centro cultural o museo) donde espera ser incluido, y no en un futuro lejano.
La coyuntura local actual está marcada por una atmósfera más calma que al comenzar este siglo, con una sociedad que se corrió de aquel escepticismo que había colmado todos los ámbitos durante la etapa aguda de la crisis. Por otra parte, la sensación de debilitamiento y de desgaste arrastrada por la última dictadura militar se ha ido suavizando.
Sin embargo, hoy, en materia de cultura, nuestro Estado no cumple con sus deberes. No ha garantizado el buen funcionamiento de las universidades, no ha generado becas para artistas e instituciones más que el que brinda el Fondo Nacional de las Artes, y tampoco ha dispuesto un cuerpo de leyes que tiendan a incentivar a las empresas a colaborar con el funcionamiento de las actividades artísticas. Y unos cuantos artistas locales de trayectoria todavía esperan sus muestras retrospectivas museográficas.
El antagonismo de lo alternativo parece haber gastado la energía que obtenía de su propia contradicción, por lo cual el diálogo con lo institucional aparece hoy como la condición necesaria de la recepción del arte.

Una red del nuevo siglo
Las últimas salas de muestras proponen formas innovadoras de exposición e intercambio
En el año 2001, el grupo En Trámite abrió la sala de exposición La Gestoría en los altos de ATE, y Florencia Balestra amplió su local en Pasaje Pam para crear una pequeña galería de arte. Ambos proyectos, en su forma inicial, duraron una decena de meses. Pero en los dos últimos años las salas de arte del pasaje céntrico revivieron y empezaron a ofrecer mes a mes un "primer viernes" de inauguraciones y eventos interdisciplinarios.
Bajo el nombre común de "Cultura pasajera", se incluyen en la "movida" la trastienda de la librería Imaginen todo, las vitrinas del pasaje mismo y E.X.P.A.C.I.O, dos paredes en la marquería Rivoire. Además de 70veces7, un efímero espacio de arte en Entre Ríos al 700 que ofrecía además un bar y ropa vintage reciclada, el 2003 vio nacer otros tres emprendimientos alternativos, que siguen funcionando: Icaro, o Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario, que llevó a cabo el Congreso de las Lenguas. Josefina Merienda, un espacio de arte gestionado por artistas jóvenes en la zona oeste; y el CAMP (Centro de Apertura Multicultural de Pichincha).
En ese mismo barrio se abrió al año siguiente El levante, dedicado a la formación artística a cargo de los docentes y artistas Graciela Carnevale y Mauro Machado. Y en el centro, también desde el 2004, funcionan muy activamente La Caverna y el colectivo autogestionario Roberto Vanguardia, que en un gesto dadaísta acaba de decretar su propia "muerte" como sujeto grupal. Entra en este espectro el Club del dibujo que lleva adelante la artista y docente Claudia del Río a través de encuentros en distintos lugares y con novedosas modalidades de exposición e intercambio.
Algunos de estos nuevos espacios locales se suman a aquellas iniciativas de otras ciudades del interior que hoy son importantes referencias para el contexto nacional: La Baulera en Tucumán, Casa 13 en Córdoba, espacio VOX en Bahía Blanca, Estudio 13 en General Roca, MOTP y Baltar Contemporáneo en Mar del Plata, entre otros. Sin duda, nos encontramos ante un nuevo panorama donde lo que se destaca es la existencia de un campo alternativo para el arte, constituido por entidades que no entran dentro de la categoría de "museo", ni tampoco en las de "institución" o "galería".
A la vez, ha cambiado el perfil del artista. Este manifiesta otro tipo de conciencia, más responsable: asume su lugar social de artista gestionando la difusión de su propia obra, a pesar de que el panorama aún se muestra hostil en materia de presupuestos y de mercado. En efecto, ya no predominan entre las comunidades artísticas aquellos discursos atravesados por la convicción de que en Rosario nada es posible. Este cambio en la conciencia, que se dio después de la crisis de 2001, ha sido un factor ineludible en la emergencia de toda clase de proyectos autogestionarios.

Camp (Centro de Apertura Multicultural de Pichincha) en Suipacha y Jujuy, es coordinado por Alejandro O'Shea y Diana Ivern. En Mendoza 6304 Ignacio Argañaras, Georgina Ieraci y Maximiliano Masuelli coordinan Josefina Merienda. El espacio de arte El Pasaje, que incluye E.X.P.A.C.I.O (Marquería Rivoire) y la Librería Imaginen todo, coordinados por Florencia Balestra, Román Rivoire y Mauro Guzmán, pueden visitarse en la Galería del Pasaje Pam de Córdoba 954.
Icaro, coordinado por Rodolfo Hachén, atiende los lunes a viernes de 18 a 21 y los sábados de 10 a 12 en 1º de Mayo 1117, planta alta. La Caverna, espacio coordinado por Hugo Masoero y Eduardo Esquivel en el subsuelo de Catamarca 1301, está abierto de lunes a viernes de 17 a 20, y los sábados de 17 a 20. El Levante, en Riccheri 120, está coordinado por Graciela Carnevale y Mauro Machado (contactoellevante@yahoo.com.ar). Estos son sólo algunos de los nuevos espacios de arte en Rosario.