domingo, 30 de octubre de 2005

Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario

Algo ha cambiado en la difusión de la producción artística local: los espacios alternativos se asocian con las instituciones oficiales. Aquí se ofrece un análisis de un fenómeno cultural en crecimiento 

Por Beatriz Vignoli y Nancy Rojas 

Hoy en Argentina, la multiplicación de "semanas del arte", con intervenciones en espacios públicos y encuentros de debate, se suma a las bienales y ferias de arte contemporáneo como una forma más de una tendencia consolidada en el ámbito artístico internacional. Ya en 1922 la "Semana de Arte Moderno", organizada por el pintor Emilio Di Cavalcanti, coincidiendo con el centenario de la Independencia brasileña, puso en el mapamundi del arte moderno a la ciudad de San Pablo. La Semana del Arte Avanzado de septiembre de 1967 en Buenos Aires añadió otro hito a la historia del arte de vanguardia.
Este año, en Rosario, hubo dos Semanas dedicadas al arte local. La más reciente fue la Semana de la cultura de Osde, que finalizó el pasado 23 de septiembre. La Primera Semana del Arte Rosario 2005 tuvo una gran acogida, extendiéndose a los espacios públicos y comerciales de la ciudad; y ya proyecta una segunda edición en septiembre de 2006. Ninguna de las dos hubiera sido posible sin la red de espacios alternativos que se viene tejiendo desde el último cambio de siglo en nuestra ciudad.

¿Alternativo versus oficial?
Estos espacios artísticos alternativos, a pesar de su autonomía, mantienen una relación de cooperación mutua con algunos ámbitos oficiales favorables al arte joven y contemporáneo. En la actualidad, tales instituciones museales rosarinas desarrollan formas de proyección hacia el contexto en las que incluyen, tienen en cuenta e invitan a participar a estas propuestas surgidas en forma independiente. El año pasado, el nacimiento del MACRO (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), afianzó en forma definitiva esta situación. Desde su origen, el MACRO se propuso institucionalizar ciertas vertientes de la producción actual.
Apenas un lustro atrás, la conflictiva muestra 34ARC (34 Artistas Rosarinos Contemporáneos), realizada con motivo de la reinauguración del Museo Municipal de Bellas Artes "Juan B. Castagnino", había marcado un cambio: los criterios de selección de los curadores Andrés Duprat y Sonia Becce tendieron a instalar a una neovanguardia joven y provocadora en el lugar del canon. Sólo unos pocos años después (entre 2002 y 2003), la palabra "emergente" comenzó a frecuentar el espectro de categorías establecidas para definir el panorama de las nuevas producciones artísticas. Así, los llamados "artistas emergentes" empezaron a ocupar un lugar específico en el ámbito del arte. Un hecho que no es extraordinario si se pone en foco el contexto artístico nacional.
Sin embargo, los modos de inserción han sido diferentes, sobre todo en la capital del país. Allí, en la década del 90, diversos creadores de reciente ingreso en su carrera pública comenzaron a ser tenidos en cuenta desde ciertos espacios alternativos, muchos de ellos enmarcados en la esfera oficial. Dentro de esta perspectiva, la instancia del workshop pasó a ser una zona hábil de legitimación, a través de programas como la Beca Kuitca o el Taller de Barracas. Trama (programa internacional de intercambio de pensamiento artístico) también puso en evidencia cierta aspiración por hacer extensivo el reconocimiento de los nuevos artistas del país. Dentro de este circuito, cabe considerar el rol que en los últimos años han jugado algunas galerías, tales como Ruth Benzacar, Dabbah Torrejón, Braga Menéndez, Alberto Sendros, Sonoridad Amarilla, Belleza y Felicidad. También otorgan visibilidad y reconocimiento algunas situaciones expositivas eventuales, tales como Estudio Abierto o la Feria de Galerías Arte BA, que este año abrió la zona "Barrio joven" para espacios independientes del país.
En cambio en Rosario son, fundamentalmente, las instituciones museales las que en primera instancia involucran a los artistas noveles en la escena local. Esto se pudo ver a partir de los radicales cambios que trajo aparejados la gestión de Fernando Farina como director del Museo Castagnino.
Luego de plantear un ciclo de muestras sobre artistas rosarinos contemporáneos, esta institución incluyó en su programa la iniciativa de emplear dos de sus salas para exposiciones de artistas de escasa trayectoria. Este ciclo de muestras desarrollado en 2003 por idea original del actual curador en jefe del MACRO, Roberto Echen, se denominó "Zona emergente", e instauró una nueva posición museal, en cierta medida antagónica con las tradiciones vigentes. Así es como artistas jóvenes tuvieron su muestra individual en la institución artística oficial más importante de Rosario, adonde antes sólo podían ingresar aquellos creadores que ya se habían reafirmado en cierto nivel de legitimación.
En los últimos tiempos, el Centro Cultural Parque de España también realizó exposiciones con artistas de poco vitae, entre ellas: Proyecto Ego, que llevó adelante Luján Castellani bajo las premisas de la artista española Carmen Cantón, la muestra colectiva de Sonoridad Amarilla coordinada por Chachi Verona, ambas de 2003, y la convocatoria Joven y efímero (2004 y 2005).
Debido a las nuevas y polémicas confluencias entre lo alternativo y lo oficial, la suma de nuevos espacios de próspera y relativa "independencia" genera cada vez más zonas para el debate y el pensamiento acerca de los mecanismos de difusión, producción y circulación del arte joven. Pero su presencia refuerza una hipótesis muy plausible: la alteridad, hoy, apuntala el poder convocador de las instituciones.

¿Por qué?
Privadas de base ciudadana, de representatividad democrática y de legitimidad civil por las dictaduras; vaciadas de recursos presupuestarios por el capitalismo salvaje de los 90, las instituciones culturales oficiales en Latinoamérica se debilitaron tanto en las últimas décadas que hoy lo que está por fuera del museo no cumple una función de antagonismo sino de reparación y apuntalamiento. Y pese a ello, en Rosario, ante la crisis que diezmó a las galerías comerciales, el Estado brinda el espacio para la primera muestra. Antes, a este espacio lo daban las galerías. Hoy, las pocas que sobreviven (Krass, Stein, y otras) no pueden afrontar solas el riesgo económico de la novedad.
Pero en nuestra ciudad los artistas se agrupan y autogestionan en respuesta a las crisis socioeconómicas e institucionales. Así, La Mutualidad de Berni reacciona contra la Gran Depresión y el golpe de Estado de Uriburu en 1930; el Grupo Litoral encuentra su razón de ser en generar alternativas ante las restricciones estético-políticas del peronismo; el Grupo de Artistas de Vanguardia resiste al golpe de Estado de Onganía, y Rozarte se autoconvoca ante los saqueos, la desestabilización, y el auge del neoliberalismo salvaje de julio de 1989.
La crisis política, económica y social de fines de 2001 y comienzos de 2002, que hirió de muerte a las galerías, fortaleció la red de espacios alternativos que ya había empezado a surgir en forma efímera con la galería Bis y los "departamentos de arte" de Leo Batistelli.
El golpe de Estado de 1976 parece haber tenido un impacto social demasiado fuerte para resistirlo públicamente: empujó a nuestros artistas a un repliegue en lo íntimo, oxigenado apenas por los salones oficiales y por las galerías comerciales. Los 70 y los 80 fueron dos décadas con circulación muy privada y preponderancia de la gráfica y de la pintura. Este rico y silencioso período de la historia del arte de nuestra ciudad se caracterizó por la prolífica producción de individualidades bien definidas, subjetividades visionarias surgidas de talleres particulares en la órbita del de Juan Grela. Sus técnicas tradicionales fueron templadas en el crisol de la experimentación continua.
Pero el "retorno" mundial de la pintura en los años ochenta, al hacer crisis hacia el final de la década, invirtió el esquema: en los 90 y 00, las técnicas tradicionales ya no serán sinónimo de lo aceptado a nivel oficial. Los nuevos estilos artísticos valoran la novedad, el ingenio y la audacia. A estos criterios, que en los años sesenta eran específicos de una vanguardia "alternativa", hoy los ha heredado la neovanguardia, llevándolos al seno de los espacios institucionales de legitimación. Hoy la vanguardia está consagrada. Su hegemonía, a la que Rosario no es ajena, dominó la última década y media a través de las grandes muestras internacionales.
Algo ha cambiado en los últimos quince años. Tras el aislamiento de los 70 y 80, parece que lo "alternativo" ya no calca idéntico al esquema de "resistencia al sistema" propio de la política de izquierdas. Si la vanguardia, al menos hasta los sesenta, buscaba demoler o por lo menos contradecir lo establecido, hoy lo "otro" se nos presenta como "zona emergente" que sale al encuentro de la institución oficial (centro cultural o museo) donde espera ser incluido, y no en un futuro lejano.
La coyuntura local actual está marcada por una atmósfera más calma que al comenzar este siglo, con una sociedad que se corrió de aquel escepticismo que había colmado todos los ámbitos durante la etapa aguda de la crisis. Por otra parte, la sensación de debilitamiento y de desgaste arrastrada por la última dictadura militar se ha ido suavizando.
Sin embargo, hoy, en materia de cultura, nuestro Estado no cumple con sus deberes. No ha garantizado el buen funcionamiento de las universidades, no ha generado becas para artistas e instituciones más que el que brinda el Fondo Nacional de las Artes, y tampoco ha dispuesto un cuerpo de leyes que tiendan a incentivar a las empresas a colaborar con el funcionamiento de las actividades artísticas. Y unos cuantos artistas locales de trayectoria todavía esperan sus muestras retrospectivas museográficas.
El antagonismo de lo alternativo parece haber gastado la energía que obtenía de su propia contradicción, por lo cual el diálogo con lo institucional aparece hoy como la condición necesaria de la recepción del arte.

Una red del nuevo siglo
Las últimas salas de muestras proponen formas innovadoras de exposición e intercambio
En el año 2001, el grupo En Trámite abrió la sala de exposición La Gestoría en los altos de ATE, y Florencia Balestra amplió su local en Pasaje Pam para crear una pequeña galería de arte. Ambos proyectos, en su forma inicial, duraron una decena de meses. Pero en los dos últimos años las salas de arte del pasaje céntrico revivieron y empezaron a ofrecer mes a mes un "primer viernes" de inauguraciones y eventos interdisciplinarios.
Bajo el nombre común de "Cultura pasajera", se incluyen en la "movida" la trastienda de la librería Imaginen todo, las vitrinas del pasaje mismo y E.X.P.A.C.I.O, dos paredes en la marquería Rivoire. Además de 70veces7, un efímero espacio de arte en Entre Ríos al 700 que ofrecía además un bar y ropa vintage reciclada, el 2003 vio nacer otros tres emprendimientos alternativos, que siguen funcionando: Icaro, o Instituto de Artes Contemporáneas de Rosario, que llevó a cabo el Congreso de las Lenguas. Josefina Merienda, un espacio de arte gestionado por artistas jóvenes en la zona oeste; y el CAMP (Centro de Apertura Multicultural de Pichincha).
En ese mismo barrio se abrió al año siguiente El levante, dedicado a la formación artística a cargo de los docentes y artistas Graciela Carnevale y Mauro Machado. Y en el centro, también desde el 2004, funcionan muy activamente La Caverna y el colectivo autogestionario Roberto Vanguardia, que en un gesto dadaísta acaba de decretar su propia "muerte" como sujeto grupal. Entra en este espectro el Club del dibujo que lleva adelante la artista y docente Claudia del Río a través de encuentros en distintos lugares y con novedosas modalidades de exposición e intercambio.
Algunos de estos nuevos espacios locales se suman a aquellas iniciativas de otras ciudades del interior que hoy son importantes referencias para el contexto nacional: La Baulera en Tucumán, Casa 13 en Córdoba, espacio VOX en Bahía Blanca, Estudio 13 en General Roca, MOTP y Baltar Contemporáneo en Mar del Plata, entre otros. Sin duda, nos encontramos ante un nuevo panorama donde lo que se destaca es la existencia de un campo alternativo para el arte, constituido por entidades que no entran dentro de la categoría de "museo", ni tampoco en las de "institución" o "galería".
A la vez, ha cambiado el perfil del artista. Este manifiesta otro tipo de conciencia, más responsable: asume su lugar social de artista gestionando la difusión de su propia obra, a pesar de que el panorama aún se muestra hostil en materia de presupuestos y de mercado. En efecto, ya no predominan entre las comunidades artísticas aquellos discursos atravesados por la convicción de que en Rosario nada es posible. Este cambio en la conciencia, que se dio después de la crisis de 2001, ha sido un factor ineludible en la emergencia de toda clase de proyectos autogestionarios.

Camp (Centro de Apertura Multicultural de Pichincha) en Suipacha y Jujuy, es coordinado por Alejandro O'Shea y Diana Ivern. En Mendoza 6304 Ignacio Argañaras, Georgina Ieraci y Maximiliano Masuelli coordinan Josefina Merienda. El espacio de arte El Pasaje, que incluye E.X.P.A.C.I.O (Marquería Rivoire) y la Librería Imaginen todo, coordinados por Florencia Balestra, Román Rivoire y Mauro Guzmán, pueden visitarse en la Galería del Pasaje Pam de Córdoba 954.
Icaro, coordinado por Rodolfo Hachén, atiende los lunes a viernes de 18 a 21 y los sábados de 10 a 12 en 1º de Mayo 1117, planta alta. La Caverna, espacio coordinado por Hugo Masoero y Eduardo Esquivel en el subsuelo de Catamarca 1301, está abierto de lunes a viernes de 17 a 20, y los sábados de 17 a 20. El Levante, en Riccheri 120, está coordinado por Graciela Carnevale y Mauro Machado (contactoellevante@yahoo.com.ar). Estos son sólo algunos de los nuevos espacios de arte en Rosario.

viernes, 13 de octubre de 2000

Entrevista a Rodolfo Elizalde / Edición fragmentada

Después del paisaje urbano cambié y ahora pinto paisaje rural. Hay varias razones que yo encuentro, porque opinar de la obra de uno es un peligro, es como hablar del hijo. Claro. Entonces se agotó un poco aquello, porque además recién ahora me doy cuenta de que esa pintura de paisaje urbano se había convertido un poco en algo muy relacionado con el proceso militar, con esa opresión, una pintura donde había puertas y ventanas cerradas, nunca hubo un personaje, una planta, nada. Entonces era una pintura muy tensa. Estaban muy relacionados los valores, los colores. Eso se agotó y me agotó un poco porqué era muy duro llevarlo adelante.
[…]
Soy observador, creo que todos los pintores, por lo menos todos los dibujantes son observadores. Es fundamental. Yo era muy observador de chico, detallista, analista. Yo veo una película y estoy una semana hablando de la misma si vale la pena. Soy así muy analítico. No creo ser intelectualizado, pero quiero entender, desentrañar, tratar de pasar los sentidos, la simple lectura de los sentidos porque es una verdad muy aparente la de los sentidos, la.de los ojos, la del tacto, la del oído, es muy del envase de las cosas.
[…]
No estoy muy seguro de lo que digo, trato de ser honesto. Uno tiende a hablar bien de uno, como dijo Benedetti: «Hay que tener cuidado con la autocrítica porque el público lo puede creer». Entonces yo creo que lo que estoy haciendo ahora tiene que ver con la tierra, con las plantas, de alguna manera como referente de algo de lo que hoy nos hemos apartado demasiado. Creo que yo le tengo afecto a eso. Para mí serían como modelos de algo, personajes estoicos sufridos, de una vida sin pretensiones y sin concesiones. Es decir, la lectura de eso en el nivel humano sería lo contrario a estar sumidos en un egoísmo fatuo superficial, frívolo, reductor, empobrecedor espiritualmente, porque creo que si algo podemos hacer por nosotros los humanos es enriquecernos espiritualmente.
[…]
Ya estoy harto de sistemas económicos de gente enriquecida, incluso el sindicalismo argentino ha sido economicista durante muchos años. Yo no estoy en contra del pan y del trabajo como dijeron muchos, pero me parece muy poco decir nada más que eso. Yo creo que sí, tenemos derecho al pan y al trabajo y creo que la mayor parte de los habitantes argentinos ahora no lo tienen y lo lamento mucho, y creo que deberían tenerlo, pero la vida debe ser más que eso.
[…]
Estoy harto de una sociedad consumista, estúpida. No estoy bautizado en las aguas de la pureza, ni me vacunaron contra el aplauso ni contra las fotos en el diario. Pero solamente eso me parece muy estúpido. Creo que vale la pena vivir para algo más que eso.
[…]
Creo que mi comunidad se merece que yo haga esfuerzos para dejarle algo inevitablemente mío. Creo que hago esfuerzos con toda mi sabiduría y mi contracción al trabajo para dejarles algo inevitablemente mío. Bueno, si no sirvo o no les gusta... qué se yo. Pero creo que ese es el riesgo y la prueba.
[…]
Yo no tengo un referente. A mí me gusta muchísimo pintar, y me gusta mucho ver pintura, también me gusta mirar la de los chicos, la de mis nietos. Hay pintores a quienes reconozco como maestros, de los que yo aprendo muchísimo y creo que hay otros pintores que me impactan, que me emocionan o que me conmocionan inevitablemente, como algo, inevitable, un golpe, un mensaje que va más allá de mi decisión o de mi lectura. Ahora, cuando pinto, no pienso ni en fulano ni en mengano; es más, pinto lo que pienso y siento por mi cuenta.
[…]
Creo que Rosario es una ciudad muy productiva, es lo que más me gusta de Rosario, es decir, gente que hace cosas que me parecen importantes. No solamente en el campo de la plástica y del arte. Pero creo que inevitablemente también, dentro de la sociedad en que vivimos los apoyos que nos faltan son muchos. Hoy son escasos y tendenciosos y tal vez no con mala intención pero se apoyan solamente determinadas tendencias. Es decir, yo creo que si hay algo que vale la pena, es estimar la diversidad.
[…]
Hay una cosa que es básica e irrenunciable y esas son las cosas que a mí me interesan. Las cosas básicas fundamentales, como es poner en contacto a la obra con su público. Eso no puede ser ni tendría que ser evitado: auspiciar la exhibición de la obra de los artistas plásticos locales para el público de Rosario.
El espectador tiene que tomar iniciativa para penetrar en la obra plástica, tiene que entrenarse de alguna manera para penetrar esa pasividad aparente que tiene la obra plástica. Hay que estimularlo y hay que darle educación.
[…]
No me preocupo por ser coherente. Porque yo escucho música, y me gusta mucho Bach, Mozart y Beethoven. Yo no soy creyente pero Bach es el mejor argumento que he escuchado a favor de Dios. Creo que realmente creía en Dios y hacía todo lo posible por él. Pero yo no me preocupo por ser coherente.
[…]
Creo que se aprende arte haciendo, si bien aprender artes plásticas no es solamente aprender un oficio, una artesanía. Creo que fundamentalmente hay que enseñar y aprender el lenguaje, o siquiera los lenguajes de la plástica, o mejor, los elementos de esos lenguajes que han quedado como aportes y que pueden ser utilizados por todos nosotros con nuestras intenciones y propuestas personales. Pero se aprende sólo cuando esos elementos se ponen en juego en nuestros intentos plásticos expresivos.
La originalidad no surge copiando la originalidad de otro. Sí, se puede aprender de otro para hacer algo que debo hacer yo y no otros.
¿Cómo hago yo lo que no puede hacer otro por mí?
Siendo humilde conmigo mismo, siendo sincero conmigo mismo, siendo respetuoso conmigo mismo y con los demás. Si nos exigimos éxito inmediato acudimos al macheteo, al robo, si nos permitimos el error, la búsqueda, el juego, hasta la sensualidad de disfrutar la tarea de pintar, entonces nos familiarizamos y nos apropiamos de elementos que se nos incorporan.
[…]
Creo que en última instancia lo importante es reconocer una obra de arte como tal, reconocerla aunque cueste un tiempo, claro. ¿Cómo voy a reconocer de inmediato, una obra de arte? Si el que la hizo que es talentoso, hace un tiempo que viene trabajando, madurando una tarea de la cual eso que estoy viendo es sólo un ejemplar. Viene desarrollando, madurando un lenguaje, una temática, una orientación. Entonces puedo no estar a su altura. Puedo necesitar más tiempo. Creo que en vez de hacernos definidores y normativos... ¿Por qué somos tan normativos? ¿Por qué no aprendemos a convivir con la variedad?
A mí, lo único que me interesa como productor es que nadie haga lo que hago yo. Y que me dejen hacer a mí lo que yo quiero hacer.


"Entrevista. Fragmentos", por Nancy Rojas. Edición sintetizada de entrevista a Rodolfo Elizalde, realizada en Julio de 1999, Cátedra de Sociología del Arte, Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.
Publicada en: Rodolfo Elizalde. Pinturas 1989-1999, Rosario, UNR Editora, octubre de 2000, pp. 81-83.