viernes, 3 de junio de 2011

Abstracciones/ Un recorte en la colección Castagnino+macro

Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.
Inauguración: 3 de junio de 2011, sede Castagnino, planta baja, Av. Pellegrini 2202.
Curaduría: equipo curatorial Castagnino+macro conformado por María de la Paz López Carvajal, Nancy Rojas, Leandro Comba y Marcelo Villegas.
Artistas: Emilio Pettoruti - Pablo Curatella Manes - Gyula Kosice - Marcelo Bonevardi - Claudio Girola - Julio Vanzo - Enio Iommi - Lucio Fontana - Julio le Parc - Eduardo Serón - Carmelo Arden Quin - Juan Melé - Ary Brizzi - María Suardi - Raúl Lozza - Yente (Eugenia Crenovich) - Roberto Aizenberg - Pablo Siquier - Magdalena Jitrik - Fabián Burgos - Graciela Hasper - Jorge Gumier Maier - Sergio Avello - Nicolás Guagnini - Fabio Kacero - Nicolás García Uriburu - Marta Minujín - Rubén Naranjo - Oscar Herrero Miranda - Kasuya Sakai - Raquel Forner - Juan Del Prete - Gowland Moreno - Kenneth Kemble - Clorindo Testa - Esteban Lisa - Víctor Magariños - Domingo Candia - Fernando Espino - Alfredo Hlito - Claudia del Río - Guillermo Kuitca - Ernesto Ballesteros - Eduardo Stupía - Roberto Elía - León Ferrari.

Abstracciones/ Un recorte en la colección Castagnino+macro reúne a un conjunto de pinturas, dibujos, esculturas y grabados, con los que intentamos desplegar aspectos de la relación de los artistas argentinos con los principios y fundamentos del concepto de abstracción a lo largo del siglo XX y en los inicios del siglo XXI.
Asumiendo inevitables omisiones y lejos del propósito del relato historiográfico, la aspiración de esta propuesta no es otra que trabajar curatorialmente la colección del museo para revelar y descubrir correspondencias, interpretaciones, apropiaciones, reelaboraciones y derivaciones formuladas por los artistas argentinos en torno a algunas de las vanguardias y modernismos estéticos medulares en la historia del arte.

CATÁLOGO / Descargar archivo PDF

viernes, 27 de mayo de 2011

Entrevista / Portal XTRart

Entrevista realizada por Alma Ramas López –miembro de la Asociación madrileña de Críticos de Arte (AMCA) y actualmente directora de la Fundación Fondo internacional de las Artes (FiART)- para el portal español XTRart. Fecha: 26 de mayo de 2011. Enlace al sitio: click aquí.

Pareciera que actualmente la figura del curador es imprescindible para el éxito o el fracaso de un artista. ¿Comparte esta visión?

Hay que reconocer que el curador se convirtió en un agente imprescindible en los procesos de legitimación de la producción artística contemporánea. Se tomó el trabajo de desarrollar una re-estructuración de los modos de circulación de la creación artística. Y se convirtió en una alternativa a la hora de buscar parámetros de contención de los lenguajes de la actualidad posibilitando lecturas históricas y actualizadas, articuladoras y proyectuales, abriendo variados debates en torno al arte como un eslabón indispensable de la cultura.
Ahora bien, no creo que el rol adquirido por el curador, la sobrevaluación de su figura ni tampoco los efectos colaterales que esto trajo –la bienalización del arte, por ejemplo- incidan en el éxito o en el fracaso de un artista.
Pienso que el horizonte utópico de las conquistas artísticas hoy es tan amplio que las perspectivas concentradas en torno a la posibilidad del éxito en el campo del arte son sólo parte de un imaginario. Es decir, los artistas producen en un rango más extenso que el que marcan los espacios globalizados de legitimación. Esto es algo que se ve muy claramente en los lugares donde se fueron multiplicando cada vez más los núcleos de proyección de lo que paradójicamente se sitúa en el ámbito de la periferia. Justamente en estos contextos, donde la gestión aparece como factor determinante de alianzas entre productores y curadores, espacios e instituciones o entre artistas y gestores hay, en mi opinión, una mayor tendencia a anular las visiones que tengan que ver con la búsqueda del triunfo en un ámbito tan incierto como el del arte.
¿Qué estudios son necesarios y se exigen a la hora de actuar como curador?
Hay que marcar una diferencia entre las exigencias y las necesidades. En el entorno donde desarrollo la mayoría de mis proyectos, la actividad curatorial no está sujeta a la exigencia de estudios específicos.
Festejo, aunque está sucediendo principalmente en Buenos Aires, que haya crecido la necesidad de indagar sobre este fenómeno con plataformas de investigación variadas. Artistas, investigadores y directores de espacios oficiales y alternativos son los que llevan adelante este proceso de investigación colectivo, con acciones que se realizan inclusive más allá del ámbito académico.
Convengamos que históricamente la curaduría plantea una perturbación en la división del trabajo. Y en este punto, acuerdo con la idea de Cuauhtémoc Medina de que el curador representa una cierta desprofesionalización. Tiene una función que debe replantearse continuamente y que va mucho más allá del montaje de exposiciones y del cuidado de obras de arte.
Por esto es que pienso en una curaduría que además de disponer conocimientos los investigue y los ponga en cuestión. Una curaduría que integre la faceta experimental y autodidacta, pero que a la vez opere con herramientas capaces de garantizar una puesta en escena cuyo concepto y estética genere preguntas más que respuestas.
¿Formar parte del equipo curatorial de un museo significa que sus criterios deben adaptarse a la política artística institucional?
La misión de un museo es la base de una política artística, con lo cual como curadores actuamos en función del proyecto museístico que nos define.
Hay que tener en cuenta que además de trabajar con los criterios de producción discursiva del museo, formamos parte de la definición del proyecto cultural de la institución.
Hay casos donde los planteos curatoriales no sólo enriquecen sino que problematizan la política artística institucional. Y hay otras instancias donde los proyectos son absorbidos por una política institucional que termina por desprenderlos de su esencia.
Creo que una buena clave de trabajo se halla en el cruce entre una política artística institucional definida y un discurso curatorial que, en el marco de esa política, opere críticamente generando un espacio tanto para reflejar los contenidos de esa política como para abrir un debate que supere los postulados de la misma.
¿Considera que la visión de lo curadores latinoamericanos difiere de la de los del mundo occidental en cuanto a la apreciación del arte latinoamericano, o ya está superada esta diferencia?
Indudablemente esa diferencia va a existir siempre porque tenemos perspectivas distintas que dependen del contexto de formación y producción.
Creo que el arte latinoamericano sigue encarnando hoy por hoy una problemática no resuelta sujeta a un asunto de categorías. Es decir, se piensa en una categoría de arte latinoamericano aplicable a un conjunto de producciones articuladas primero geográficamente y luego conceptual y estéticamente. Y ahí radica el conflicto, promotor de múltiples hipótesis en torno a lo local y lo global.
Muchos de los curadores que ejercemos nuestras tareas en países de esta región del continente hemos recalado en la necesidad de redefinir ciertas concepciones categóricas cuestionando aquellas perspectivas negadoras de las tensiones que realmente constituyen al arte en este contexto. Venido al caso, en la última década, el Castagnino+macro decidió fortalecer el conocimiento de lo local a través de la incorporación en el patrimonio de obras de artistas representativos de distintos polos culturales de Argentina, extendiendo la mirada más allá de Buenos Aires y Rosario. Y así como ésta, hubo varias iniciativas que asumieron una política de descentralización jugando a favor de un proceso de revisión de las consignas con las que se venía discutiendo sobre el arte.
En definitiva, creo que muchas de las complejidades de nuestras producciones son invisibles para el mundo occidental. Pero no veo en esto un problema mayor, porque la existencia de distintas ópticas puede ser fructífera a la hora de establecer cruces. De hecho, los intentos de cruzar ambas realidades hoy aparecen con más frecuencia que antes, encarnados en debates y exposiciones, realizados gracias al trabajo de ciertas instituciones que convocan en forma conjunta a curadores y productores de uno y otro lado del océano.
¿Por qué cree que ahora está tan en boga el Arte Latinoamericano?
Porque lo hemos trabajado discursivamente hasta el hartazgo. Es decir, tanto artistas como curadores, historiadores, críticos y también galeristas se esforzaron por crear una plataforma discursiva para incorporar los discursos latinoamericanos en el mapa internacional. Por supuesto, esto se logró gracias a la riqueza de las creaciones que los representan, y a un proceso simultáneo de rescate de figuras y proyectos que definieron la relectura de ciertas etapas de la historia del arte a nivel internacional. Me refiero al papel que tuvieron producciones como Tucumán Arde, críticos de arte como Marta Traba o figuras medulares como Ana Mendieta, Lygia Clark, Hélio Oiticica e incluso, yendo más atrás, los muralistas mexicanos y Joaquín Torres García. Todos ellos constituyen referencias indispensables para comprender algunos de los núcleos sobre los que este ámbito desarrolla contextos culturales específicos para hacer dialogar sus prácticas y ponerlas en boga.
¿Cuál ha sido su trabajo como curador que más satisfacciones le ha dado?
Como parte del equipo curatorial del museo, las exhibiciones del ciclo macro-incorporaciones. La más reciente fue macro-incorporaciones. La crisis como prospecto(2010). Una muestra donde me fié de la crisis como fenómeno del nuevo milenio, a partir de la catástrofe económica mundial que hizo eclosión en 2008. En este caso, me sentí atraída por la idea de abordar la crisis como concepto y como escenario a partir de algunas de las incorporaciones recientes en la colección. El reto principal era poner en foco, desde el propio museo y con todo lo que eso implicaba, mis preguntas sobre los mecanismos de supervivencia que hoy asumen las instituciones y los artistas frente a contextos de gran desconcierto.
Por otra parte, los proyectos que resultaron más satisfactorios a nivel personal fueron la muestra individual de Mauro Guzmán, con la puesta en escena en 2009 del Proyecto Linda Bler. Artista poseída, y El diario personal, una exposición colectiva itinerante que desarrollé entre 2008 y 2009 con la Oficina Cultural de la Embajada de España de Buenos Aires.
En cualquier caso, el desafío que generalmente me propongo es la construcción de un espacio para ensayar conversaciones, probar estéticas, diseñar hipótesis y, por supuesto, elaborar pensamientos y ficciones a partir de un diálogo fluido con los artistas.
Por eso hoy rescato la realización de El diario personal y el trabajo con la superproducción de Mauro Guzmán, donde logré imbuirme realmente en la práctica de trabajar proyectualmente; lo que considero un legado muy valioso para precisar en la actualidad mis propios parámetros en la curaduría.
¿Qué proporción de artistas extranjeros exponen en el museo? ¿Trabajan de forma activa con España?
Si bien el fuerte del museo en los últimos diez años ha sido la puesta en escena de la producción artística argentina, tanto a partir del rescate de autores de la colección como de la incorporación de creaciones contemporáneas, hubo en la programación propuestas de artistas e instituciones extranjeros que promovieron diálogos renovadores con nuestra escena.
Se trabajó con España en varias ocasiones. Fundamentalmente, a partir de proyectos organizados con entidades dependientes de la Agencia Española de Cooperación Internacional.
Mostramos a Eugenio Ampudia en 2008, curado por Mariano Navarro. En el mismo año, albergamos la gran exposición Midi-Minuit / Mediodía-Medianoche, proveniente del Palais de Tokyo. En 2009 trajimos a Jacqueline Lacasa de Uruguay, que curó una colectiva de artistas contemporáneos de su país. Y en 2006 abrimos el museo a artistas de Chile, a partir de la propuesta Entrecruces: Biobío-Paraná, de Simonetta Rossi y Justo Pastor Mellado.
Desde la apertura del macro, también generamos algunas acciones con el Musac, que nos permitieron mostrar el trabajo de artistas de distintos países, sobre todo de España. En 2006, por ejemplo, incluimos una conferencia donde Rafael Doctor Roncero y la actual galerista Topacio Fresh presentaron videos del acervo del Musac en el macro. Y después en 2009 alojamos la muestra Huésped. Colección Musac en Rosario, que estuvo montada en nuestras dos sedes, Castagnino y macro.
¿Cuáles son los fondos más valiosos que posee el museo?
La colección cuenta con casi 4.000 piezas de origen nacional y extranjero. El conjunto de arte contemporáneo argentino es considerado el más importante del país.
En primer lugar, destacamos entre los fondos más valiosos a las obras que forman parte del legado del histórico coleccionista Juan B. Castagnino. Un repertorio en el que figuran grabados de Francisco de Goya y Lucientes, obras flamencas del siglo XVI atribuidas a Mabuse y a Gerard David y pinturas barrocas italianas y españolas como las de Juan de Valdés Leal, José de Ribera, Luca Giordano y Francesco Furini. También, gracias a otras donaciones como las de Carlos Carlés y la familia Astengo, el museo cuenta con pinturas de origen europeo de Alfred Sisley, Camille Pissarro, Charles Daubigny, Ignace Fantin Latour, Constant Troyon y Joaquín Sorolla y Bastida, entre muchos otros.
Entre los artistas representativos del arte argentino moderno y contemporáneo figuran más de mil autores con piezas que documentan períodos y tendencias relevantes de la historia y del presente. Lucio Fontana, Antonio Berni, Emilio Pettoruti, León Ferrari, el Grupo de Vanguardia de Rosario (Tucumán Arde), Alberto Greco, Marta Minujín, Federico Peralta Ramos, Gyula Kosice, Carmelo Arden Quin, Raúl Lozza, Julio Le Parc, Luis Felipe Noé, Clorindo Testa, Guillermo Kuitca y Jorge Macchi, son sólo algunos de los artistas argentinos que conforman este patrimonio en constante crecimiento.
¿Qué relaciones tienen con otros museos?
Una de las premisas del Castagnino+macro es justamente trabajar en forma conjunta con personas e instituciones externas, ya sea a través de intercambios expositivos o de formación. Esto es algo que nos favorece a la hora de reforzar los propios programas y de hacer extensiva nuestra política de producción a nivel nacional.
Por eso es que existe un vínculo activo entre el Castagnino+macro y otros museos y espacios de arte del país y del exterior, con los que continuamente promovemos proyectos, por supuesto, con mayor o menor alcance.
¿Cuál es la filosofía conceptual que persigue el museo?
Desde hace unos años, el museo se sumergió en un proceso de re-definición del arte argentino, donde se tomó como base el conjunto de discursos que hasta hace un tiempo circulaban en los libros de historia del arte de nuestro país.
Respondiendo a esto, el programa de acción está apoyado en la conjunción de una investigación destinada a revisar los argumentos constituyentes del arte en Argentina y una producción determinada por la búsqueda de nuevos lenguajes, donde se intenta reparar en faltantes localizadas en el patrimonio.
Tomando como parámetro la necesidad de crear escena, el museo hoy entiende a su colección como un cimiento para la elaboración de su filosofía. Y la usa implementando una política de descentralización que se circunscribe a toda una tradición de debates activos dentro del complejo y versátil campo de la cultura.

jueves, 24 de marzo de 2011

Clínicas Underground / Un proyecto de Studio Brócoli

Clínicas Underground es un proyecto de Studio Brócoli creado para explorar, pensar y reformular aquellas zonas subterráneas de las prácticas artísticas contemporáneas, a partir de producciones personales o colectivas.
El programa se basa en el desarrollo de encuentros de formación, intercambio y discusión, a realizarse en torno a las propuestas de quienes deseen revisar el abordaje de sus discursos con amplitud de perspectivas.
En el primer lanzamiento del programa se abren las siguientes convocatorias:

Destinada a creadores audiovisuales, performers y autores de proyectos multidisciplinarios. A cargo de Mauro Guzmán y Nancy Rojas. Se halla abierta la inscripción. Comienza el lunes 2 de mayo.
Taller de pintura "El Hurón Rojo". Dirigido a estudiantes y aficionados decididos a emprender una experiencia de taller a partir de un proyecto personal basado en la pintura como práctica. A cargo de Sebastián Pinciroli. Inscripciones abiertas durante todo el año.
Clínica de transformismo. Una propuesta para creadores de cualquier especificidad interesados por incorporar en sus proyectos un proceso de investigación y búsqueda sobre el transformismo como táctica de producción. A cargo de Silvia Sánchez Bengoechea y Mauro Guzmán. Se halla abierta la inscripción. Comienza el miércoles 4 de mayo.
Para artistas que necesiten desarrollar instancias de análisis y revisión de sus producciones en forma individual. Inscripciones abiertas durante todo el año.

En el futuro, incorporaremos encuentros destinados a críticos y periodistas del campo del arte, a disc-jockeys emergentes, a realizadores del ámbito del teatro y a investigadores enfocados en el cine experimental. Asimismo, se ofrecerán Clases de Historia del arte para viajeros que planeen visitar museos de Europa.

Consultas por mail: studiobrocoli@gmail.com
Descargar el programa completo en PDF: click aquí
La información ampliada sobre cada clínica se encuentra tanto en el documento PDF como en el blog del proyecto: www.clinicasunderground.blogspot.com.

martes, 21 de diciembre de 2010

Estatutos del milenio vigente

El papel de Rosario en la decantación de la situación cultural de la Argentina contemporánea.

La ubicación de Rosario ha resultado estratégica para definir su estatus de polo cultural de referencia en la visualización de aquellos procesos y dinámicas de creación que caracterizan los desarrollos del arte argentino a lo largo del siglo XX.
Esta circunstancia hoy puede ser reconsiderada partiendo de un ciclo decisivo, registrado en el inicio de este siglo. Una instancia que puso en foco la reactivación de programas y discursos, los cuales pasaron a cumplir un papel esencial en las articulaciones dadas por la emergencia y la propagación de los lenguajes contemporáneos.
El espíritu del nuevo milenio impulsó la radicación de una figura clave hasta el presente: el proyecto de gestión, propiciado tanto por artistas como por instituciones. Anclados en distintas áreas de trabajo, los agentes de este prototipo asumieron la etapa del ocaso de la globalización planteando otros núcleos de proyección de la producción local. Inevitablemente, se inclinaron por mostrar aquellas problemáticas derivadas de las carencias del contexto. Aparecían, entre otras, la escasez de lugares encargados de promover las expresiones e inquietudes de los creadores de la ciudad, y la evaporación progresiva del mercado del arte.
Al pronunciarse este panorama, la escena dejó aflorar una cualidad determinante para la redefinición de su lógica: la relación de reciprocidad entre lo alternativo y lo oficial.
En 2005, junto con Beatriz Vignoli,1 señalábamos los vínculos de cooperación mutua entre los llamados espacios alternativos, surgidos después de la crisis social, económica e institucional de fines de 2001, y un ámbito oficial favorable al arte contemporáneo.
Desde entonces, establecimientos como el Museo Castagnino+macro, el Centro Cultural Parque de España, el Centro de Expresiones Contemporáneas y el Centro Cultural Lavardén, entre otros, incluyen en sus planes a una seguidilla de proyectos surgidos en forma independiente.
Esta confluencia entre lo alternativo y lo oficial fortaleció la discusión sobre los mecanismos de difusión y circulación del arte. Su presencia dilatada afirma una hipótesis ya registrada a mediados de la década que nos precede: la alteridad apuntala el poder convocador de las instituciones.
Pero este modelo asociativo se halla atravesado por un factor exclusivo. El rango adquirido por lo emergente, que ha estimulado a algunas de las disputas vigentes. Si hasta los sesenta la vanguardia combatía lo establecido, desde hace unos años, lo otro se presenta como relato emergente que sale al encuentro de la institución, donde espera ser incluido.
Ésta parece ser una fórmula estable de la coyuntura que define al arte de Rosario en los años recientes.

La gestión como normativa
Si la concreción de una escena, basándonos en los postulados de Justo Pastor Mellado, tiene como premisa el triángulo institucional formado por la musealidad, la enseñanza y la crítica,2 las flaquezas que declara esta ciudad en las dos últimas áreas permiten tantear otra hipótesis. La existencia del museo y la consolidación de la musealidad no sólo fortalecen sino que constituyen sistemáticamente a la escena de Rosario.
En este plano el Museo Castagnino+macro cumple un rol jerárquico. A través de sus acciones, Rosario se convirtió en uno de los principales centros de contención de ideas y propuestas de posible inserción en los debates instalados en el país y en Latinoamérica.
Ante la necesidad de problematizar la concepción generalizada de arte argentino, bajo la dirección de Fernando Farina, esta entidad formuló una política de adquisiciones destinada a la formación de una colección de arte argentino contemporáneo (2003), planteada a partir de donaciones de los artistas. Este hecho, que derivó en el nacimiento del macro en noviembre de 2004, terminó por concretar uno de los casos más radicales de institucionalización de las artes contemporáneas en el país.
Al día de hoy, el Castagnino+macro juega un papel notorio con relación a los niveles de visibilidad del movimiento local. Aunque el mayor grado de relevancia alcanzado pasa por su colaboración en el proceso de exteriorización de las escenas que componen el mapa argentino. En este sentido, parece haberse auto-atribuido algunos deberes de las instituciones degastadas a nivel nacional, para fundar un paradigma de referencia en la tendencia hacia la descentralización.
Pero esta condición expansiva del museo no hubiera prosperado sin la perspectiva crítica que ha enrolado, desde el comienzo de 2000, a los proyectos auto-gestionados. Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, éstos se posicionaron reflexivamente con respecto a las dificultades que este medio pone evidencia. La inexistencia de entidades dedicadas a la comercialización de la obra contemporánea y, por otro lado, la escasez de experiencias de formación, discusión y diálogo forman parte de las preocupaciones que irradia esta época.
Desde este lugar, la crisis de 2001 puede ser leída como un fenómeno que la generación naciente ha tenido que procesar obligatoriamente. La manifestación de una nueva sensibilidad incitó a que, a lo largo de estos años, una suma importante de autores se aglutinaran formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, que fueran partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, los creadores de este milenio debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Cintia Link es uno de los colectivos que nos permite arribar a este planteo, tanto por la fecha en que fue concebido como por la lista de actores implicados. Se trata de una propuesta de formación, producción, intercambio y gestión surgida en 2001, que llegó a concretar sólo unas pocas acciones, pero que influenció a algunas de las tentativas grupales aparecidas a posteriori.
Cintia Link partía de una metodología de trabajo proveniente de la actividad agrícola-ganadera: el Proyecto CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola). Una asociación civil sin fines de lucro fundada en 1960, que sirvió de estímulo para la organización de este clan, constituido por autores de distintas generaciones y con concepciones estéticas diversas: Eladia Acevedo, Leo Battistelli, Graciela Carnevale, Luján Castellani, Hugo Cava, Leandro Comba, Claudia del Río, Celina Fuster, Marina Gryciuk, Mauro Guzmán, Fabiana Ímola, Andrea Ostera, Norma Rojas y Román Vitali.
El boceto general de Cintia Link3 anuncia la realización de programas de formación y creación, publicaciones teóricas e intervenciones en la ciudad y en el mundo virtual. En cuanto a gestión, prevé la ejecución de un plan de divulgación de la forma de operar ideada, para impulsar la conformación de otros grupos paralelos. También contempla la fomentación de instancias de intercambio con artistas, agrupaciones e instituciones.
Según se advierte en este mismo documento, a futuro, Cintia Link iba a contar con un espacio físico propio, de manera de lograr la expansión e interacción con la ciudad, e integrarse en el plan urbano-cultural que, por entonces, se estaba gestando en la zona de Pichincha. Este paraje iba a alojar a artistas en residencia e iba a ser sede para la recepción de iniciativas, sobre todo, de las que fueran de naturaleza colectiva.
En el contexto controvertido de la crisis y desde una ciudad que, en ese momento, se asumía como periférica, Cintia Link aspiraba a establecer un puente entre creadores, instituciones, empresas y ciudadanía.4
La quimérica propuesta, que cuenta con un descendiente indirecto –El Levante-5 siendo su antecedente más cercano el grupo Rozarte (1989-1997), pivota sobre una noción de la práctica artística basada en el canje de experiencias, el trabajo en equipo y la confección de una estructura para la implementación de un modo de gestión artística programada en y para el territorio recortado de Rosario.
Dadas estas consideraciones, Cintia Link nos permite remontar todos los aspectos de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social que trabaja con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
El proyecto, formulado por autores que hoy siguen produciendo individualmente, caducó antes de extender su circulación. Sin embargo, su diagrama prescribe un cambio en la figura del agente cultural que se desempeña en este entorno.
A tono con la consagración del arte relacional, aquel que desde la perspectiva de Nicolas Bourriaud toma como horizonte teórico a la esfera de las interacciones humanas y su contexto social,6 esta asociación revela las mismas inquietudes hoy expresadas por el valioso plantel de iniciativas sujetas al prototipo de la gestión artística.

El fin de la condición periférica
Legendariamente, en la producción rosarina subyace una tensión entre los lenguajes del arte internacional y argentino y la historia local.
Esta realidad hoy se ajusta a una experiencia del arte contemporáneo asumida a partir de la gestión como normativa, y con respecto a una necesidad capital: la de la proyección hacia afuera.
Lejos de aggiornarse a la vieja situación periférica, hoy en día, los autores rosarinos prosperan en un circuito más amplio que el de su propia ciudad.
Rosario como locación les ha propiciado una consagración demorada, pero en muchos casos heroica. A expensas de la inexistencia de un mercado y en un campo reticente a la circunstancia de la moda efímera, los artistas de las generaciones recientes elaboran otro tipo de estrategias para posicionar sus obras, resultando sus discursos a veces solitarios pero marcadamente consistentes.
Un aspecto a destacar es la creciente ambición por abarcar distintas esferas de la creación. El diseño, el cine, la moda, la poesía y la música, entre otros, son géneros constitutivos de las alianzas perceptibles en la trama actual de la portada artística. Pero no sólo los artistas, sino también el resto de los agentes de esta escena vivifican la coronación globalizada del arte relacional.
No obstante, además de deteriorarse la unilateralidad del sentido estético, los límites entre lo público y lo privado, entre lo histórico y lo emergente y entre lo instituido y lo marginado han quedado obturados. Los creadores-gestores de este tiempo, más que dueños de sus propias prácticas, son consumidores inquilinos7 de la cultura contemporánea, aventurados por transitar varias de sus veredas para habitarla.


NOTAS

[1] Vignoli, Beatriz y Nancy Rojas, Control + Alt.: El nuevo mapa del arte en Rosario, Rosario, La Capital, Suplemento Señales, 30 de octubre de 2005.
[2] Mellado, Justo Pastor, “Historias locales, archivos, musealidad”, Huellas, año 3, núm. 3, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Ediciones del Taller, 2003, p. 51.
[3] Proyecto “Cintia Link”, fotocopia de original mecanografiado, 8 páginas, Rosario, 2001. Archivo Mauro Guzmán.
[4] Proyecto “Cintia Link”, op. cit., p. 1.
[5] El Levante es un proyecto que entre 2003 y 2008 adquirió visibilidad a través de un taller de análisis y confrontación de obra, un espacio de muestras y debates y un programa de residencias e intercambios para artistas. Hoy en día, opera solamente como un ámbito de reflexión y discusión, que se afirma en el intento de producir formas de autonomía y resistencia cultural desde el campo del arte. Sus mentores fueron Mauro Machado y Graciela Carnevale. Actualmente lo coordinan ambos junto con Lorena Cardona y Luján Castellani.
[6] Bourriaud, Nicolas, “La obra de arte como intersticio social”, en: Estética relacional, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2006, p. 13.
[7] Certau, Michel de, “Leer, conversar, habitar, cocinar…”, en: La invención de lo cotidiano 1. Artes de hacer, México, Universidad Iberoamericana, 2007, pp. 51-53.

Publicado en: AA.VV., Poéticas contemporáneas: itinerarios en las artes visuales en la Argentina de los 90 al 2010, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2010, pp. 47-49.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Eco-sistema Oroño

Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.
Inauguración: 18 de diciembre de 2010, sede Castagnino, planta baja, Av. Pellegrini 2202.
Curaduría: Roberto Echen + equipo curatorial Castagnino+macro (Constituido por: Nancy Rojas, María de la Paz López Carvajal, Marcelo Villegas, Leandro Comba y dirigido por Roberto Echen.) + estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes U. N. R. (coordinados por Adriana Corro).

Eco-sistema Oroño es, por un lado, la muestra anual de la colección Castagnino+macro, por otro, la propuesta que anticipa el programa 2011 del museo que la alberga: macro-ecología. 
La puesta en escena invita a pensar la sede Castagnino como el otro polo del sistema que define a esta institución: el sistema maquínico Castagnino+macro. En esta dirección, el corredor Oroño opera como plataforma metafórica para plantear un puente de vinculación entre ambos establecimientos.
El guión que propone Roberto Echen para el diseño de la exhibición tiene la siguiente configuración:
Primer núcleo: Presenta el conjunto correspondiente a la donación Astengo desplegado bajo la curaduría de María de la Paz López Carvajal, quien se halla a cargo de la investigación de dicho cuerpo de obra. Artistas: Ernest Hébert, Pasquale Celommi, Charles Daubigny, Gustav Herting, Willem Roelofs, Joaquín Sorolla y Bastida, Camille Pissarro, Salvador Sánchez Barbudo, Narcisse Virgile Díaz de la Peña, Eugène Isabey, Ignace Fantin Latour.
Segundo núcleo: Se conforma con una propuesta de Nancy Rojas de vincular artistas contemporáneos con históricos de la colección, mediante la invitación a los primeros a elegir a uno del segundo grupo con quien formar dúo. Artistas: Estanislao Florido - Fernando Fader, Claudia del Río - Antonio Berni, Roxana Ramos - José de Ribera, Adriana Bustos - Liliana Maresca, Santiago Porter - Roberto Aizenberg, Andrés Sobrino - Raúl Lozza, Luciana Lamothe - Lucio Fontana, Raúl Flores - Lucio Fontana, Javier Carricajo - Francisco de Goya y Lucientes, Ramón Teves - Alfredo Guido, Cynthia Kampelmacher - Martín Malharro, Carlos Herrera - Nicasio Fernández Mar.
Tercer núcleo: Se define con la curaduría de estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes, quienes trabajaron a partir de un disparador: la línea de horizonte. Artistas: Marcelo Pombo, Marie Orensanz, Walter de Navazio, Alfredo Guido, José Malanca, Ramón Silva, Jorge Luis Acha, Hernán Marina, Marina De Caro, Paola Vega, Carlos Herrera, Roberto Echen, Eduardo Serón, Juan Martín Juares, Clorindo Testa, Mónica Van Asperen, Martín Kovensky, Yamandú Rodríguez, Ananké Asseff, Kasuya Sakai, Eduardo Stupía, Martín Malharro, Américo Castilla, Augusto Schiavoni, Matías Duville, Arturo Aguiar.
Cuarto núcleo: Constituido por la sala Juan B., que continuará sin modificaciones de la exposición anterior Sobre gustos... A su derecha se suma una pieza paradigmática de la colección de arte argentino contemporáneo: Jaula con aves, de León Ferrari. Artistas: Gerard Van Soest, Jan Gossaert (o Gossart) llamado Mabuse (atribución), Juan de Valdés Leal, Luca Giordano, Anónimo (Escuela italiana, siglo XVIII), Gerard David (atribución), Anónimo (Escuela italiana siglo XVI), Francisco de Goya y Lucientes (atribución), Marteen Van Heemskerck, León Ferrari.

TEXTOS DE LA MUESTRA / Descargar archivo PDF

Datos de la obra reproducida: Lucio Fontana, Concepto espacial, 1951, óleo sobre tela, 50 x 80 cm, colección Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.

Crédito fotográfico: Norberto Puzzolo, Archivo Museo Castagnino+macro, Rosario, Argentina.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Acerca de Crudo, una obra de Mauro Guzmán

Crudo: fabricar un terreno para ensayar lenguajes en el marco de un discurso artístico de aspectos empíricos pero profundamente críticos y políticos.
Crudo: o la derivación de un proceso definido por la ambigüedad icónica y conceptual, la puesta experimental y el riesgo a la hora de concebir un film como obra.
Crudo: una interpretación personal de prototipos visuales que ponen en jaque mecanismos de una cierta autorreferencialidad.
En esta ocasión, Crudo y el idilio de Guzmán por Leonardo Favio, por sus imágenes camp, por el brillo saturado y la impostura a la que los actores han sido sometidos. También el factor escenográfico. En este plano, Favio y el paisaje, Favio y el relato, Favio y lo natural, y lo artificial, Favio y la exploración del lenguaje. Y con la misma lógica, Guzmán y la exploración del lenguaje de Favio. Guzmán y un estudio a través del cual lee su propia obra, en este caso, teniendo como base los materiales del rodaje de Nazareno Cruz y el arte.
…el trayecto desde la poética del recurso a la noción del recurso mismo como discurso. Allí es donde se halla la clave procesual de este proyecto.
…el empleo del residuo. La cocina de la puesta en escena y de sus coordenadas. Y finalmente, pulir la totalidad para obtener el cómo de la construcción del enunciado. Pues los restos también hacen a la forma y el contenido. Lugares donde se concreta la esperanza de la materia que quedó fuera de la película.
Crudo: el cuerpo y la apropiación de su contexto… en crudo. Espacio para despuntar tanto el desenfado de lo escenográfico como una visión autoral del amor, de los modos posibles de la acción y de sus fisuras.
De Favio a Guzmán, de Linda Bler a Griselda y así sucesivamente. El autor, su fábula y sus poluciones artísticas.
Crudo: cámara y acción. Convertir un estudio de filmación en un laboratorio para la investigación, para una búsqueda ensayística. El cine y el arte en su máximo grado de putrefacción, a tal punto que la ficción se extingue. Puesto que Crudo también es el absurdo de anular la edición tras otorgarle protagonismo al sobrante y tejer una trama visual y poco narrativa, solamente con piezas de lo que devino en resto.
Crudo: estética de lo residual en un desarrollo que admite el impacto de la referencia. De Favio a Jeff Koons y de este a Andy Warhol. Y por ende, traer a colación la situación de una filmación rodada en una Factory que conceptualmente es una ficción y que se llama Studio Brócoli.
En Crudo, el camino elevado desde el deseo del film terminado a la apertura de un margen para la exhibición del error.
En Crudo, el ocaso de la pantalla grande en favor de un rastreo más bien intimista. Y así, el permiso para penetrar en algo que el propio autor no había previsto mostrar. Esas capas de la producción que constituyen el abismo de aquello que aún está por entrar en otra fase. Es decir, la materia fílmica a la intemperie, limpia de edición y fiel a una realidad. La realidad de Guzmán como artista, como director y cameraman, como Linda Bler y como otras tantas identidades; la realidad de sus actores, la de la puesta en escena y, en este sentido, la de las instalaciones que construyó como escenario.

El proyecto Crudo fue exhibido en Ribuar Espacio de Arte, Rosario, Pasaje Pam, del 26 de junio al 26 de agosto de 2008.

Texto publicado en: revista Arta, núm. 4, Buenos Aires, 2010, p. 16. Enlace al sitio web de la revista: click aquí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La gestión artística: una normativa

En el campo del arte argentino, la crisis de 2001 puede ser leída como uno de los principales focos de irradiación de una sensibilidad cultural vinculada con el prototipo de la gestión artística.
Con la marca ineludible de experiencias como Tucumán Arde, varios de los autores de la generación que proliferó en el nuevo milenio se aglutinaron formando un espacio de construcción colectiva o, en su defecto, comenzaron a ser partícipes de plataformas de reestructuración existentes, tanto de orden público como privado. Sujetos al síndrome de la devaluación, estos creadores debieron ajustar sus prácticas inventando arquetipos de productividad cultural, intercambio y asociación, en muchos casos, determinantes para la reformulación de sus discursos personales.
Desarrollados, en su gran mayoría, por artistas, los espacios independientes de este siglo surgieron para imponer una perspectiva crítica con respecto a las dificultades que el ámbito artístico argentino venía poniendo en evidencia. Las falencias relacionadas con la posibilidad de comercialización de la obra contemporánea, así como también la necesidad de experiencias de formación, discusión y diálogo perfilaron la condición expansiva de lo que podríamos llamar una cultura de la gestión. Un modelo social destinado a trabajar con relaciones corporativas entre sujeto y utopía, manipulado en función de acciones artísticas pensadas y dirigidas.
Es así como en el entorno del arte contemporáneo, los denominados otros espacios han llegado a cumplir un rol distinguido. Con otras claves y con características que dependen del contexto en donde se han desarrollado, éstos ingresan en los debates actuales propiciando un cambio en la figura del creador.

Publicado en: AA.VV., 6SAR/10. Cabildo Abierto del Arte, Sección "Ponencias: Otros espacios", Rosario, Ediciones Castagnino+macro, 2010, p. 27. Descargar publicación completa: click aquí.