miércoles, 19 de agosto de 2020

Toque de seda | El devenir libidinoso de la nueva muralla táctil

“El olor como forma vaporosa / vaporal (recuérdese Vick Vaporub) de una energía fuertemente libidinizada que pone en movimiento máquinas de recordaciones, de pensamientos, de fantasías”.
Néstor Perlongher [1]


En sueños o en estado de vigilia, aún no lo sabemos, hemos pasado a formar parte de una nueva muralla táctil que, entre otras peoridades, avanza años luz hacia cierta resequedad corporal.
El tiempo se volvió elástico y los motores de la SF[2] (sin ficción) se reactivaron como se activa el castañeo de un gato a punto de cazar su presa.
Como en el mundo silvestre, el olfato es el leitmotiv de una nueva espacialidad donde quienes sobreviven están adaptándose a la viralidad de la desmesura, expresada en las hazañas de ciertos monstruos.
En este hábitat humeante, los objetos avanzan, pero no podremos tocarlos salvo que se vuelvan de seda y así, solo así, quizás suavicen nuestro imaginario. E inclusive nos conviertan en verdaderas medusas capaces de experimentar la “espacialización (la trayectoria por los territorios y cuerpos)” y la “especialización (la erección de un punto ideal y máximo de gozo)”, en palabras de Perlongher.[3]
La muralla táctil ya existe, y por lo tanto es hora de hacer valer otro tipo de contacto. Llamémosle a esta alternativa “toque de seda”. Entonces, que los pelajes olientes sean de seda, que las lenguas, los cuerpos orgánicos y las pieles sean de seda. Que las geometrías tranquilizadoras sean de seda también. Porque en la seda puede hallarse el origen surreal del mundo. Si de seda fuéramos nos aunaríamos definitivamente con las especies silvestres para conspirar contra las grandes máquinas de exterminio de humanes y animales deviniendo entre retazos de tela.
En esta dislocación emblemática del sentido, “Toque de seda” es nuestra balada más externamente sintomática. Una muestra que, en este contexto particular, expone a las obras como si fueran capaces de devenir-con, de imaginar sugestiva y colectivamente otras alternativas de apreciación epidérmica. En esta sala, y también en nuestro humilde pensamiento figurativo, el magnetismo se vuelve una ley posible pese a la evidencia de los impedimentos.
¿Y las obras? ¿Se activarán sus imanes? ¿Se desplazarán fantasmagóricamente en el espacio hasta tocarnos?
De momento parecen estar ahí, inmóviles, suspendidas y mudas como alguna vez estuvieron los objetos del surrealismo.[4] A lo mejor se encuentren reviviendo las amenazas de bestias equivocadas, o simplemente de criaturas borradas por el solo hecho de haberse territorializado barrosas. O quizás estén mostrándonos su capacidad de auto-percepción-reconocimiento; potencial que según Donna Haraway tienen las palomas, los chimpancés, las urracas, los delfines y los elefantes,[5] si se los pone ante un espejo.
Hacia este limbo de supuestas vivencias animistas viaja esta muralla táctil paradójicamente palpable y contradictoriamente clausurante, adicta a un suspenso transgeográfico y transtemporal.
¡Toque de seda! Es la aclamación sudorosa y olorosa que promete introducirnos a un clima donde se juega a abandonar el dogmatismo de la visibilidad naturalista. Es nuestro lema para propiciar la entrada performativa a una sala como si se estuviera ingresando a un campo silvestre donde una serie de leopardos no amansados yacen quietos, donde los objetos se constituyen como textualidades metafóricas de lo poroso de la clandestinidad, donde ver, oler y tocar forman parte de un contrato inevitable. En este paisaje conviven el esteticismo gótico y trash (Shiva / Ork Gotik y El pelele) con la sensualidad pop y ominosa (Nina Kunan y Matías de la Guerra), el diseño de una tecnología eco-sexual (Victoria Papagni) con la invención de una eco-magia inter-especies (Trinidad Metz Brea).
Cabe señalar que los destellos de estas objetualidades ritualísticas y quimérico-teatrales provienen de una fluorescencia multi-sensorial. La misma que, en el campo de la cultura, viene defendiendo a raja tabla las necesarias condiciones de una otra surrealidad, y que refuerza la capacidad de estas piezas de generar “fabulaciones especulativas” para los largos intervalos del presente.


Nota: el proceso de escritura de este texto fue inspirado por las obras de les artistas de esta muestra y por las conversaciones que mantuvimos colectivamente a través de nuestras pantallas entre marzo y julio de 2020. También intervinieron fenómenos como la co-adopción de un felino, las lecturas en penumbra de los textos citados y de otros tantos que aún yacen en mi mesa de trabajo, la atención prestada a los diversos ciclos sobre arte y futuro en el marco de un período de confinamiento que aún continúa, el recuerdo permanente de las muestras sobre surrealismo de los últimos seis años y las cenas junto a series como Sense8, entre otros.

Nancy Rojas


NOTAS

[1] “El deseo de pie” en: Néstor Perlongher, Prosa plebeya (Christian Ferrer y Osvaldo Baigorria comp.), Buenos Aires, Excursiones, 2013, pp. 132-133.
[2] Utilizo esta sigla en honor y a la vez como malversación de la que usa Donna Haraway en Seguir con el problema, para referirse a: ciencia ficción, fabulación especulativa, figuras de cuerdas, feminismo especulativo, hechos científicos y hasta ahora. Donna Haraway, Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno, Buenos Aires, Consonni, 2019.
[3] Néstor Perlongher, op. cit., p. 135.
[4] La muestra Le Surréalisme et l'objet puede operar como referencia de esta aseveración. Es una exposición que vi en el Centre Pompidou, en Paris, en 2014, de la cual conservo algunas fotos y el catálogo.
[5] Donna Haraway, op. cit., p. 43.


Texto curatorial publicado en el marco de la exposición Toque de seda, de Matías de la Guerra, Nina Kunan, Trinidad Metz Brea, Victoria Papagni, El Pelele y Ork Gotik, Buenos Aires, galería Quimera, desde el 19 de agosto de 2020. Enlace al Instagram de la galería: click aquí.

Flyer: Matías de la Guerra.

viernes, 6 de octubre de 2017

La hipótesis del masturbador imbécil

Exposición colectiva en el estudio de Mauro Guzmán
Laprida 627, Rosario, Argentina
Inauguración: 6 de octubre de 2017
Cierre: noviembre de 2017
Artistas: Gustavo Cabrera, Bruce LaBruce, Mauro Guzmán, Brian Kenny, Leo Peralta, Gorka Postigo, Verónica Uguet y Dani Umpi
Autores de los manifiestos: Diego Bonzi, Diego de Aduriz y Duen Sacchi-Magdalena de Santo
Activación: Clara Miño
Diseño gráfico: Rafael Beltrán
Curaduría: Nancy Rojas

La hipótesis del masturbador imbécil opera como una alegoría viciosa del mostrismo. Como una exposición que pretende activar el sentido de un conjunto de obras y manifiestos, los cuales ponen en escena la existencia paralela de un activismo disidente y de una nueva plataforma de mostración queer difundida desde el interior de la cultura mainstream.
Considerando que la radicalidad del arte no se encuentra en las instituciones sino en la construcción de ficciones, LAHDMI, que cuenta con artistas de distintas nacionalidades y situaciones generacionales, se despliega sobre el fantasma de cierta cartografía erotizante, tropi-camp y pos-pornográfica, dentro de una casa. Construye un itinerario dispuesto a ficcionalizar un diálogo mutante y diacrónico, a través del tráfico de las imágenes y palabras de Diego Bonzi, Gustavo Cabrera, Diego de Aduriz, Bruce LaBruce, Mauro Guzmán, Brian Kenny, Leo Peralta, Gorka Postigo, Duen Sacchi, Magdalena de Santo, Verónica Uguet y Dani Umpi.
Discursivamente, este ensayo recupera el sentido de lo que metafóricamente Paul B. Preciado llamó La hipótesis del masturbador imbécil, para señalar la inscripción acrítica que tiene la pornografía, cuando es pensada como un código cerrado y repetitivo. Como si escribiera un manifiesto, y a expensas de recuperar en sus prácticas el porno, los dildos, la cultura BDSM, las estéticas butch/femme y drag King y el post-porno, Preciado advierte que quizás “haya llegado la hora de formular una ecología política general de la cultura interesada en re-evaluar la producción, la definición y el reciclaje de sus detritos culturales, así como de apostar por una posible revolución de objetos sexuales y masturbadores imbéciles, capaces de convertirse en productores subversivos y usuarios críticos de la pornografía”.
En efecto, en el marco de la realización de la Marcha del Orgullo LGBTI en Rosario y como antesala del proyecto Simposio Peluca, esta hipótesis formula un desvío posible para la activación de un pensamiento crítico en favor de la masturbación de los imbéciles, como figura y como palimpsesto político, estéticamente cursi y tendencioso. Como brújula que al día de hoy sigue marcando la hegemonía de códigos cómplices de la normalización del héteropatriarcado y de las tecnologías de género.
Este proyecto es posible gracias a la cortesía de La Fresh Gallery y del Festival Asterisco.
Cuenta con el apoyo de Espacio Santafesino y del Fondo Nacional de las Artes.



SITIO WEB DE LA EXPOSICIÓN / https://lahdmi.blogspot.com

FANZINE / Descargar acá

La hipótesis del masturbador imbécil | Fanzine



Fanzine publicado en en el marco de la exposición La hipótesis del masturbador imbécil, con obras de Gustavo Cabrera, Bruce LaBruce, Mauro Guzmán, Brian Kenny, Leo Peralta, Gorka Postigo, Verónica Uguet y Dani Umpi, y manifiestos de Diego Bonzi, Diego de Aduriz, Duen Sacchi y Magdalena de Santo (artista invitada: Clara Miño). La muestra fue realizada en la casa-taller de Mauro Guzmán, en Rosario, desde el 6 de octubre a noviembre de 2017. Fue concebida como parte del proyecto Simposio Peluca.

Enlace al sitio web de la exposición: click aquí.

LAHDMI: una hipótesis para pensar el tráfico del deseo como zona estético-performativa de disidencia


Por Nancy Rojas

Desde hace varios años que, en el mundo, los estudios queer forman parte de las prácticas curatoriales, diseminando numerosas perspectivas en torno a la representación del deseo, las relaciones sociales y políticas de poder dentro de la sexualidad y la crítica al sistema sexo-género.
En este contexto asoma como clave, y cada vez más influyente, un nuevo canon asociado a los usos del tacón y la peluca. Objetos que forman parte de una iconografía, que hoy pareciera señalar la necesidad de una discusión en torno a los trayectos y tácticas de activación-desactivación ideológica de producciones que en el pasado forjaban un espacio de discrepancia.
En este sentido, la apropiación de la metáfora de La hipótesis del masturbador imbécil opera como un Dimmer para divisar esta nueva fenomenología estética. Como una jalea para hacer de esta exposición una alegoría viciosa del mostrismo, poniendo en escena la existencia paralela de un activismo divergente y de una nueva plataforma de mostración queer difundida desde el interior de la cultura mainstream.
Cuando Paul B. Preciado advirtió el desprecio académico que suscita la pornografía, considerada como basura cultural, se jactó de aventar otro de sus derrames teóricos con lo que denominó La hipótesis del masturbador imbécil. Quería señalar la inscripción acrítica que tiene la pornografía, cuando es pensada como un código cerrado y repetitivo. Como si escribiera un manifiesto, y a expensas de recuperar en sus prácticas el porno, los dildos, la cultura BDSM, las estéticas butch/femme y drag King y el post-porno,[1] en su texto “Museo, basura urbana y pornografía”, señaló que quizás “haya llegado la hora de formular una ecología política general de la cultura interesada en re-evaluar la producción, la definición y el reciclaje de sus detritos culturales, así como de apostar por una posible revolución de objetos sexuales y masturbadores imbéciles, capaces de convertirse en productores subversivos y usuarios críticos de la pornografía”.[2]
Considerando que la radicalidad del arte no se encuentra en las instituciones sino en la construcción de ficciones, LAHDMI reflota esta hipótesis desplegándose sobre el fantasma de cierta cartografía erotizante, tropi-camp y pos-pornográfica. Dentro de una casa, construye un itinerario dispuesto a ficcionalizar un diálogo inestable y diacrónico, a través del tráfico de imágenes y palabras de artistas de distintas nacionalidades y situaciones generacionales.
En su manifiesto “Afrodita”, Diego Bonzi concibe al placer como capital colectivo. Como fuerza disruptiva en un contexto socio-político abatido por el necroliberalismo.
Su llamamiento al sudor se magnetiza en la mixtura de un somos variable, fundando un cóctel donde “la perla de puro plástico de cotillón” puede devenir “subversiva”.[3]
El espectro fronterizo de su manifiesto hace eco en el trabajo de Dani Umpi. Artista uruguayo cuyas compulsiones se cristalizan en piezas que abarcan la industria cultural, la cultura popular, la tradición drag y distintas expresiones artísticas.
En 2014, Umpi empezó a realizar sus Parangolés rígidos. Una serie de obras que, en sí mismas, trascienden su objetualidad cuando son activadas performativamente. El ímpetu intertextual de estas creaciones conduce directamente a la figura heroica del brasilero Hélio Oiticica, quien además de introducir el concepto-obra de Parangolé, abrió una ruta para revisar la noción de camp, acuñada por Susan Sontag en su célebre ensayo de 1964.[4] Fue Oticica quien en 1971, viviendo en Nueva York, usó el término tropicamp, “para caracterizar un elemento de resistencia a la gradual comercialización de las estéticas queer de la época”.[5]
Con esta herencia, la obra de Umpi invoca la pregunta sobre ¿cómo podemos interpelar hoy los usos que hace del camp, y también del trash, la historiografía de las prácticas artísticas latinoamericanas?
Es que si de algo se jacta LAHDMI es del uso de concepciones y materiales manipulables y disputables. En el work in progress de Gustavo Cabrera hay una insistencia en poner a los materiales en crisis, en ensayar modelos fugaces para un diario personal reservado a un vouyerismo afanoso de los flujos del homoerotismo. Efusiones candentes y explícitamente visibles en las producciones de Bruce LaBruce, Mauro Guzmán, Brian Kenny y Gorka Postigo.
El caso de LaBruce —cineasta, fotógrafo, escritor y artista con sede en Toronto– es significativo por la impronta que dejó en Argentina la circulación subterránea de The Raspberry Reich (2004), años después de ser estrenada. Una película que trata sobre alemanes de la izquierda moderna adoptando la cultura de los movimientos de la extrema izquierda de los años setenta. Se volvió Icónica en el ámbito de la pornografía gay de culto, habilitando paradójicamente la propagación de eslóganes como: "Masturbation is counter-revolutionary”.
El abordaje decisivo del cuerpo como materia política y visual y como pilar de desactivación de interpretaciones normalizadoras en torno al género, al sexo y la identidad también es un basamento de las fotografías de Mauro Guzmán. En ellas, la impronta pornográfica se halla sujeta a una idea de la masculinidad alterada, cuya genitalidad erecta se confunde entre los paisajes barrosos y fantasmales. Son imágenes cuya oscuridad consigna la probabilidad de un ocaso verde fluorescente, en un cosmos litoraleño.
“(…) fuego húmedo y a veces mojado en la boca pene vagina pechos y ano”.[6] Podemos decir que “Tres sexos”, de Diego de Aduriz, avanza alegóricamente sobre las fotos aquí mostradas.
En su texto, la deconstrucción del género no sólo es figurada sino también trasladada a visiones surrealistas que registran lo aparentemente indocumentado. Un mundo trans cuya sensualidad admite materias como piedra, metal y brillantina, y situaciones de misterio, caída libre y muerte gozoza.
Surrealidad y sexualidad conforman aquí una dialéctica presente en los trabajos de Leo Peralta, Gorka Postigo y Brian Kenny. Tres artistas que, a través de sus retratos, confabulan con lo monstruoso entre el refinamiento propio de un diseño de sí, la suntuosidad de la fotografía de moda y, específicamente en el caso de Kenny, el homoerotismo en su versión más fidedigna de la cultura mainstream. Por ende y a colación, en esta cartografía erotizante, tropi-camp y pos-pornográfica, ¿qué lugar ocupa el feminismo? ¿Hay un espacio para el lesboerotismo en el campo de la producción de imágenes? LADMI también formula estas preguntas, anunciando la inscripción de otra posible hipótesis para futuros ejercicios críticos.
La producción de Verónica Uguet puede ser visualizada bajo esta perspectiva.
La artista, que luego de viajar por Argentina y Bolivia adaptó su trabajo al consumo callejero y a las variables productivas que estos tránsitos le proveían (materiales, paisajes, rostros, arquitecturas y escenas historiográficas y sociales), hoy presenta una serie de dibujos en los que aparece, al igual que en sus poemas, una iconografía erótico-feminista. Un teatro, que visualizado en el contexto de sus itinerarios ambulantes y de la defensa de un alma libre y mutante, sintoniza con las claves del anticolonialismo presentes en los proyectos de Duen Sacchi y Magdalena de Santo. Pareja argentina de artistas, performers, escritoras, investigadoras, ex-filósofas y docentes, que vive en España.
En su texto-pancarta Populismo cuir, aparece una tradición literaria que vincula la emancipación, con la politización y las expresiones sexo afectivas.
“Quería llegar con vos por primera vez a la pirámide de Plaza de Mayo, salir del confort de cada manifestación lésbica para reunirnos en esos icónicos ladrillos blancos rebalsantes de historias”.[7]
A lo largo de este cuento, Sacchi-De Santo asumen el paradigma de la colectivización mediante imágenes que tienen a la manifestación como estética y como estela de la resistencia.
El deseo, el sudor y el placer, tanto en sus piezas como en el resto de las producciones de esta muestra, funciona como motor y como zona de divergencia, formulando un desvío posible para la activación de un pensamiento crítico. Un sudario teórico y visual que pretende discurrir sobre la masturbación de los imbéciles como figura posible y como palimpsesto político, estéticamente cursi y tendencioso. Como brújula que al día de hoy sigue marcando la hegemonía de códigos cómplices de la normalización del héteropatriarcado y de las tecnologías de género.


NOTAS

[1] Julia Masacesse, “Prólogo”, en: Posmuseo, Buenos Aires, Malba, 2017, pp. 14-15.
[2] Paul B. Preciado, “Museo, basura urbana y pornografía”, en: Posmuseo, op. cit., p. 45.
[3] Diego Bonzi, “Manifiesto Afrodita”, 2017, publicado en este fanzine y en el portal El Corán y el Termotanque.
[4] Susan Sontag, “Notas sobre lo camp”, en: Contra la interpretación, Madrid, Alfaguara, 1996, pp. 355-376.
[5] Max Jorge Hinderer Cruz, “TROPICAMP: Pre- y Pos-Tropicália. Algunas notas sobre el contexto de producción de Hélio Oiticica en 1971”, en: AAVV, Ur_versitat 2012. Lecturas recíprocas y alternativas de la modernidad, Valencia, Editorial Universitat Politècnica de València, 2013, p. 72.
[6] Diego de Aduriz, “3 sexos”, 2013, publicado en este fanzine y también por Ediciones Belleza y Felicidad, Buenos Aires.
[7] Duen Sacchi y Magdalena de Santo, Populismo Cuir, 2017, Pancarta, ficción Social.


Texto curatorial publicado en en el marco de la exposición La hipótesis del masturbador imbécil, con obras de Gustavo Cabrera, Bruce LaBruce, Mauro Guzmán, Brian Kenny, Leo Peralta, Gorka Postigo, Verónica Uguet y Dani Umpi, y manifiestos de Diego Bonzi, Diego de Aduriz, Duen Sacchi y Magdalena de Santo (artista invitada: Clara Miño). La muestra fue realizada en la casa-taller de Mauro Guzmán, en Rosario, desde el 6 de octubre a noviembre de 2017. Fue concebida en el marco del proyecto Simposio Peluca.

Enlace al sitio web de la exposición y descarga del fanzine en pdf: click aquí.