jueves, 24 de marzo de 2011

Clínicas Underground / Un proyecto de Studio Brócoli

Clínicas Underground es un proyecto de Studio Brócoli creado para explorar, pensar y reformular aquellas zonas subterráneas de las prácticas artísticas contemporáneas, a partir de producciones personales o colectivas.
El programa se basa en el desarrollo de encuentros de formación, intercambio y discusión, a realizarse en torno a las propuestas de quienes deseen revisar el abordaje de sus discursos con amplitud de perspectivas.
En el primer lanzamiento del programa se abren las siguientes convocatorias:

Destinada a creadores audiovisuales, performers y autores de proyectos multidisciplinarios. A cargo de Mauro Guzmán y Nancy Rojas. Se halla abierta la inscripción. Comienza el lunes 2 de mayo.
Taller de pintura "El Hurón Rojo". Dirigido a estudiantes y aficionados decididos a emprender una experiencia de taller a partir de un proyecto personal basado en la pintura como práctica. A cargo de Sebastián Pinciroli. Inscripciones abiertas durante todo el año.
Clínica de transformismo. Una propuesta para creadores de cualquier especificidad interesados por incorporar en sus proyectos un proceso de investigación y búsqueda sobre el transformismo como táctica de producción. A cargo de Silvia Sánchez Bengoechea y Mauro Guzmán. Se halla abierta la inscripción. Comienza el miércoles 4 de mayo.
Para artistas que necesiten desarrollar instancias de análisis y revisión de sus producciones en forma individual. Inscripciones abiertas durante todo el año.

En el futuro, incorporaremos encuentros destinados a críticos y periodistas del campo del arte, a disc-jockeys emergentes, a realizadores del ámbito del teatro y a investigadores enfocados en el cine experimental. Asimismo, se ofrecerán Clases de Historia del arte para viajeros que planeen visitar museos de Europa.

Consultas por mail: studiobrocoli@gmail.com
Descargar el programa completo en PDF: click aquí
La información ampliada sobre cada clínica se encuentra tanto en el documento PDF como en el blog del proyecto: www.clinicasunderground.blogspot.com.

martes, 21 de diciembre de 2010

Estatutos del milenio vigente

El papel de Rosario en la decantación de la situación cultural de la Argentina contemporánea.

La ubicación de Rosario ha resultado estratégica para definir su estatus de polo cultural de referencia en la visualización de aquellos procesos y dinámicas de creación que caracterizan los desarrollos del arte argentino a lo largo del siglo XX.
Esta circunstancia hoy puede ser reconsiderada partiendo de un ciclo decisivo, registrado en el inicio de este siglo. Una instancia que puso en foco la reactivación de programas y discursos, los cuales pasaron a cumplir un papel esencial en las articulaciones dadas por la emergencia y la propagación de los lenguajes contemporáneos.
El espíritu del nuevo milenio impulsó la radicación de una figura clave hasta el presente: el proyecto de gestión, propiciado tanto por artistas como por instituciones. Anclados en distintas áreas de trabajo, los agentes de este prototipo asumieron la etapa del ocaso de la globalización planteando otros núcleos de proyección de la producción local. Inevitablemente, se inclinaron por mostrar aquellas problemáticas derivadas de las carencias del contexto. Aparecían, entre otras, la escasez de lugares encargados de promover las expresiones e inquietudes de los creadores de la ciudad, y la evaporación progresiva del mercado del arte.
Al pronunciarse este panorama, la escena dejó aflorar una cualidad determinante para la redefinición de su lógica: la relación de reciprocidad entre lo alternativo y lo oficial.
En 2005, junto con Beatriz Vignoli,1 señalábamos los vínculos de cooperación mutua entre los llamados espacios alternativos, surgidos después de la crisis social, económica e institucional de fines de 2001, y un ámbito oficial favorable al arte contemporáneo.
Desde entonces, establecimientos como el Museo Castagnino+macro, el Centro Cultural Parque de España, el Centro de Expresiones Contemporáneas y el Centro Cultural Lavardén, entre otros, incluyen en sus planes a una seguidilla de proyectos surgidos en forma independiente.
Esta confluencia entre lo alternativo y lo oficial fortaleció la discusión sobre los mecanismos de difusión y circulación del arte. Su presencia dilatada afirma una hipótesis ya registrada a mediados de la década que nos precede: la alteridad apuntala el poder convocador de las instituciones.
Pero este modelo asociativo se halla atravesado por un factor exclusivo. El rango adquirido por lo emergente, que ha estimulado a algunas de las disputas vigentes. Si hasta los sesenta la vanguardia combatía lo establecido, desde hace unos años, lo otro se presenta como relato emergente que sale al encuentro de la institución, donde espera ser incluido.
Ésta parece ser una fórmula estable de la coyuntura que define al arte de Rosario en los años recientes.

La gestión como normativa
Si la concreción de una escena, basándonos en los postulados de Justo Pastor Mellado, tiene como premisa el triángulo institucional formado por la musealidad, la enseñanza y la crítica,2 las flaquezas que declara esta ciudad en las dos últimas áreas permiten tantear otra hipótesis. La existencia del museo y la consolidación de la musealidad no sólo fortalecen sino que constituyen sistemáticamente a la escena de Rosario.
En este plano el Museo Castagnino+macro cumple un rol jerárquico. A través de sus acciones, Rosario se convirtió en uno de los principales centros de contención de ideas y propuestas de posible inserción en los debates instalados en el país y en Latinoamérica.
Ante la necesidad de problematizar la concepción generalizada de arte argentino, bajo la dirección de Fernando Farina, esta entidad formuló una política de adquisiciones destinada a la formación de una colección de arte argentino contemporáneo (2003), planteada a partir de donaciones de los artistas. Este hecho, que derivó en el nacimiento del macro en noviembre de 2004, terminó por concretar uno de los casos más radicales de institucionalización de las artes contemporáneas en el país.
Al día de hoy, el Castagnino+macro juega un papel notorio con relación a los niveles de visibilidad del movimiento local. Aunque el mayor grado de relevancia alcanzado pasa por su colaboración en el proceso de exteriorización de las escenas que componen el mapa argentino. En este sentido, parece haberse auto-atribuido algunos deberes de las instituciones degastadas a nivel nacional, para fundar un paradigma de referencia en la tendencia hacia la descentralización.
Pero esta condición expansiva del museo no hubiera prosperado sin la perspectiva crítica que ha enrolado, desde el comienzo de 2000, a los proyectos auto-gestionados. Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, éstos se posicionaron reflexivamente con respecto a las dificultades que este medio pone evidencia. La inexistencia de entidades dedicadas a la comercialización de la obra contemporánea y, por otro lado, la escasez de experiencias de formación, discusión y diálogo forman parte de las preocupaciones que irradia esta época.
Desde este lugar, la crisis de 2001 puede ser leída como un fenómeno que la generación naciente ha tenido que procesar obligatoriamente. La manifestación de una nueva sensibilidad incitó a que, a lo largo de estos años, una suma importante de autores se aglutinaran formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, que fueran partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, los creadores de este milenio debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Cintia Link es uno de los colectivos que nos permite arribar a este planteo, tanto por la fecha en que fue concebido como por la lista de actores implicados. Se trata de una propuesta de formación, producción, intercambio y gestión surgida en 2001, que llegó a concretar sólo unas pocas acciones, pero que influenció a algunas de las tentativas grupales aparecidas a posteriori.
Cintia Link partía de una metodología de trabajo proveniente de la actividad agrícola-ganadera: el Proyecto CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola). Una asociación civil sin fines de lucro fundada en 1960, que sirvió de estímulo para la organización de este clan, constituido por autores de distintas generaciones y con concepciones estéticas diversas: Eladia Acevedo, Leo Battistelli, Graciela Carnevale, Luján Castellani, Hugo Cava, Leandro Comba, Claudia del Río, Celina Fuster, Marina Gryciuk, Mauro Guzmán, Fabiana Ímola, Andrea Ostera, Norma Rojas y Román Vitali.
El boceto general de Cintia Link3 anuncia la realización de programas de formación y creación, publicaciones teóricas e intervenciones en la ciudad y en el mundo virtual. En cuanto a gestión, prevé la ejecución de un plan de divulgación de la forma de operar ideada, para impulsar la conformación de otros grupos paralelos. También contempla la fomentación de instancias de intercambio con artistas, agrupaciones e instituciones.
Según se advierte en este mismo documento, a futuro, Cintia Link iba a contar con un espacio físico propio, de manera de lograr la expansión e interacción con la ciudad, e integrarse en el plan urbano-cultural que, por entonces, se estaba gestando en la zona de Pichincha. Este paraje iba a alojar a artistas en residencia e iba a ser sede para la recepción de iniciativas, sobre todo, de las que fueran de naturaleza colectiva.
En el contexto controvertido de la crisis y desde una ciudad que, en ese momento, se asumía como periférica, Cintia Link aspiraba a establecer un puente entre creadores, instituciones, empresas y ciudadanía.4
La quimérica propuesta, que cuenta con un descendiente indirecto –El Levante-5 siendo su antecedente más cercano el grupo Rozarte (1989-1997), pivota sobre una noción de la práctica artística basada en el canje de experiencias, el trabajo en equipo y la confección de una estructura para la implementación de un modo de gestión artística programada en y para el territorio recortado de Rosario.
Dadas estas consideraciones, Cintia Link nos permite remontar todos los aspectos de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social que trabaja con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
El proyecto, formulado por autores que hoy siguen produciendo individualmente, caducó antes de extender su circulación. Sin embargo, su diagrama prescribe un cambio en la figura del agente cultural que se desempeña en este entorno.
A tono con la consagración del arte relacional, aquel que desde la perspectiva de Nicolas Bourriaud toma como horizonte teórico a la esfera de las interacciones humanas y su contexto social,6 esta asociación revela las mismas inquietudes hoy expresadas por el valioso plantel de iniciativas sujetas al prototipo de la gestión artística.

El fin de la condición periférica
Legendariamente, en la producción rosarina subyace una tensión entre los lenguajes del arte internacional y argentino y la historia local.
Esta realidad hoy se ajusta a una experiencia del arte contemporáneo asumida a partir de la gestión como normativa, y con respecto a una necesidad capital: la de la proyección hacia afuera.
Lejos de aggiornarse a la vieja situación periférica, hoy en día, los autores rosarinos prosperan en un circuito más amplio que el de su propia ciudad.
Rosario como locación les ha propiciado una consagración demorada, pero en muchos casos heroica. A expensas de la inexistencia de un mercado y en un campo reticente a la circunstancia de la moda efímera, los artistas de las generaciones recientes elaboran otro tipo de estrategias para posicionar sus obras, resultando sus discursos a veces solitarios pero marcadamente consistentes.
Un aspecto a destacar es la creciente ambición por abarcar distintas esferas de la creación. El diseño, el cine, la moda, la poesía y la música, entre otros, son géneros constitutivos de las alianzas perceptibles en la trama actual de la portada artística. Pero no sólo los artistas, sino también el resto de los agentes de esta escena vivifican la coronación globalizada del arte relacional.
No obstante, además de deteriorarse la unilateralidad del sentido estético, los límites entre lo público y lo privado, entre lo histórico y lo emergente y entre lo instituido y lo marginado han quedado obturados. Los creadores-gestores de este tiempo, más que dueños de sus propias prácticas, son consumidores inquilinos7 de la cultura contemporánea, aventurados por transitar varias de sus veredas para habitarla.


NOTAS

[1] Vignoli, Beatriz y Nancy Rojas, Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario, Rosario, La Capital, Suplemento Señales, 30 de octubre de 2005.
[2] Mellado, Justo Pastor, “Historias locales, archivos, musealidad”, Huellas, año 3, núm. 3, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Ediciones del Taller, 2003, p. 51.
[3] Proyecto “Cintia Link”, fotocopia de original mecanografiado, 8 páginas, Rosario, 2001. Archivo Mauro Guzmán.
[4] Proyecto “Cintia Link”, op. cit., p. 1.
[5] El Levante es un proyecto que entre 2003 y 2008 adquirió visibilidad a través de un taller de análisis y confrontación de obra, un espacio de muestras y debates y un programa de residencias e intercambios para artistas. Hoy en día, opera solamente como un ámbito de reflexión y discusión, que se afirma en el intento de producir formas de autonomía y resistencia cultural desde el campo del arte. Sus mentores fueron Mauro Machado y Graciela Carnevale. Actualmente lo coordinan ambos junto con Lorena Cardona y Luján Castellani.
[6] Bourriaud, Nicolas, “La obra de arte como intersticio social”, en: Estética relacional, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2006, p. 13.
[7] Certau, Michel de, “Leer, conversar, habitar, cocinar…”, en: La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana, 2007, pp. 51-53.

Publicado en: AA.VV., Poéticas contemporáneas: itinerarios en las artes visuales en la Argentina de los 90 al 2010, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2010, pp. 47-49.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Eco-sistema Oroño

Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.
Inauguración: 18 de diciembre de 2010, sede Castagnino, planta baja, Av. Pellegrini 2202.
Curaduría: Roberto Echen + equipo curatorial Castagnino+macro (Constituido por: Nancy Rojas, María de la Paz López Carvajal, Marcelo Villegas, Leandro Comba y dirigido por Roberto Echen.) + estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes U. N. R. (coordinados por Adriana Corro).

Eco-sistema Oroño es, por un lado, la muestra anual de la colección Castagnino+macro, por otro, la propuesta que anticipa el programa 2011 del museo que la alberga: macro-ecología. 
La puesta en escena invita a pensar la sede Castagnino como el otro polo del sistema que define a esta institución: el sistema maquínico Castagnino+macro. En esta dirección, el corredor Oroño opera como plataforma metafórica para plantear un puente de vinculación entre ambos establecimientos.
El guión que propone Roberto Echen para el diseño de la exhibición tiene la siguiente configuración:
Primer núcleo: Presenta el conjunto correspondiente a la donación Astengo desplegado bajo la curaduría de María de la Paz López Carvajal, quien se halla a cargo de la investigación de dicho cuerpo de obra. Artistas: Ernest Hébert, Pasquale Celommi, Charles Daubigny, Gustav Herting, Willem Roelofs, Joaquín Sorolla y Bastida, Camille Pissarro, Salvador Sánchez Barbudo, Narcisse Virgile Díaz de la Peña, Eugène Isabey, Ignace Fantin Latour.
Segundo núcleo: Se conforma con una propuesta de Nancy Rojas de vincular artistas contemporáneos con históricos de la colección, mediante la invitación a los primeros a elegir a uno del segundo grupo con quien formar dúo. Artistas: Estanislao Florido - Fernando Fader, Claudia del Río - Antonio Berni, Roxana Ramos - José de Ribera, Adriana Bustos - Liliana Maresca, Santiago Porter - Roberto Aizenberg, Andrés Sobrino - Raúl Lozza, Luciana Lamothe - Lucio Fontana, Raúl Flores - Lucio Fontana, Javier Carricajo - Francisco de Goya y Lucientes, Ramón Teves - Alfredo Guido, Cynthia Kampelmacher - Martín Malharro, Carlos Herrera - Nicasio Fernández Mar.
Tercer núcleo: Se define con la curaduría de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes, quienes trabajaron a partir de un disparador: la línea de horizonte. Artistas: Marcelo Pombo, Marie Orensanz, Walter de Navazio, Alfredo Guido, José Malanca, Ramón Silva, Jorge Luis Acha, Hernán Marina, Marina De Caro, Paola Vega, Carlos Herrera, Roberto Echen, Eduardo Serón, Juan Martín Juares, Clorindo Testa, Mónica Van Asperen, Martín Kovensky, Yamandú Rodríguez, Ananké Asseff, Kasuya Sakai, Eduardo Stupía, Martín Malharro, Américo Castilla, Augusto Schiavoni, Matías Duville, Arturo Aguiar.
Cuarto núcleo: Constituido por la sala Juan B., que continuará sin modificaciones de la exposición anterior Sobre gustos... A su derecha se suma una pieza paradigmática de la colección de arte argentino contemporáneo: Jaula con aves, de León Ferrari. Artistas: Gerard Van Soest, Jan Gossaert (o Gossart) llamado Mabuse (atribución), Juan de Valdés Leal, Luca Giordano, Anónimo (Escuela italiana, siglo XVIII), Gerard David (atribución), Anónimo (Escuela italiana siglo XVI), Francisco de Goya y Lucientes (atribución), Marteen Van Heemskerck, León Ferrari.

TEXTOS DE LA MUESTRA / Descargar archivo PDF

Datos de la obra reproducida: Lucio Fontana, Concepto espacial, 1951, óleo sobre tela, 50 x 80 cm, colección Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.

Crédito fotográfico: Norberto Puzzolo, Archivo Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Acerca de Crudo, una obra de Mauro Guzmán

Crudo: fabricar un terreno para ensayar lenguajes en el marco de un discurso artístico de aspectos empíricos pero profundamente críticos y políticos.
Crudo: o la derivación de un proceso definido por la ambigüedad icónica y conceptual, la puesta experimental y el riesgo a la hora de concebir un film como obra.
Crudo: una interpretación personal de prototipos visuales que ponen en jaque mecanismos de una cierta autorreferencialidad.
En esta ocasión, Crudo y el idilio de Guzmán por Leonardo Favio, por sus imágenes camp, por el brillo saturado y la impostura a la que los actores han sido sometidos. También el factor escenográfico. En este plano, Favio y el paisaje, Favio y el relato, Favio y lo natural, y lo artificial, Favio y la exploración del lenguaje. Y con la misma lógica, Guzmán y la exploración del lenguaje de Favio. Guzmán y un estudio a través del cual lee su propia obra, en este caso, teniendo como base los materiales del rodaje de Nazareno Cruz y el arte.
…el trayecto desde la poética del recurso a la noción del recurso mismo como discurso. Allí es donde se halla la clave procesual de este proyecto.
…el empleo del residuo. La cocina de la puesta en escena y de sus coordenadas. Y finalmente, pulir la totalidad para obtener el cómo de la construcción del enunciado. Pues los restos también hacen a la forma y el contenido. Lugares donde se concreta la esperanza de la materia que quedó fuera de la película.
Crudo: el cuerpo y la apropiación de su contexto… en crudo. Espacio para despuntar tanto el desenfado de lo escenográfico como una visión autoral del amor, de los modos posibles de la acción y de sus fisuras.
De Favio a Guzmán, de Linda Bler a Griselda y así sucesivamente. El autor, su fábula y sus poluciones artísticas.
Crudo: cámara y acción. Convertir un estudio de filmación en un laboratorio para la investigación, para una búsqueda ensayística. El cine y el arte en su máximo grado de putrefacción, a tal punto que la ficción se extingue. Puesto que Crudo también es el absurdo de anular la edición tras otorgarle protagonismo al sobrante y tejer una trama visual y poco narrativa, solamente con piezas de lo que devino en resto.
Crudo: estética de lo residual en un desarrollo que admite el impacto de la referencia. De Favio a Jeff Koons y de este a Andy Warhol. Y por ende, traer a colación la situación de una filmación rodada en una Factory que conceptualmente es una ficción y que se llama Studio Brócoli.
En Crudo, el camino elevado desde el deseo del film terminado a la apertura de un margen para la exhibición del error.
En Crudo, el ocaso de la pantalla grande en favor de un rastreo más bien intimista. Y así, el permiso para penetrar en algo que el propio autor no había previsto mostrar. Esas capas de la producción que constituyen el abismo de aquello que aún está por entrar en otra fase. Es decir, la materia fílmica a la intemperie, limpia de edición y fiel a una realidad. La realidad de Guzmán como artista, como director y cameraman, como Linda Bler y como otras tantas identidades; la realidad de sus actores, la de la puesta en escena y, en este sentido, la de las instalaciones que construyó como escenario.

El proyecto Crudo fue exhibido en Ribuar Espacio de Arte, Rosario, Pasaje Pam, del 26 de junio al 26 de agosto de 2008.

Texto publicado en: revista Arta, núm. 4, Buenos Aires, 2010, p. 16. Enlace al sitio web de la revista: click aquí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La gestión artística: una normativa

En el campo del arte argentino, la crisis de 2001 puede ser leída como uno de los principales focos de irradiación de una sensibilidad cultural vinculada con el prototipo de la gestión artística.
Con la marca ineludible de experiencias como Tucumán Arde, varios de los autores de la generación que proliferó en el nuevo milenio se aglutinaron formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, comenzaron a ser partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, estos creadores debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, los espacios independientes de este siglo surgieron para imponer una perspectiva crítica con respecto a las dificultades que el ámbito artístico argentino venía poniendo en evidencia. Las falencias relacionadas con la posibilidad de comercialización de la obra contemporánea, así como también la necesidad de experiencias de formación, discusión y diálogo perfilaron la condición expansiva de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social destinado a trabajar con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
Es así como en el entorno del arte contemporáneo, los denominados otros espacios han llegado a cumplir un rol distinguido. Con otras claves y con características que dependen del contexto en donde se han desarrollado, éstos ingresan en los debates actuales propiciando un cambio en la figura del creador.

Publicado en: AA.VV., 6SAR/10. Cabildo Abierto del Arte, Sección "Ponencias: Otros espacios", Rosario, Ediciones Castagnino+macro, 2010, p. 27. Descargar publicación completa: click aquí.

jueves, 22 de abril de 2010

macro incorporaciones 2010: la crisis como prospecto

Exposición colectiva con obras de la colección Castagnino+macro
Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.
Inauguración: jueves 22 de abril de 2010, sede macro, Bv. Oroño y el río Paraná
Cierre: martes 22 de junio de 2010.
Curaduría: Nancy Rojas

Artistas: Dani Umpi, Juan Carlos Romero, Colectivo Cateaters (Inne Martino, Franco Orellana, Melina Torres, Iván kozenitzky, Paula Seminara, Javier García Alfaro y Fabricio Caiazza), Soledad Dahbar, Gastón Pérsico, Diego Bianchi, Dino Bruzzone, Carlos Herrera, Rubén Baldemar, Estanislao Florido, Daniel Basso, Marcela Astorga, Arturo Aguiar, Paula Senderowicz, Nico Sara, Juan Beccar Varela, Eduardo Gil, Ivana Salfity, Yamandú Rodríguez, Leila Tschopp, Ariel Cusnir, Roxana Ramos, Guadalupe Miles, Cecilia García Ruffini, Roberto Echen, María Laura Buccianti, Carolina Andreetti, Mauro Guzmán, Lorena Ventimiglia, Cynthia Kampelmacher, Rodrigo Cañás, Florencia Blanco, Edgardo Giménez, Dalila Puzzovio, Carlos Squirru, Mirtha Dermisache, Fabio Kacero, Rozarte, León Ferrari, Marcela Sinclair.
Diseñadores: Grandelin (Juan Manuel Ariño, Andrés Carpinelli y Juan Francisco Pes), Diseñaveral (Maximiliano Cifuni y Leandro Laurencena), Cecilia Richard, PoPi (Objetos impacientes. Oliveros, Argentina. Coordinación del proyecto: Virginia Massau).

NÚCLEOS DE LA EXPOSICIÓN

Dramática. Dani Umpi y la proyección de un ciclo que altera la perspectiva de la colección Castagnino+macro a través de la incorporación de producciones discográficas.
Terror. Una obra de Juan Carlos Romero pone en juego la carga simbólica de este concepto, liado tanto a instancias de corrupción como a expresiones de pánico. Nombrar al terror, hacerlo inteligible, nos permite habilitar un espacio para la circulación de algunos guiños conceptuales arraigados en los planteos estéticos y filosóficos recientes.
Pinche. Empalme Justo. Un proyecto que en sí mismo documenta el supuesto del arte como delito. Inscripto en un caso judicial verídico, presenta nuevas locaciones de la expresión artística haciendo eco del papel protagónico que tiene la justicia en el escenario de la crisis.     
Resonancia. Una propuesta de Soledad Dahbar recluida en la estructura de la evocación como promesa permanente de la incertidumbre de esta época.
Diseño contemporáneo. Procesos de producción entre lo artesanal y lo industrial plasmados en los inicios de una colección. La decantación de una serie de creaciones emergentes que permiten potenciar y desestabilizar la mirada y los preconceptos en torno al diseño y a la posibilidad de su desarrollo a nivel nacional.
Heavy mental. Una cultura que se pronuncia en los proyectos artísticos de Gastón Pérsico y Diego Bianchi revelando la liberación del pensamiento y su materialización.
Compilado. La disposición de una zona donde recalamos en la reserva del museo a través de más de 90 obras ingresadas desde 2009 hasta la fecha. Una acumulación que, en el contexto de la crisis, nos hace pensar en la colección como fuente de provisión y abastecimiento.

FOLLETO / TEXTO CURATORIAL / Descargar archivo PDF

La crisis como prospecto

En 2008 la crisis devino en uno de los fenómenos más significativos del nuevo milenio. Su dilatación acarreó una multiplicidad de expresiones originadas en alusión al clima dominante en el ámbito internacional, a partir de la catástrofe económica que hizo eclosión en los llamados países desarrollados.
En la Argentina, un país donde la crisis ya era tradición, la venida de esta debacle mundial terminó por acelerar la expansión y permanencia de una filosofía apropiada a las circunstancias vigentes. Podríamos catalogarla como una filosofía de supervivencia, funcional al colapso o al derrumbe de cualquier tipo de sistema.
Numerosos lemas y debates de orden político y social se instalaron definitivamente en el discurso cotidiano procurando la institucionalización de la crisis. El uso generalizado convirtió a esta noción en un significante apto para la justificación en cualquier instancia de interpretación.
En el campo de la lingüística y, fundamentalmente, en las teorías de la enunciación subyace la consideración del lenguaje como productor de la realidad. Es decir, el lenguaje configura el mundo y no meramente nombra lo que ya existe en él, por lo que la importancia de la nominación es clave. Retomamos este plano de análisis porque la enunciación de la crisis constituye una pauta central de la perspectiva con la que estamos trabajando. El desafío es abordar la crisis como texto y como escenario a partir de la construcción de un escenario posible para la crisis.
La presentación de las incorporaciones recientes en la colección de arte argentino contemporáneo del museo Castagnino+macro se torna provechosa para este despliegue, que iniciamos con algunas preguntas. A saber: ¿es posible pensar una colección de arte en el contexto actual? ¿Cómo opera el mundo del arte en este entorno supeditado al síndrome de la devaluación? ¿Cuáles son las condiciones ideológicas que subyacen en los lenguajes artísticos en la temporada de la postproducción y de la estética relacional? ¿Qué vínculos nos muestran las obras de nuestros productores contemporáneos entre las prácticas artísticas y las variables de este ciclo, bautizado por algunos especialistas como la era del Apocalipsis del capitalismo? Y por último, ¿cómo sobreviven las instituciones, los artistas y sus producciones a las políticas sociales, culturales y económicas que proponen los regímenes y las estructuras de gobierno actuales?
Admitamos, en primer lugar, que ante la inminencia de la inestabilidad la cultura advierte una salvedad. Se asume a sí misma sobre la base de interpretaciones transitorias y divergentes. Pero reconozcamos también que pese a estar lejana a las búsquedas de equilibrio y estabilidad –propias de ámbitos como la economía y la política-, sus manifestaciones se hallan infiltradas por algunos componentes de esas búsquedas. Dentro de este cuadro se entiende el pasaje de la jerarquización de las nuevas tecnologías hacia la incorporación de preceptos mediáticos y, consecuentemente, de la opinión popular en las representaciones estéticas e, inclusive, en las estrategias institucionales.
Ahora bien, sería demasiado ambicioso relatar aquí cada una de las complejidades que hacen de la cultura contemporánea un fenómeno naturalmente inestable en el marco de la inestabilidad. Si, en cambio, está en nuestras posibilidades, señalar, como entidad cultural, uno de los modos de supervivencia a las amenazas de la debacle global. En esta época, determinada por alocuciones como el terrorismo, la inseguridad, el peligro ecológico y la distorsión de ciertas lógicas de producción, sistematización y regulación, el museo se fía de su colección, de sus reservas. En este caso, bajo el supuesto de la curaduría como una ficción dirigida, sustancialmente crítica y política.
Así es que barajamos la idea de la crisis como prospecto, directamente a partir de las implicancias y del grado de significación que, hoy en día en los museos, adquieren los programas destinados a la incrementación del patrimonio. Éstos son los que se hallan subordinados a una necesidad evidente en los debates vigentes: la de cuidar y amplificar las reservas que, paradójicamente, según algunos expertos del ámbito financiero, son el reflejo y el soporte de la economía.
La mayoría de los artistas que participan en esta exposición son los que donaron obras a lo largo de 2009. La concreción de sus pagos en concepto de gastos simbólicos de producción fue la más conflictiva de todas las épocas y, en este sentido, su incorporación es pensada aquí como un núcleo alusivo de la insolvencia presupuestaria que afecta a las instituciones artísticas argentinas.
A partir de sus propuestas construimos un itinerario cuyas variantes se hallan relacionadas con distintos aspectos de los discursos generalizados sobre la crisis.
Comenzamos el relato con una incorporación de 2008, la instalación Terror, de Juan Carlos Romero. Ponderamos su carga simbólica y las derivaciones que acarrea cuando oficia simultáneamente como contraseña de las operatorias de corrupción y como expresión de pánico. Nombrar al terror, hacerlo inteligible, nos permite habilitar un espacio para la circulación de algunos guiños conceptuales arraigados en los planteos estéticos y filosóficos recientes. Con ellos montamos escenarios donde ponemos en jaque el imaginario de la renombrada inestabilidad, a través de proyectos que vivifican esta cultura de la crisis mostrando algunos de sus estadios.
Varias connotaciones surgen a partir de la construcción de esta escenificación de la crisis. Pero la que consolida realmente al circuito expositivo formulado es la que gira en torno a la noción de abastecimiento, que encarna una de las ideas cardinales de este proyecto. La colección, como todo patrimonio que sobrevive en el contexto de los juegos de desestabilización, se constituye desde el lugar de la provisión. Desde esa órbita provee al museo de una misión y de un prospecto. Ambos se hallan sujetos a las especulaciones dispuestas por el contexto.

N. R. febrero de 2010


Texto curatorial de la exposición macro incorporaciones: la crisis como prospecto, macro (Museo de Arte Contemporáneo de Rosario), 22 de abril al 22 de junio de 2010. Enlace a la muestra en este blog: click aquí.

martes, 15 de diciembre de 2009

Alberto Greco. Estudios iniciales para leer su "Vivo Dito" en Piedralaves

Alberto Greco es uno de los pioneros de la vanguardia informalista en Argentina. Con sus memorables vivo-ditos, desarrolló un lenguaje condicionado por la transgresión de normas estéticas, la jerarquía de la acción como forma y la presentación de sí mismo como referencia artística primera. Su obra se despliega entre los campos de la pintura y el arte de acciones dejando un inventario sustancial para comprender algunos de los paradigmas estéticos y críticos asumidos por el arte en el presente.
Comenzó su producción en los albores de la caída del peronismo. Un momento oportuno para la incorporación de lo nuevo al medio local y la apertura al mundo internacional, siendo ambos cometidos núcleos esenciales de la política cultural oficial.[1]
En la escena del arte argentino su obra se inscribe de una manera conflictiva. Sus propuestas lograban ser siempre una excepción para el panorama artístico porteño de fines de los 50. Como señala Luis Felipe Noé, Greco era un factor irritante.[2]
Tanto su difícil inserción como su afán de exploración y provocación constante lo condujeron a trasladarse de un sitio a otro. Buenos Aires, París, Madrid, Roma y Piedralaves fueron los principales escenarios de su proclama en función de aquella búsqueda tendiente a relacionar el arte con la vida.
En 1954, luego de estudiar un tiempo en los talleres de Cecilia Marcovich y Tomás Maldonado, Greco se instaló en París gracias a una beca otorgada por el gobierno francés. En ese contexto se interesó por el informalismo, ya consolidado como el fenómeno artístico central de la posguerra, luego de extenderse desde Francia y EEUU a polos culturales como Alemania, España, Italia y Japón.[3]
Esta estadía en el entorno parisino, adonde dicha tendencia había llegado realmente a adquirir el carácter de un movimiento moderadamente organizado, habilitó el encuentro de Greco con un planteo estético afín a sus necesidades para reformular la práctica pictórica. Allí surgieron sus primeras expresiones improvisadas, regidas por el azar bajo el signo de lo irracional y por la concepción de la pintura como actividad vital. Con relación a este concepto más adelante declararía:

"No es, como los demás creen, un atentado a la forma, al menos para mí. Esto sería ridículo. Creo en la forma de lo informe. Creo que es una posición en contra de la forma geométrica, del cálculo matemático mental, como estructura para la futura obra plástica. Nunca sentí la geometría ni las matemáticas; decididamente no las entiendo. Nunca me han emocionado. No las niego, pero creo en la otra pintura, en la pintura vital, en la pintura grito, en la pintura como una gran aventura de la que podemos salir muertos o heridos pero jamás intactos, algo así como entrar a un gran bosque sin ideas preconcebidas." [4]

En 1956, después de viajar por Italia, Austria, Londres y Arlés, Greco regresó a Buenos Aires. En la galería Antígona intentó presentar una serie de cartulinas monocromas pero no se lo permitieron, por lo que exhibió finalmente algunos guaches de su paso por París.
Viajó a Brasil, donde permaneció entre 1957 y 1958. Entre sus actividades más relevantes en ese país se destaca una exhibición individual en el Museo de Arte Moderno de San Pablo, en el que mostró una pieza elaborada con un papel manchado y recortado y algunas chatarras oxidadas. En esa instancia obtuvo el Premio Adquisición del Estado de San Pablo en pintura.
Ya con un discurso afianzado, volvió a la Argentina para concretar el sueño de formar un movimiento informalista. El contexto era propicio, habían comenzado a prosperar rápidamente los lenguajes pictóricos ligados a búsquedas experimentales, influenciados por las poéticas europeas de posguerra. Las referencias más recurrentes eran las del italiano Alberto Burri y las de los informalistas españoles, especialmente Antoni Tàpies –consagrado internacionalmente en 1958 en la Bienal de Venecia-. Por otra parte, era un período de grandes cambios en el campo de las iniciativas institucionales, tanto a nivel oficial como privado, que se manifestaba en la receptividad de los museos y las galerías hacia lo nuevo y en aquellos proyectos de fundaciones y empresas destinados a introducir formas de organización sin precedentes en Argentina.[5]
Los primeros puntapiés de este movimiento se definieron con la muestra Informalismo, realizada en la galería Pizarro en 1959, con obras de Estela Newbery, Chito Méndez Casariego, Mario Pucciarelli y Greco. Pero la instancia decisiva fue en la galería Van Riel, donde Greco, junto con Enrique Barilari, Kenneth Kemble, Olga López, Fernando Maza, Pucciarelli, Towas (Tomás Monteleone) y Luis Alberto Wells se consagraron como los exponentes del informalismo en Argentina con la exhibición Movimiento informalista. En noviembre de ese mismo año, este mismo grupo, al que se sumó el fotógrafo Jorge Roiger, hizo una exposición en las salas del Museo Eduardo Sívori, con el auspicio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Por entonces, las piezas de Greco planteaban cualidades matéricas extremas, logradas a partir de diversas intervenciones. Su propuesta se fundaba concientemente en la irreverencia y en el estropeo de las buenas costumbres y formalidades. Y si bien el azar constituía un elemento sustancial en su hacer, valoraba, en primer lugar, la posibilidad de manipular la materia a través de acciones físicas sobre la superficie logrando reacciones y variaciones inesperadas. Esta modalidad se complejizó cuando empezó a adoptar tácticas dadaístas apropiándose de soportes inusitados. En el Museo Sívori presentó un tronco de árbol quemado y dos trapos de piso estirados sobre bastidores.
Por sus características y la indudable cercanía con el informalismo europeo, que ya había caído en un manierismo, esta tendencia no gozó de legitimidad en la escena porteña de esos años. En poco tiempo pasó a ocupar el lugar de lo domesticado, de una pintura fácil para invadir las galerías y el mercado. Y, ante la estrategia que Greco había programado, basada en el ingreso en el espacio artístico a través de una provocación sistemática, terminó siendo un fracaso.
Pero el mismo Greco no iba a tardar mucho tiempo en formular la decadencia de este movimiento y su falta de radicalidad. En 1961 tapizó el centro de la ciudad de Buenos Aires con carteles cuyas leyendas decían: Greco, qué grande sos, y Greco: el pintor informalista más grande de América. Esta acción, además de rebasar el límite de la iconoclasia que las instituciones, e incluso los mismos artistas, podían admitir, también terminó poniendo en evidencia su marginación del medio. Entre 1960 y 1961 el artista fue excluido de todas las instancias de consagración propiciadas por certámenes institucionales.
Como cierre de este ciclo, en octubre de 1961 realizó su última muestra de pinturas en Buenos Aires en la galería Pizarro, a la que tituló Las monjas. Aquí puso de manifiesto su posición con respecto a la pintura, ya convertida para él mismo en una teoría sobre la vida. La desesperación que antes lo llevaba a orinar cuadros ahora lo impulsaba a exhibir su camisa sucia colgando de un marco como si fuera una monja muerta.[6] En adelante, vendría un período donde las intervenciones iban a ser, prioritariamente, sobre la realidad.

El arte vivo
En 1962, en pleno auge del grupo de la Nueva Figuración,[7] que fue celebrado por la crítica como alternativa al por entonces estereotipado informalismo, Greco decidió trasladarse a París. Allí comenzó una nueva y decisiva etapa de trabajo.
Con la emergencia de sus vivo-ditos (vivo de vivido y dito de dedo, del acto de señalar, de mostrar) inauguró un tipo de manifestación fundada en la idea de que la obra ya está hecha, sólo hay que señalarla.
En el ámbito internacional, la irrupción de estos vivo-ditos coincidió con el advenimiento de una sensibilidad promisoria para la desmaterialización de las prácticas artísticas. Históricamente han sido interpretados como un conjunto de acciones precursoras del conceptualismo latinoamericano. Basándose en los postulados de Mari Carmen Ramírez, Andrea Giunta señala:

"Desde su marginalidad y valiéndose de materiales prestados, Greco iniciaba en Europa una propuesta que no llegó a incorporarse al relato de la vanguardia europea, pero que sí fue leída desde el relato de la vanguardia latinoamericana, como un acto anticipatorio y precursor." [8]

La primera iniciativa de arte vivo de Greco se concretó con la obra Treinta ratas de la nueva generación. Tuvo lugar en el marco de la muestra colectiva Pablo Curatella Manes y 30 argentinos de la nueva generación, organizada por Germaine Derbecq en la galería Creuze de París, e inaugurada el 9 de febrero de 1962. El trabajo constaba de un recipiente de cristal con fondo negro en cuyo interior residían treinta ratas blancas a las que Greco había bautizado con los nombres de los protagonistas de la exposición.
En marzo de 1962 llevó a cabo una intervención en la exhibición Antagonismos 2, de Yves Klein, César y Arman, en el Museo de Artes Decorativas. Disfrazado de hombre sándwich, se anunció con un cartel cuya leyenda decía: Alberto Greco, obra fuera de catálogo. Durante la inauguración, le pidió prestado el bolígrafo a Klein para firmar dos obras de arte vivo: una duquesa y un mendigo. Desde entonces, comenzó a realizar sus vivo-ditos en las calles de París señalando y firmando personas, objetos, animales y situaciones con una tiza.
La impronta conceptual de estas performances se vislumbra en la primera versión del manifiesto Vivo-Dito, con el que Greco empapeló las calles de Génova en 1962:

"[…] El arte vivo es contemplación y comunicación directa. Quiere terminar con la premeditación, que significa galería y muestra. Debemos meternos en contacto directo con los elementos vivos de nuestra realidad. Movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares y situaciones. Arte Vivo, Movimiento Dito. Alberto Greco. 24 de julio de 1962. Hora 11.30." [9]

Unir definitivamente el arte con la vida. Sobre este núcleo trabajaba Greco, avalado por el bagaje de las manifestaciones de vanguardia que invadían el campo artístico en esos eufóricos años 60. Ante el requerimiento de propulsar una experiencia trascendental a los espacios y las especificidades del arte, Greco respondió con un arte vivo, basado en la noción de señalamiento. La acción de marcar una realidad –persona u objeto- como obra de arte se convirtió en el eje de su estética y en una táctica discursiva recurrente para negar explícitamente la posibilidad de la obra de arte como objeto a crear.
El vivo-dito pasó a ser entonces la piedra angular de sus producciones posteriores concretadas en Venecia, Roma, Madrid, Piedralaves, Buenos Aires, Nueva York y Barcelona.
En la Bienal de Venecia de 1962 –la misma en la que Berni obtuvo el premio de grabado-, se presentó en la inauguración liberando varios ratones vivos a los pies del entonces presidente de la República Italiana, Antonio Segni. El escándalo suscitado forzó su traslado a Roma, donde prosiguió con una campaña hecha con grafitis que decían La pintura e’finitta. Viva el Arte Vivo Dito. Greco.
En 1963, después de ser acusado de blasfemo en Roma por el polémico montaje teatral de arte vivo-dito titulado Cristo 63, se instaló en Madrid. Allí, en plena etapa del franquismo, tomó contacto con los pintores Manolo Millares, Eduardo Arroyo y Antonio Saura. Junto con éste último pintó Crucifixiones y asesinatos sobre la muerte, un cuadro de grandes dimensiones que hacía referencia al asesinato de John F. Kennedy.
Luego se instaló en Piedralaves, un pueblo ubicado en la provincia de Ávila, proclamado por el artista mismo como Capital Internacional del Grequismo. En esta localidad escribió la versión completa del manifiesto Vivo-Dito:

"El arte Vivo-Dito es la aventura de lo real, el documento urgente, el contacto directo y total con las cosas, los lugares, las gentes, creando situaciones, lo imprevisto. Es mostrar y encontrar el objeto en su propio lugar. Totalmente de acuerdo con el cine, el reportaje y la literatura como documento vivo. La realidad sin retoque ni transformación artística. Hoy en día me importa más un ser cualquiera contando su propia vida en la calle o en un tranvía, que todo relato técnico y pulido de un escritor. Por lo tanto creo en una pintura sin pintores y en una literatura sin escritores. […]
[…] Una obra tiene sentido mientras se la hace como aventura total, sin saber lo que va a suceder. Una vez concluida, ya no importa, se ha convertido en un cadáver. […]" [10]

El museo Castagnino+macro posee 20 registros de un vivo-dito realizado en Piedralaves, tomados por la fotógrafa Montserrat Santamaría a pedido de Greco. Los mismos fueron rescatados originariamente para una muestra que el Centro de Arte Moderno de Madrid hizo en 2003, dedicada a esta propuesta efímera desarrollada en el mes de julio de 1963 durante una jornada. La artista española, nacida en Barcelona, le copió todas las tomas a Greco, pero el rastro de esa serie original se perdió definitivamente.

"Veraneaba con mis niños y alguien nos presentó. Conectamos muy bien. Paseábamos, hablábamos, un día me dijo esto de que haría un Vivo-Dito con todo el pueblo. […] Se puso un sombrero, cogió un caballete, hacía un poco como el cuentacuentos antiguo. La gente estaba súper extrañada. De pronto, pasaba un señor con un burro y le colgaba un cartel: “esto es un Greco". […] La performance duró un día entero. Todo el pueblo pasó por ese rollo. Luego quisimos hacer una obra de títeres. Ahí surgió el rumor de que éramos comunistas y se terminó todo." [11]

Como recuerda Montserrat Santamaría, estos registros también revelan la acción de envolver a Piedralaves con el Gran Manifiesto Antimanifiesto Rollo Vivo-Dito, que Greco confeccionó en el marco de una puesta colectiva incluyendo a la población del lugar. Conformado por 200 metros de rollos de papel dibujados y escritos, este manifiesto objetual le sirvió al autor para bautizar el territorio elegido asignándole su sello. En los pliegos, se hallaban plasmados recuerdos de infancia, fotos, noticias del pueblo, letras de tango, notas periodísticas y anotaciones sobre arte.
Las fotos ingresaron en la colección entre 2008 y 2009. Su espíritu es, esencialmente, testimonial. Relatan, en algunos casos a modo de backstage, el rol de Greco en un proyecto interactivo, hipotéticamente de carácter relacional,[12] llevado a cabo con la ayuda de mujeres, hombres y niños de esa comunidad de España.

"Apareció con un inmenso rollo de papel en blanco, que fue extendido por todas las calles, lo fue pintando él pero también con la colaboración de los niños que se volvían locos con su presencia. [...]
[...] colaboraba todo el pueblo, desde la señora que sujeta el rollo de papel desde la ventana hasta la viejita que acaba de tender su ropa y se presta con una gran seriedad a colaborar en algo que para ella era lo más importante que le habían pedido en su vida." [13]

Las imágenes desentrañan el significado de la performance como supervivencia, como zona de resistencia, y del espacio urbano como laboratorio y plataforma de la creación efímera. Pero fundamentalmente permiten concebir el sentido utópico de las operatorias de este artista. En este plano, ofrecen referencias de la transformación de Piedralaves en una gran obra, central en el proceso de consolidación del programa de acciones que planteó Greco hasta suicidarse en Barcelona un 12 de octubre. Fue ésta, la última constancia de su arte vivo: torso descubierto, brazos en cruz y en la palma de cada una de las manos la palabra Fin escrita con tinta.


NOTAS

[1] El 23 de septiembre de 1955 un golpe de Estado terminó con la presidencia de Juan Domingo Perón. Con la autodenominada Revolución Libertadora se inició un proceso de modernización marcado por la reorganización de las instituciones en función del proyecto de renovación del arte argentino. La fundación del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en 1956 fue un hecho clave de este período, donde emergieron nuevos actores culturales, formaciones e instituciones impulsados por la utopía de un desarrollo autónomo. La meta era hacer de Buenos Aires una de las capitales culturales del mundo, por lo cual resultó necesario fomentar, desde la escena oficial, la institucionalización de nuevas experiencias y la inclusión de artistas modernos en el escenario internacional. Véase el capítulo “Proclamas y programas durante la Libertadora”, en Giunta, Andrea, Vanguardia, internacionalismo y política. Arte argentino en los años 60, Buenos Aires, Paidós, 2001, pp. 85-127.
[2] Luis Felipe Noé, “Alberto Greco: cinco años después de su muerte”, en AAVV, Escritos de vanguardia. Arte argentino de los años ’60 (edición de Inés Katzenstein), Nueva York, The Museum of Modern Art, Buenos Aires, Fundación Espigas y Fundación Proa, 2007, p. 49.
[3] Cf. “El informalismo”, en Pellegrini, Aldo, Nuevas tendencias en la pintura, Buenos Aires, Muchnik Editores, 1967, pp. 63-110.
[4] Alberto Greco, Disertación en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, Buenos Aires, 1961. Citado por Jorge López Anaya en “Alberto Greco 1931-1965”, catálogo de la exposición Alberto Greco. Obras no expuestas, Buenos Aires, Mario Brodersohn - Jacques Martínez, 6 de junio al 7 de julio de 2002, p. 3.
[5] La Fundación Torcuato Di Tella y las Industrias Kaiser tienen un papel destacado en este plano de análisis. Asimismo, los programas y actividades que entidades como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Instituto Torcuato Di Tella promovieron luego de la Revolución Libertadora.
[6] Luis Felipe Noé, “Alberto Greco: cinco años después de su muerte”, op. cit., p. 51.
[7] El grupo hizo su primera exposición en la galería Peuser, entre el 23 de agosto y el 6 de septiembre de 1961, con el título de Otra figuración. En ella participaron Rómulo Macció, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Sameer Makarius y Carolina Muchnik. En 1962 la agrupación se redujo a los cuatro primeros, que continuaron realizando actividades en conjunto hasta 1965. Para identificar sus propuestas, la crítica acuñó el término de Nueva Figuración, concebido originariamente por el crítico francés Michel Ragon en 1961.
[8] Andrea Giunta, “Argentinos en París”, en: Vanguardia, internacionalismo y política…, op. cit., p. 195.
[9] Alberto Greco, Manifesto Dito dell’ Arte Vivo, Génova, 1962, escrito originalmente en italiano. El fragmento publicado fue citado por Luis Felipe Noé en “Alberto Greco: cinco años después de su muerte”, op. cit., p. 52.
[10] Alberto Greco, Manifiesto Vivo-Dito, 1963, en: AAVV, Escritos de vanguardia. Arte argentino de los años ’60 (edición de Inés Katzenstein), op. cit., pp. 38-41.
[11] Montserrat Santamaría, en García, Fernando, “Alberto Greco: la leyenda del artista que pintaba con el dedo”, Buenos Aires, Clarín, sección Sociedad, 26 de octubre de 2006.
[12] Nos referimos a la noción de arte relacional formulada por Nicolás Bourriaud, para definir al arte que toma como horizonte teórico la esfera de las interacciones humanas y su contexto social, más que la afirmación de un espacio simbólico autónomo y privativo. Véase el capítulo “La forma relacional”, en Bourriaud, Nicolás, Estética relacional, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora, 2006, pp. 9-25.
[13] Montserrat Santamaría, en Alberto Greco. Vivo Dito en Piedralaves, cat. exp., Buenos Aires, galería Del Infinito, 12 de octubre al 15 de noviembre de 2006.


Ensayo perteneciente al archivo de catalogación de la colección del museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina. Fecha de edición: diciembre de 2009. Enlace al archivo: click aquí.
Obra de referencia: Vivo-Dito, de Alberto Greco. Serie de acciones de señalamiento registradas en 20 fotografías por la artista Montserrat Santamaría, realizadas en julio de 1963 en Piedralaves, provincia de Ávila, España.